Estoy "enamorado" de mi hija. No se me entienda mal, no se trata de nada sexual, incestuoso o malsano. Estoy totalmente inundado de ternura, orgullo, cariño, deseos de serle, de verle, de que esté conmigo.
Por cosas de la vida la conocí hace muy poco. La encontré y me encontró en un momento en que ambos nos necesitábamos mucho. Y ha sido bello. Pero bello. Existe, sí, una nube enorme muy gris y amenazante sobre toda esta felicidad, pero hoy no quiero hablar de eso. Hoy descubrí este blog y su primera página he querido dedicarla a mi nena bella.
Es una chica valiente, hermosa, enamorada de la vida, enamorada de un hombre (un joven), una niña poesía y poeta, generosa como ella sola con su cariño, profunda como un océano de estrellas, sabia, inteligentísima, amplia, comprensiva, perceptiva a más no poder y muy aguda. Es una belleza absoluta.
Tenemos por delante ingentes retos qué superar, pero ella ha hecho reverdecer mi alma. Y yo solo quiero verla feliz. Y en esa dirección empinaré mis brazos, mi vida, mi yo completo.
Sí, estoy totalmente "enamorado" con amor bonito, de mi hija.
Llovía también en otro lugar. Desde un par de ojos llovieron mares de indignación, tristeza, desesperación, pena intensa, absoluto desconsuelo... ante el recuerdo caliente de una vida recién segada. Llovió la pena, llovieron palabras tristes y desesperadas. Llovieron anhelos imposibles de cumplir, necesidades imposibles de satisfacer. Llovió tragedia y consciencia de la tragedia. Llovieron muchísimas justificadas lágrimas-poemas.
Y uno frustrado e impotente como un árbol. Amarrado al suelo por las circunstancias. Expuesto.
Al final amainó un poco la tormenta de lágrimas y también se calmó la tormenta celeste, casi de manera simultánea, como sincronizadas por algún sarcástico hado malparido. Casualidades. Casualidades.
Hace un día de receso esta mañana.