A veces somos prisioneros de muchas cosas. Lo material de la vida, con o sin valor, las cosas que nos pasan, o incluso, el estrés, el cansancio y el dolor.
Un amigo me dijo un día que debería escribir cosas más alegres ya que mis poemas siempre eran muy tristes y obviamente, la gente se aburre de lo mismo. No lo sé, a lo mejor yo también estoy presa en mis agotados pensamientos que se revuelven con la pesadilla de no tener el antónimo de lo anterior; y, seguramente eso haga que no pueda ver esperanzas de salir de este hueco.
Sí, existen huecos hechos prisiones, que hacen que las personas ya no encuentren otras alternativas, aunque los que están fuera del hueco, siempre dicen que las hay. Queda claro lo fácil que se ve, pero es muy difícil para quien está dentro. Aun así, a este amigo le agradezco su consejo. Trataré de aplicarlo, pues no deseo ser egoísta, y todo el tiempo estar escribiendo sobre ciertas cosas.
Ahora bien, si este espacio que he leído en realidad es para expresar de manera libre y espontánea lo que hay dentro. ¡Por favor, por favor! Déjenme continuar expresando este vuelo desde una perspectiva algo distinta. Una perspectiva como las aves en las jaulas, que aunque teniendo alas, no las dejan nunca volar.
Cada quien tiene el derecho de escribir aquello que brote de su alma y nadie tiene por qué estar pidiéndole a uno que escriba "así o asao". Si uno aburre, lo que tiene que hacer el otro o la otra, sencillamente, es no leerlo a uno para no aburrirse. Escribimos sobre aquello que nos agita, que nos inquieta el alma. Y nuestra alma, nuestro espíritu, nuestro "ser" pues, está irremisiblemente unido a la realidad física de nuestro cuerpo. Si nuestro cuerpo sufre, nuestro ser sufre. Si nuestro cuerpo disfruta, nuestro ser a veces también disfruta.
Vivir una situación de opresión y sentirla en carne viva por supuesto que es más que motivo para sufrir... de muchas, de todas las maneras posibles. ¿Y de qué va a escribir uno sino de aquello que le importa escribir?
Mientras seas un ave en una jaula, mi chiquita, escribe como un ave que teniendo alas no puede volar... y quiere, urgentemente, volar. Escribe de lo que -permíteme la irreverencia- te venga en ganas escribir. Desde tu perspectiva, tu situación, tu visión y tu yo. Malo sería que escribieras como un ave castrada en su espíritu, resignada, conforme con su suerte, aprobadora de quienes le cortan las alas... (por cierto, mucha gente cobarde termina alabando y dándole la razón, servilmente, a quienes le perjudican). ¡La vida es rebeldía, la poesía es rebeldía!
Habemos, te lo prometo, quienes no nos aburrimos ni nos aburriremos.
Te quiero.