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Espérame
Entrada de blog en MundoPoesía — poesía, reflexiones y prosa libre de nuestra comunidad literaria.
Te esperé con la piel abierta,
con la noche desbordando su fiebre en mi pecho,
con la boca prendida en el deseo
y los dedos dibujando tu sombra sobre mi cuerpo.
Te esperé, desnudo de prisa,
con la luna arañándome la espalda,
con la respiración entrecortada
y la piel gritando tu ausencia
como un amante abandonado en medio del incendio.
Te esperé con las sábanas húmedas de espera,
con el pulso latiendo en cada rincón
que solo tú sabes recorrer
como un viento feroz y hambriento.
Te esperé hasta que la madrugada
se hizo un animal dormido sobre mi vientre,
hasta que el deseo se hizo herida,
hasta que mi nombre sonó extraño en mis labios.
Y no llegaste.
Solo quedó el eco de tu ausencia
abrazando la carne que fue tuya,
susurrándome al oído
que hay pieles que arden solas
y amores que nunca llegan.
Si llegas ahora, el tiempo se disolverá en un suspiro,
cada instante será un verso que se entrelaza entre nuestros cuerpos.
Te tomaré en mis brazos y cada pedazo de tu piel será un paisaje,
un territorio inexplorado donde deseo dejar mis huellas.
Tus ojos brillarán como estrellas perdidas en la penumbra,
y yo seré el viajero que se pierde en su luz,
desdibujando las fronteras del mundo exterior
con cada roce suave que dibuje el aire entre nosotros.
Las palabras se evaporarán, quedará solo el lenguaje de la piel:
cada caricia será una declaración de amor,
cada beso un pacto secreto bajo la luna,
mientras nuestras almas danzan al compás del deseo.
Y si el ruido del día intenta interrumpirnos,
daremos rienda suelta a nuestra locura;
te haré el amor con la intensidad de mil amaneceres,
en cada susurro y en cada latido compartido.
El universo podrá esperar mientras nos encontramos en este instante eterno,
donde solo existimos tú y yo, desnudando no solo los cuerpos, sino también los sueños.
En cada segundo que pasa, mi alma te espera,
como el mar espera la lluvia, con anhelo sincero.
En la quietud de mi ser, tu nombre suena,
y en cada latido, un verso para ti se enciende.
Sé que el tiempo vuela, y los días se escapan,
pero mi amor por ti, como el fuego, arde.
En la distancia, mi corazón te acompaña,
y en cada sueño, nuestros destinos se entrelazan.
Te esperé con la piel abierta,
con la noche desbordando su fiebre en mi pecho,
con la boca prendida en el deseo
y los dedos dibujando tu sombra sobre mi cuerpo.
Te esperé, desnudo de prisa,
con la luna arañándome la espalda,
con la respiración entrecortada
y la piel gritando tu ausencia
como un amante abandonado en medio del incendio.
Te esperé con las sábanas húmedas de espera,
con el pulso latiendo en cada rincón
que solo tú sabes recorrer
como un viento feroz y hambriento.
Te esperé hasta que la madrugada
se hizo un animal dormido sobre mi vientre,
hasta que el deseo se hizo herida,
hasta que mi nombre sonó extraño en mis labios.
Y no llegaste.
Solo quedó el eco de tu ausencia
abrazando la carne que fue tuya,
susurrándome al oído
que hay pieles que arden solas
y amores que nunca llegan.