1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

    !!!Te va a encantar, no te la pierdas!!!

    Cerrar notificación
Color
Color de fondo
Imagen de fondo
Color del borde
Fuente
Tamaño
  1. `

    Hastiado de mi vida y este mundo infame
    he salido a respirar un poco
    de descongestionante aire urbano
    esta maldita noche de luna
    sospechosa y gatos negros.

    A eso de la una doce ovnis
    con el sello de Bill Gates en sus brillantes chasis
    hacían piruetas extrañas
    sobre las Torres de las inmediaciones
    de la Plaza de Castilla.

    Yo sé que absorben la libido
    de muchas mujeres
    para que no puedan ver el atractivo
    y la extraordinaria capacidad intelectual
    de los tipos listos como yo.
    (las abducen y convierten en sucias homosexuales,
    asesinas de bebés y alérgicas a la maternidad
    para así extinguir la raza humana)

    Seis tragacionistas ocultos
    tras los árboles del Parque del Retiro
    me han perseguido
    con sendas agujas y dosis
    de bombas líquidas génicas.
    He escapado de una muerte terrible entre estertores
    y mutaciones varias por poco.

    En la tele, ayer, trece hipertornados, veinte superinundaciones
    y un trozo de polo norte derretido.
    Pretenden acabar con mi cordura
    y disparar mi miedo.
    Pretenden que cambie a un jodido coche eléctrico
    y asesine vilmente a mi anciano y amado
    Golf turbodiesel. No tienen sentimientos.
    Pero yo sé que Soros, el NOM
    y el resto de calaña cambio-climatista progre
    andan detrás.

    En Malasaña una vieja bruja vestida de verde
    me ofrece una hamburguesa química
    que simula ser de carne de animal,
    pero a mí no me engaña,
    (yo sé que la carne no es carne
    si su dueño no ha sido matado,
    como Dios manda, antes)

    Entes diabólicos y multimillonarios
    quieren hacerme su esclavo.
    No podrán conmigo. Yo conozco su plan.
    Me espían y saben todos mis pasos
    gracias a antenas 5G y al abrir
    los ajustes de mi móvil,
    (pretenden entrar en mi mente
    y anular mi conciencia e ideales puros,
    pero no lo conseguirán)

    Añorando mis días de niño
    me cuelo en el zoo. No veo al vigilante
    (fijo que no es español
    y está fumando marihuana
    con algún travesti de la zona)
    Los elefantes tienen las pupilas violeta fosforito y parpadeantes.
    Los leones rugen alrededor
    de una piedra con forma de pentágono
    (estoy seguro que son masones
    e hinchas de Herodes, los muy hijos de puta)
    Los ñus me miran raro
    y se agrupan en fila, desafiantes, frente a mí
    (juraría que su macho alfa lleva una hoz
    y un martillo tatuados en su lomo)

    Salgo corriendo del zoo, y entro a un bar
    cercano. En la barra tres tipos
    con cara de inteligentes
    me reciben con los brazos abiertos.
    Sus ojos reflejan comprensión
    y buen rollo. Me invitan a una cerveza.

    Uno de ellos me dice: "Felicidades,
    acabas de encontrar tu lugar al fin".
    "Somos la Resistencia anti-ilustriacionista
    contra el pecado de la intelectualidad,
    la ciencia del demonio y sus esbirros".
    "Con nosotros la humanidad estará a salvo,
    y tú serás un miembro destacado
    de la lucha contra el floreciente mal"
    -Por supuesto acepto-

    Hay una vieja juke box en el local.
    Echo un euro y elijo una canción.
    Frank Sinatra atrae a los ángeles
    con su esplendoroso "My Way"
    Respiro tranquilo por fin.
    La Verdad nunca pasa de moda.
    (Las naves extraterrestres arden ahora en el cielo)
    Ya las estrellas están en su sitio.
    Por un momento llegué a pensar
    que me había quedado gilipollas
    del todo.

    _______
    A Grace le gusta esto.


  2. Nosotros...

    los que no tuvimos que elegir
    entre cargar la cruz de ningún revolucionario hippie
    o contar treinta monedas
    sobre la palma de la mano.

    Nosotros, que nunca aplastamos el paraíso
    de los adoradores de las estrellas
    ni fuimos vendidos como bueyes
    en un mercado de La Habana,

    que jamás prendimos chasca bajo los pies de nadie
    ni fornicamos en los crepúsculos
    del bosque de Woodhead con bruja alguna.

    Nosotros,
    que no teñimos con nuestra joven sangre
    el infame barro francés,
    que no arrojamos manzanas sobre el espectral gueto de Varsovia
    ni incineramos a ningún viejo sol naciente;
    que tampoco fuimos condecorados con las alas doradas
    ni rociamos de lluvia homicida ninguna bucólica aldea
    entre los verdes arrozales del alto Vietnam.

    Nosotros, que nunca inmortalizamos
    la barba de W. Whitman,
    que no defendimos hasta el final democracias
    en ningún palacio del pueblo
    ni vaciamos el cargador sobre el pecho
    de ningún rockero pacifista
    en ningún mítico hotel de New York...

    Nosotros,
    que tampoco saltamos desde ninguna torre en llamas,
    ni morimos macheteados en las selvas
    de cualquier infierno del tercer mundo.

    Nosotros: los del corazón impuntual
    y el puño grapado a los bolsillos,
    los que no viviremos 120 años ni estrenaremos
    ático en ninguna luna de Júpiter.

    Los que no cerraremos el último matadero
    ni amaremos a ningún ser ideal
    con sexo multiopción
    y batería de grafeno autorrecargable.

    Nosotros, elementos sin gloria ni pena,
    polizones en los idus de la Historia,
    espectadores de media fila,
    (o protagonistas de una aburrida película
    de cine independiente polaco)

    Los que hoy guardamos pedazos de Itaca
    en un pendrive y adelantamos espíritus
    sin expresión a golpe de semáforo.

    Nacidos de la cesárea de un escaparate
    con doble espejo en el alba del gran nanocíclope hermano,
    timoneando en la constelación del todo o nada.
    Nosotros,
    latiendo entre la fe cuántica y las habas del olvido:
    Becarios de nueve a seis
    en la caníbal industria de la ilusión Ltd.

    Nosotros, que bailamos nuestra calavera
    sobre el psicotrópico cáliz de la eternidad
    y empañamos el techo
    cuando la noche nos muerde con saña el pulso;

    que despertamos en los cuartos
    de un imperturbable reloj de arena
    con la almohada sudada,

    nos refrescamos en las analgésicas ubres
    de un dragón de dos cabezas
    a medio desempaquetar,
    y retomamos el sueño hasta la siguiente pregunta
    como si tal cosa.

    ______
    A Grace le gusta esto.


  3. Pues sí, lo reconozco,
    resulta que tenían razón. Al final
    tenían toda la razón.
    No lo niego. Ni de lejos lo conseguí.

    Ciertamente no me acerqué a escribir
    un solo poema con la mitad de calidad
    de la Szymborska, Casas o Vilas.

    Tampoco mi bella locura
    o mis más oscuros e inconfesables sueños
    me inspiraron un solo best-seller
    (ya no digamos los del loco cabronazo de Stephen King)

    o mi cinefilia, rubricada por miles
    de horas de sofá y escandalosa factura eléctrica,
    me convirtió en director de Hollywood
    y poder regalarles a ustedes un "El padrino IV"

    Yo, que he sido polémico y contradictorio
    como un león vegano,
    que fui guerrero y valiente como un sioux
    sacando el dedo al séptimo de caballería.
    Sí, cierto, no llegué a vivir en Marte,
    aunque tuve el gusto de conocer
    algunas inteligencias superiores.

    Yo, que mezclé y removí edenes e infiernos
    entre rascacielos de errores y derrumbes,
    entre filosofías exprés, lencerías apátridas,
    sangres y horizontes maleducados;
    que adquirí un stock de jaulas y futuros
    indemostrables con la artillería del desencanto...

    Y es que ni mis trapicheos de juventud
    y mi adicción por los dulces y falsos efluvios nocturnos
    me permitieron ganar un euro
    en el rentable negocio de la droga,

    ni mi incursión en la reforma de pisos
    junto a mi relación alcohólica
    con el director de una sucursal del Banesto
    acercó un ápice los ceros de mi cuenta bancaria
    a los de Florentino Pérez.

    No, amigos míos, mi medio tupé y sugerente mirada
    tampoco me proporcionaron la décima parte
    de atractivas amantes que George Clooney.
    No ablandé el corazón de la chica más sexi
    y maravillosamente asocial del instituto.

    Jamás solucioné una miga el hambre mundial
    ni inventé una mierda de crema exfoliante.
    Ni mi buen fondo me hizo santo,
    ni mis pecados me hicieron digno del diablo,
    ni mis patadas voladoras Bruce Lee.

    Y no, evidentemente nunca gané un balón de oro
    ni mi talento artístico creó algo parecido
    al "Imagine" de Lennon o al "El Guernica" de Picasso,
    ni, por supuesto, mi labia me llevó a la Casa Blanca,
    ni siquiera a alguna mísera concejalía de mi pueblo.

    (_ Dios de los agnósticos y los soñadores devotos:
    ¡en qué barra de bar me abandonaste definitivamente!)

    La pura verdad es que me tuve que conformar
    con algún triste premio en un par de foros de poesía,
    un polvo de miedo sobre la moqueta
    mientras Vito Corleone ordenaba asesinar
    al jefe más cruel y feo del clan enemigo,
    con comandar una banda de divertidos descerebrados,
    o con un ciego alucinante gracias a una pastilla rosa
    regalada por una camello con un inolvidable verde de ojos
    casi de otro planeta -a juego con sus rastas-
    junto a la plaza de toros de Pamplona.

    Y también tuve en propiedad el mejor mini palacio
    con cocina americana del norte de la ciudad,
    recibí más de un favor de las alturas,
    o hundí en el barro del ridículo a algún fanático político
    internauta del tres al cuarto.

    Pero sobre todo,

    sobre todo, logré el amor
    de unas pocas y deslumbrantes personas,
    como amaneceres de postal
    en una playa virgen de Costa Rica.

    ... Y hasta algún ronroneo o lametón oportunos
    -cual señal divina-
    cuando el mundo entero hacía aguas,
    y mi viejo y fiel espejo mágico
    me explotaba en las narices,
    sin previo aviso, en más de mil,
    o quizás y no exagero, en un millón de pedazos.

    ________
    A Grace le gusta esto.

  4. Sí, está claro,
    no eres Brad Pitt ni la Jolie,
    pero eres resultón o resultona.
    No eres Schwarzenegger
    pero estás sano y tienes buenos músculos.
    No eres Einstein
    pero tampoco eres tonto.
    No eres el príncipe valiente,
    pero cuando se te nubla el miedo
    eres capaz hasta de enfrentarte a dragones.
    Tampoco naciste para mártir
    pero menos aún para callarte.
    Hoy en tu calendario pone que es el día
    de cambiar el mundo,
    y no valen internet ni gaitas.
    Sabes que el quid de la cuestión
    solo consiste en atreverte a abrir esa puerta
    (con un final sin duda incierto),
    ... o llamar a telepizza.

    _____
    A Grace le gusta esto.
  5. `
    Conducir es fácil (en teoría)

    Solo tienes que saber manejar
    una bonita y obediente máquina
    con ruedas y cómodos asientos de cuero
    o suave tejido en su interior.

    Girar el volante hacia donde quieras ir.
    Frenar o acelerar según la necesidad
    o el deseo del momento.

    Pero lo más importante es la visión global.

    Visión global significa poder
    predecir los potenciales sucesos del entorno.
    Ver más allá de tus narices,
    lo que ocurre en el espacio-tiempo
    cercano desde tu inmediata posición.

    O sea, analizar el conjunto de lo que acontece
    en todo el radio de visión que te permitan tus ojos,
    (si aquel coche que circula 300 metros por delante
    de ti hace una maniobra extraña
    que súbitamente produjera
    un efecto mariposa entre conductores)
    y así evitar futuros sobresaltos.

    Pero esto no siempre funciona,
    pues resulta que cualquier desliz
    pudiera acabar repercutiendo drásticamente
    en tu cómoda y prevista ruta,
    obligándote a salirte
    de tu zona de seguridad y confort;

    a tener que improvisar,
    y tomar la decisión (en unas décimas de segundo)
    de si en plena vorágine automovilística
    atropellarías a ese ángel despistado,
    o te tirarías por la pendiente
    sin garantías de que alguna divinidad
    apreciará tu estoico gesto y abogará
    por ti cuando lo necesites.

    Y es que, mi amigo conductor,
    no te rayes: en realidad
    los ángeles, el puto acantilado y tú
    ya sabéis (o intuís) de sobra la respuesta...

    _______
    A Grace le gusta esto.

  6. Ayer
    sabíamos -y solíamos-
    entrar
    y navegar
    dentro de las botellas.

    Entornábamos las alas
    si el cielo desteñía.

    No fue extraño desmembrar
    el nombre de las cosas
    ni filosofar con el humo
    dócil y franjiazul
    de las almohadas.

    Sabíamos también
    cómo vengarnos de las banderas,
    extraviar el corazón
    sobre el himno de las moscas.
    Embestir las rocas
    con la elegancia de las sirenas,
    y llenarnos los ojos
    en reconvertibles
    nostalgias de futuro.

    No fue tan extraño inventar
    arrecifes a nuestra medida
    y vomitar sobre ellos
    las playas y las medusas
    de noches vueltas del revés.
    Y no lo fue
    sobornar Mary Poppins
    con dos rayas y un sol
    bajo el niki empapado
    en aquellos baños
    de otras y empapadas vidas.

    Y algún día lloramos chimeneas
    y reivindicamos aquel gazapo
    arrebatado y abandonado
    por nuestros mayores
    en el valle de las águilas.

    En definitiva, éramos casi felices
    como golondrinas borrachas de primavera,
    como un coro de arco iris
    ronroneando
    entre dos tormentas...

    (La poesía vino con la resaca)

    ¿Sabes, cariño,
    que una buena felación
    es capaz de cambiar el rumbo
    de la historia?

    ¡Y ya no digamos
    un beso en los labios
    de despedida,

    en silencio...

    bajo la lluvia!


    ______

  7. Ella dibuja Andrómeda
    con el pincel de su dedo índice
    sobre la aterciopelada llanura de su vientre
    con la tinta tibia (y sin colorantes
    artificiales) de mi semen.

    La cerveza moribunda
    estrena su danza ácrata
    y se expande como un aguacero amargo
    y feliz sobre la sábana, desde la altitud
    relativa y por la atemporal curvatura
    de nuestros cuerpos hoy perfectos.

    El filtro del cigarrillo
    argamasa nuestras salivas
    en un acto conspirativo, kamikaze
    -y de efímero amor- con el beneplácito
    de todas las leyes universales vigentes.

    De nuevo
    mis dedos hundiéndose belicosamente en sus nalgas.
    Sus uñas surcan salvajemente mi espalda.

    (La luz del alba rompe los cristales)

    En la tele muda
    los simios inteligentes diseñan
    su venganza justa.

    -Me llamo Neus (y soy barcelonesa e independentista)

    -¡Yo te regalo Madrid entero y un café
    antes de que los U2 digan
    (a través de este viejo y expectante radio CD)
    su última palabra!


    ________


  8. Ahora que sé que los dueños del mundo
    conocen los entresijos y las aristas
    de mis gustos sexuales
    (y me la suda, con perdón)
    Que esta sociedad navega sobre el escalofrío
    y la baba de sus cachorros.
    Que no hay cosa que más duela a los poderosos
    que no ser inmortales.
    Yo, amante del grito codificado de los violines
    y de la autenticidad de los heavy-metal,
    enemigo visceral de los graníticos ganaderos
    y admirador de los lobos.
    Yo, que fui casi tan gilipollas como los hooligans,
    (pero no tan patético como los padres de familia
    que solo hacen el amor a sus mujeres
    los domingos cuando gana su equipo)
    Yo, que cazaría a los cazadores,
    que gocé con las litronas en aquella alameda
    de posadolescencias mágicas,
    como en las fastuosas fiestas de ricos y mis amigos maricas
    homenajeando al vergel de los ochenta
    y compartiendo geometrías con el servicio.
    Yo, que ya no me engañan los disfraces sociales,
    que perdono la ignorancia
    pero quiebro ante la estupidez y la maldad.
    Que me estimo y me detesto sin exaltaciones,
    que odio sin fervor y quiero con el más gigante
    de los excesos. Que ya no tengo
    nada que vender ni nada que comprar.
    Yo, que sé que no tengo ni puta idea de casi nada
    pero aprendí a reconocer la yugular en el arte,
    la belleza adornada con cicatrices y legañas
    y el amor sin la burocracia del después.
    Yo, cansado de tanto yo,
    envuelto entre la puerilidad humana
    y ese otro algo sin nombre
    que me vaporiza una y otra vez
    como una jodida explosión nuclear
    hecha a medida, que me pudre
    como el cadáver de un gato
    en mitad de una autopista hermosamente iluminada
    en una vaga e irreal noche de abril.
    Yo que aleteo en reserva de fe, semihundido,
    donde hoy mis ángeles de la guarda debaten
    sobre el cáncer, bytes o política,
    viajan en autobús,
    y ya ni siquiera recuerdan cuando los ángeles
    volaban a ciento ochenta kilómetros por hora
    con la música a tope,
    el alma esponjosa, boca arriba
    y hasta del revés...

    _______
  9. `

    No sé quién dijo:
    "Lo malo no es hablar solo por la calle,
    lo realmente jodido es hacerlo en voz baja"


    Y hoy, que los leopardos leen a Murakami
    y sus canosos y obstinados puntos
    han pasado de moda (solo son ligeramente
    transigidos vistiendo Porsches,
    invitando a coca mala y/o escondiendo
    liposucciones irresolutas
    entre los insomnes rascacielos de Benidorm)

    Aún recuerdo tender mi hombro compasivo
    a algún perdedor con buen fondo,
    (casi lo único bueno que tenía,
    como casi todos los perdedores),
    mientras J. Iglesias se explayaba en en el Pionner
    inteligente rumbo al viejo casino de la A-6.

    Un seat 127 levita sobre la Castellana.
    The Jam, el carbón de los lunes floreciendo
    en el patio interior de la casa de la abuela,
    la diosa Cibeles encendida al himno triste
    de Los Secretos, y las estrellas húmedas y fumadas
    desde aquella ventana amiga del Cuartel General.

    Después noches en bucle y al filo, horizonte
    móvil tras la 5ª avenida, calibre 38
    de almohada, versos e implosiones a contraluz,
    los resentidos sabios del cachemir de Milano,
    mis tigres insaciables y arrugados del Portobello.
    Tú (siempre Tú) y el Don Juán...

    Y la bondad, alentando con discretos soplidos
    y paciencia de santo esa tímida llama azul
    que aún resiste en el lado oscuro:
    Envejecer y afearse tantas
    y tantas veces en el antro equivocado.

    Quizás por eso que ya solo rezo al sabor de las pitayas rojas
    en algún instante tropical de mis existencias
    y dimensiones múltiples;
    ladro, como perro sin colmillos, a las matemáticas
    y maúllo, cual gato en luna crónica, a las tormentas.
    A veces me dejo bailar y piso el suelo
    que tú me cuentas (ya casi solo el tuyo),

    porque de no hacerlo, fiebres ocultas
    tras el ocaso y el voto útil
    de la vida me podrían morder, me morderían
    hasta no reconocer y reconocerme.
    Y se me reblandecería la bandera
    de mi soldado sin bandera,
    y se potabilizaría el ácido de mi sangre
    hasta convertirme en la estatua extranjera e invisible

    que sufre de agujeros negros y grita tan bajito
    que incluso el coito de las palomas
    sobre ella asesinaría todo el rock&roll acumulado
    en aquellos días,
    cuando amé ese sol que arde,

    ... cuando intentaba despeinar,
    como un tren hermoso, idiota y desbocado,
    cualquier flor especial que parpadeara
    en aquel eléctrico jardín
    del exoplaneta Metro Nuevos Ministerios.

    _______

  10. Mi abuela, gran tipa.

    Hoy me he acordado de ella.

    Bella de verdad, (y no porque no tuviera nietos,
    que sí los tiene)
    De joven,
    nada que envidiar a una actriz de Hollywood.

    Hoy mi nevera estaba vacía, no sabía que comer,
    y he decidido ir a un chino.

    La primera vez que comí en un chino
    -allá por los 70- fue con ella.
    Yo pensaba: tengo la abuela más moderna
    del mundo.

    Pero, no, ella no era moderna,
    solo era una mujer con muchos huevos.

    Viuda a los cuarenta y tantos, y por siempre.
    Sacó el carnet de conducir.
    Pisaba el acelerador con alegría
    (como se deben pisar los aceleradores)

    Contaba, orgullosa, aquella tarde
    que mandó a la mierda al famoso franquista Blas Piñar
    en el ascensor del edificio de su oficina.

    No le gustaba la poesía, pero los libros
    (devoradora de ellos) eran su vida.

    Sus batallitas destilaban el mismo dolor
    que épica.
    El relato de sus viajes a Cuba y Rusia
    iluminaban sus ojos.

    Socialista pero muy guay ella,
    solo compraba en el Corte Inglés,
    y yo le compraba novelas sobre la guerra, sus favoritas,
    ¡con letra grande!, me decía los últimos años.

    Luego le temblaban las manos
    como el volante de un coche viejo,
    y el primer cajón de la cocina
    lloraba furioso
    el destierro de su amado chocolate.

    Su piso fue siempre mi segunda casa,
    el barrio de Nuevos Ministerios mi segundo reino.

    Cuando murió, solo solté
    alguna lágrima en el discurso del cura,
    hermano de su yerno. Qué curioso,
    ni ella ni yo fuimos nunca de curas.

    Hace siglos que no comía en un chino,
    y hoy al ir a uno
    la he recordado como aquel día;

    se me escapó
    alguna lágrima traidora más,
    y una sonrisa al cielo de las campeonas.

    _______

  11. De jóvenes consumíamos pirotecnias
    en todo tipo de formatos,
    a modo de insurgentes rompehielos,
    como cachorros su golosina.

    Despegábamos con nuestras pequeñas naves
    sin ABS ni airbag. Amábamos a pelo y contraluz
    /tan insultantemente bellos/ sobre sus asientos reclinables
    o en los baños de nuestros antros favoritos,
    y en la intimidad nos deshacíamos en versos
    propios de extraviados mosqueteros melómanos.

    Los lunes volvíamos a ser jóvenes responsables
    con hiperpotenciales proyecciones de futuro.
    Verde mies del progreso y el bienestar primermundista,
    supervivientes de guerras atiborradas de palomitas
    y cocacola al intermedio; gladiadores de acera
    y madrugadas deslumbrantes, lobeznos
    enganchados a planetas eléctricos y en fila.

    Claro que entonces no sabíamos aún llorar de verdad.
    No comprendíamos la diabólica matemática
    de los intereses/riesgos medio/ largoplacistas
    (la cabrona mecánica del boomerang),
    ni el asco que nos envolvería mañana por haber caído
    en la cruel moraleja de nuestra particular fábula de Esopo.

    Éramos tan tiernos como audaces. Hijos de la Movida
    y la fotogénesis del escombro, caraduras diplomados,
    estirpe de suicidas con miedo a la oscuridad.
    Instauramos la felación ad líbitum
    y los telepizza como señas patrióticas, asumimos
    los marcianitos inteligentes y los túneles de colores.

    Nosotros, los jóvenes de antes,
    los adultos sin terminar de ahora.
    Los que escupimos al cielo
    y reivindicamos el arco iris,
    los que grafiteamos la luna
    y al volver nos creímos poetas.

    _______

  12. Estaba loco,
    completamente loco.

    De currículum ex monaguillo
    y ex barman de puticlub.
    Un divorcio, una vieja amiga,
    aquel mareado Supertramp en París;
    el amor de un chucho-rotweiller cojo,
    media cirrosis
    y veinte arrugas de más.

    Decía que todos hemos vendido
    y matado a Jesús por lo menos una vez
    en nuestra vida,
    que él habría quitado la custodia
    de su hijo a Dios
    porque los padres no putean así a sus hijos,

    que tácticamente fue un error
    bajarle de esa forma a la Tierra,
    pues las consecuencias fueron enormemente
    más jodidas que si hubiera regalado
    mil cabezas nucleares al puto César.

    ¡Vaya un loco!

    ¡Hasta llegó a decir que Dios ladraba a los hombres!
    y que los ángeles de hoy son antisistema, ciber-ninis
    y drogadictos en potencia; que graffitean
    las puertas de los baños del cielo con penes,
    vaginas y haikus infames...
    (y les sangran las alas al reunirse
    en la entrada de los mataderos municipales)

    Contaba que el infierno está lleno
    de ministerios, banderas y excusas,
    y aun con sus humos contaminantes y abandonados jardines,
    es la mejor universidad pública del universo
    (y el demonio, un triste funcionario
    con úlcera de estómago y eyaculación precoz)

    Lógicamente recibió su castigo:

    Pues a falta de hoguera,
    una noche, cuando volvía a su casa
    desde esa obra a la entrada del pueblo,
    andando y por su arcén correspondiente,

    le atropelló un conductor borracho,
    a bordo de aquel viejo BMW
    con los faros sucios y una luz rota.

    _________

  13. Treinta

    y ocho meses solo más de hipoteca
    y el euribor bajo mínimos.
    Quiera dios que no suba. Marta:
    siete coma cinco en selectividad. Juan:
    en plena contraofensiva
    y sin hacer prisioneros
    contra el vil acné.

    ¿Híbrido o eléctrico?, ¿plata o azul?.
    Y el jardín aún sin desbrozar.
    Y el perro descubrió la artrosis.
    El nuevo jefe parece buen tipo
    (ojalá el tuyo le llegara a la suela)
    ¡Este año por fin! ... de cuatro estrellas,
    desayuno incluido. Playas blancas
    y se habla español.

    -Que sí, Amor: te juro que me gusta el nuevo gres del baño-

    En dos años la higuera dará higos
    (y parece que el Ártico se va a tomar por culo...)
    Han abierto un nuevo McDonalds en el polígono.
    La revisión a últimos de noviembre:
    Recuerda que el abuelo murió de cáncer
    de colon a los cincuenta
    (y tu madre dice que últimamente habla
    con él todas las noches)

    -Tienes razón, Cielo:
    Todavía no se sabe qué es la materia oscura del universo
    (... vaya, ni idea que te interesara la astronomía)

    ¡De dónde coño sale ese! (o quizás no lo vi)
    El seguro lo cubre todo.
    ¿Y ahora qué será de vosotros?
    La vida continúa. Y yo no...
    pero siempre... Si hubiera sabido
    entonces que...
    Os quiero
    tanto, tanto...

    -Anda, cariño,
    deja anidar a las golondrinas en el garaje
    la próxima primavera, ¡pobrecillas!
    (además, dicen que traen suerte)

    Y jóder, ¡qué día más bello hace hoy!


    ________
    A Grace le gusta esto.

  14. Mi perro,
    (no me gusta utilizar ese pronombre)
    ayer aprendió a preguntar
    con los ojos por qué siempre enlazo su cuello
    al salir a la calle.
    Y yo le contesté:
    eres un perro en un mundo de hombres,
    es por tu bien.
    A veces yo me pongo un collar de nubes:
    un collar de nubes y una tormenta en los zapatos.
    Y parezco joven, parezco ayer.
    Hoy el mundo espera ansioso
    el apocalipsis en pantalla plana.
    Misiles de cabeza nuclear interceptados
    por escudos antimisiles con cabezas nucleares
    (la venganza de los dioses justos
    aplastará a la hora de máxima audiencia
    al comeperros norcoreano)
    Llaman a la puerta:
    Dos extraterrestres disfrazados de testigos de Jehová
    me invitan a convertirme en el próximo Superman.
    Al principio me hago el estrecho,
    pero un brillo en los ojos (y en el blanco dentífrico
    de mis colmillos) me delatan.

    Hoy los grifos escupen trozos de mar,
    mi ventana es una oxidada frontera de lunas
    (demasiado tiempo sin congeniar con su luz).
    Fabrico versos como poseso,
    versos de navaja y cerveza,
    versos de polvo radioactivo
    y cielos rojo oscuro...
    Sé que tú me esperas donde siempre
    pero yo ya no pongo cara al siempre,
    (tampoco a ti)
    Voy a ser el mejor Superman de todos.
    Ganaré (de un superbostezo) la madre de todas las guerras,
    tocaré el rock&roll de los rock&roles;
    mi perro nunca más llevará collar
    y tú saldrás como por arte de magia
    de debajo de la piel seca y arrugada
    de alguno de mis versos terminales.
    La cafetera llora de felicidad,
    y mis alas (y mi sexo) comienzan a florecer
    sobre el desierto que se alza -como un rascacielos
    de humo y desidia-
    entre el casco viejo de la ciudad.

    _________

  15. Un día aprendes
    cosas tan sencillas y complejas
    a la vez como que
    tras ese rico cochinillo que te comes
    de segundo hay mucho miedo y dolor,

    que los mejores artistas de la historia
    eran inadaptados y drogadictos
    en un alto porcentaje,

    jamás has de acudir para morir a un hospital
    financiado por órdenes religiosas
    o que para llegar al cielo hay que aparcar el vértigo.

    Cosas como que:
    las estaciones son la pobre excusa de los trenes,
    poniendo la otra mejilla solo te vas a llevar
    el doble de hostias,
    que hasta las sílfides sufren ocasionalmente diarrea
    o que la belleza y el amor no se estudian.

    Y probablemente aprenderás también
    que el silencio sí se oye,
    que los golpes recibidos
    en el momento justo duelen menos,
    y que el momento justo nunca es el mejor momento
    para todos (ni siquiera para ti)

    Un día sabrás que en las lavadoras de carga superior
    no se cuelan gatos,
    y que los gatos saben inglés
    (pues el inglés es cien veces más fácil
    y práctico que el latín)

    ... Y al fin quizás entiendas por qué
    Dios nunca fue apolítico,
    a los pájaros les gusta el rock&roll,
    no hay protocolo para llorar
    y por qué ciertas noches de luna llena
    sobran los electricistas.

    _______