Hay un nombre que se aleja
como un pájaro en el viento;
quiere quedarse en los labios,
pero no encuentra el momento.
Se asoma desde la niebla,
se esconde tras la mirada;
lo persigue la memoria,
mas regresa hacia la nada.
No es olvido de la vida
ni abandono del cariño;
es un sendero perdido
que antes llevaba al destino.
Duele mirar unos ojos
que preguntan en silencio,
buscando entre los recuerdos
la llave del nombre ausente.
Pero el amor permanece
cuando la voz ya no alcanza;
una caricia pronuncia
lo que la lengua no habla.
Porque el alma reconoce
mucho más que las palabras;
hay nombres que no se dicen
y, sin embargo, no acaban.
Si un día olvido el tuyo
no me niegues tu sonrisa;
abrázame como siempre,
que el corazón memoriza.