En el inmenso mar de tu mirada
una tarde lluviosa en que de prisa
al pasar frente a ti, dejé plasmada
en esbozo, una mágica sonrisa.
Tu cabello agitado por la brisa
tus hombros suavemente acariciaba,
la lluvia por tu faz de desizaba
descendiendo muy trémula e indecisa.
entonces me acerqué a darte mi abrigo
escuchando tu voz como un murmullo,
no deseo vivir, si no es contigo.
Como trémula rosa en el capullo
que alguien corta para llevar consigo:
así nació este amor, al dulce arrullo
(?Creo que hay algún error de tecleo en los dos primeros cuartetos.)
Lo he disfrutado.
Un abrazo
Alfonso Espinosa