Retornaste a mi vida en el momento
que mi alma se econtraba mal herida,
entre tus brazos encontré guarida:
llegué a hacer de tu pecho mi aposento.
Mi vida entera, te entregué al momento
perdí la noción de tiempo y de espacio,
el mundo, junto a ti iba tan despacio:
llegó a ser ese mi mayor tormento.
Te lo juro por Dios, no me arrepiento
quisera verte, aunque sea un instante,
besarte sin morir en el intento.
Si tengo que morir, pues adelante,
ya no cabe en mi alma más tormento
pero en pie me mantengo cual atlante.
Felicidades por esa capacidad.
Un abrazo muy fuerte.