Abre tus manos,
toca la tierra que desnudas lleva
sus entrañas y el sueño niño
—pegado a sus raíces—
como un violín
con llantos nuevos
mientras el limo viejo
—húmedo, moribundo— queda asido
a las sandalias rotas del otoño.
Entonces, ponle luz
a la calleja solitaria
y la casona vieja
abrirá nuevamente sus ventanas.
abril 3, 2015