Ese encuentro inesperado
que tantas veces soñé,
se ha perdido en el recuerdo,
no sé dónde lo dejé.
Tal vez dormía en la orilla
en algún lejano ayer,
o se vistió de un silencio
que no supe comprender.
Lo busqué por los caminos
que tantas veces andé,
preguntando a las estrellas
si alguna lo pudo ver.
Mas ninguna dio respuesta,
solo la noche escuché;
el viento movió las ramas
como diciendo: «No fue».
Entonces miré hacia dentro,
donde nunca antes miré,
y note que aquel encuentro
siempre habitaba en mi ser.
No era un rostro ni una fecha,
ni una promesa de ayer;
era el instante presente
que me olvidé por volver.
Desde entonces ya no busco
lo que el tiempo se llevó;
cada ahora me regala
el milagro de ser yo.