Hoy la tarde agoniza
con la sangre púrpura
intentando saciar
la sed del desierto de nuestras heridas,
junto a las marejadas de memorias perdidas,
del éxodo de las joviales golondrinas,
y en el silencio del mar
nuestros sueños naufragando
sin tener a la vista las escolleras
ni las barcazas que los rescatan
para llevarlos a las paradisíacas islas.
Hoy la tarde
es un símbolo mártir
de desvanecidas albas,
y los futuros cantos de nanas
no son más que estrellas desdichadas
en la lumbrera de una cuna vacía.
Hoy la tarde agoniza
con la ausencia
de las cigüeñas
y su maduro fruto de pureza.
Es que…
hoy la tarde
sufre la infinita pena
por no traernos la ofrenda
de las hadas madrinas
y su celestial hechizo de angelote.