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AH, LA INSPIRACIÓN
Entrada de blog en MundoPoesía — poesía, reflexiones y prosa libre de nuestra comunidad literaria.
¡Ah, la inspiración!
Esa pluma que te hace cosquillas en la mente
cuando menos lo esperas;
esa brisa que sopla desde la nada
y a la nada vuelve en segundos
si no corres a atraparla;
ese fulgor que hace brillar una bombillita
en alguna parte de tu cerebro
y que a veces dura lo que un suspiro.
Ah, bendita inspiración.
A ti te canto.
La inspiración de pronto me ha llegado
en forma de complejos pensamientos,
tantos que me agobiaron, pues a cientos
golpeaban mi mente, y me he quedado
tan absorta, pensando que he pensado,
que al querer explicar mis sentimientos
y mi sinfín de quejas y lamentos,
compruebo, a mi pesar, que he olvidado
los versos que brotaron a raudales
y que en segundos, tal como vinieron
no dejaron ni huella, se me fueron,
y me quedé de nuevo sin señales
de vida inteligente en mi sesera.
Yo quisiera escribir, y no hay manera.
Esquiva, imprevisible, veleidosa, la inspiración acude cuando acude, no atiende a las llamadas, y sacude al poeta de forma milagrosa.
Si acaso viene, saca de la fosa al vate que dichoso dirá, “¡pude, al fin lo conseguí!”, cuando desnude su arbusto y lo convierta en flor hermosa.
Es oasis, surgiendo en un desierto yermo de versos. Es extraño viento, alisio de los cielos, que da aliento
al poeta apocado en un entuerto ofreciendo ingeniosa solución. ¡Ay!, bendita, bendita inspiración.
(Javier Alánzuri)
La inspiración me vino de repente y me puse a escribir a toda mecha, fue el impacto certero de una flecha que lanzó cualquier musa impertinente.
En palabras vertí, febril, demente, mis penurias, ¡oh, triste insatisfecha! Y , si medito, tengo la sospecha de que el asunto pinta malamente.
Escribo sin pensar, como al dictado, los versos que me invaden la cabeza; tal vez no fuera musa, sino un hado, el que logró que venza mi pereza
y acometa la gran estupidez de volver a las rimas, otra vez.
(Eratalia)
Y sigo...
Inspiro al inspirarme, y luego espiro soltando el aire, porque me relaja mi pecho, que se infla, sube y baja y, al final, hasta exhala algún suspiro.
Tan concentrada estoy que no respiro fusionando los versos, todo encaja, la mente a mil por hora me trabaja, le pongo tal ardor que hasta transpiro.
¿Resultará un soneto o un fiasco? No lo sé, lo medito largamente, y a final la respuesta no la tengo.
¡Ay, qué pena me doy, menudo chasco! No me inspira el pasado ni el presente y el color del futuro es gris marengo.
Esa inspiración te puso la miel en los labios y luego se marchó con el tarro. Persíguela, que las zancadas de un poeta son botas de siete leguas. Muy descriptiva y real. Sí señora-
No hay quien pueda, no hay manera... o no viene o viene sobrecargada, cuánta razón llevas, Era.
Pues yo, a trancas y barrancas con ella, he intentado un soneto....
Esquiva, imprevisible, veleidosa,
la inspiración acude cuando acude,
no atiende a las llamadas, y sacude
al poeta de forma milagrosa.
Si acaso viene, saca de la fosa
al vate que dichoso dirá, “¡pude,
al fin lo conseguí!”, cuando desnude
su arbusto y lo convierta en flor hermosa.
Es oasis, surgiendo en un desierto
yermo de versos. Es extraño viento,
alisio de los cielos, que da aliento
al poeta apocado en un entuerto
ofreciendo ingeniosa solución.
¡Ay!, bendita, bendita inspiración.
Lo malo de la inspiración es que si no llega y nos empeñamos en buscarla debajo de las piedras pueden pasar cosas como esta:
Inspiro al inspirarme, y luego espiro
soltando el aire, porque me relaja;
mi pecho, que se infla, sube y baja,
y, al final, hasta exhala algún suspiro.
Tan concentrada estoy que no respiro
fusionando los versos, todo encaja,
la mente a mil por hora me trabaja,
le pongo tal ardor que hasta transpiro.
¿Resultará un soneto o un fiasco?
No lo sé, lo medito largamente,
y a final la respuesta no la tengo.
¡Ay, qué pena me doy, menudo chasco!
No me inspira el pasado ni el presente
y el color del futuro es gris marengo.
Y si hoy se me antoja así de oscuro,
imagina mañana. ¡Ay, qué triste!
El miedo que me enfila y que me embiste
me incita a padecer por un futuro
que puede que no exista. Me torturo
sin tener para ello fundamento;
es la inutilidad del sufrimiento
una cosa patente, e irrisorio
vivir en un perpetuo velatorio,
condenada a la angustia y al lamento.