Encenderé una fogata
con las últimas ramitas de tu risa,
y con tus más preciados besos
atizaré las llamas.
Atraparé el sol a bocanadas
para acortar la distancia
entre tu engaño y mis sueños.
Guardaré tus promesas vanas
en el eco de tu voz de terciopelo.
Sacudiré la piel de las añoranzas,
abrazaré sus cicatrices desde adentro.
Habitaré los recovecos
de mi garganta acallada.
Rescataré todos los puentes
antes de que los derribe tu silencio.
Le confiaré, a la arrebolada aurora,
el más abrasador de mis secretos.
Entenderé, de una vez por todas,
la eternidad de los instantes
sin tu regreso.
Me devolveré a mí
en la próxima esquina,
en lo rojizo de un ocaso,
en algún intrincado sendero...