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  1. `

    ¡Qué bueno!,
    pretendían que me creyera su cuento
    y su párvula alquimia...
    Seguro que no sabían de mi antídoto;
    y es que
    no hay mejor antídoto contra un veneno
    que otro veneno más potente.
    Pues el veneno no siempre es letal
    ni su toxicidad tan simple
    como la gran mayoría supone.
    Tóxico son otras muchas cosas
    que no precisan ser ingeridas
    o sin fórmula explicada.
    Tóxico es una media verdad.
    Tóxico es una calle sin salida
    y tóxico es una salida siempre a la misma calle.
    Tóxico puede ser una flor
    de colores rabiosamente bellos
    mezclada en la sopa,
    tóxico es una sopa
    para cien estómagos vacíos...


    -----------

    Terraza del Portobello. Centro neurálgico
    de la Justicia de Madrid. Mañana primaveral
    del 2002. Lunes. Tres piratas millonarios
    y otro opositor a pirata se juegan
    a los chinos 500 euros en birra, cava,
    ostras de primera y bogavante.

    Procuradores, letrados, jueces,
    camareros, algún famoso imputado;
    dos rubias lucen nariz nueva,
    UVAs & bótox, y un embargado que discute
    sobre cielos desaprovechados
    y duendes en manada
    con su caña de cerveza y unas aceitunas.

    ¡Marchando seis de arroz con maravillas
    de las costas del noroeste peninsular!

    El espléndido sol entre espumas
    contradice a los agoreros del desastre,
    a las noches-lapa y sus roedores del sueño.

    -Amigo, el bicho justo donde estaba,
    (me dice a la carrera Javi).
    Le doy, sin bajar la vista, uno de veinte,
    -hoy me he librado de pagar la fiesta
    y antes hice el mes en un par de horas-

    Un mensaje de ella en el móvil,
    sonrío al sol y él me devuelve la sonrisa.
    Dos putas caras avalan la sonrisa del sol
    desde el portal a mi derecha.
    Arranco la Honda, el horizonte se abre,
    el futuro cómplice me cede el paso,
    la ciudad resplandece
    y el veneno me recorre
    dulce, dulce
    esta mañana de primavera.

    _______
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  2. `

    Ellos, pequeños y curiosos seres
    de saltos imposibles, en este singular
    y caótico frijol de la galaxia.

    Hijos predilectos de Bastet.
    Numen de Szymborska, Huxley,
    Kerouac, Warhol, Picasso, Twuain,
    Mattise, Mercury o la diva Taylor.

    Garfields, Bolas de Nieve, Romeos, Kittys,
    Rayitas, Isidoros "atila" o adorables Misus...

    Pero a ti, que naciste gato callejero
    sin nombre ni padrinos, te digo:

    Si fueras un gato listo te acercarías
    al primer bípedo con buena pinta* que veas,
    (*o sea, con cara de bueno, ojos de esos
    que están llenos de aguas dulces,
    de yo no sé si Dios existe
    pero no soporto el sufrimiento ajeno
    ni la suerte tan escasa y mal repartida)

    Asimismo olvídate de los que tienen
    mirada rara o esconden la mano.

    Luego deberías ejecutar piruetas graciosas,
    poner ojitos tristes, de cordero degollado,
    como los que debió poner Judas
    al reencontrarse con su antiguo socio
    en etéreas latitudes.

    Muy posiblemente
    te van las siete vidas en ello.
    Sería genial dislocar un pelín,
    incluso, tu estructura ósea
    con el fin de conmover
    sobremanera al dios de poco pelo.

    Después, si te acariciara, yo que tú
    ronronearía como un jodido loco,
    hasta que no se escuchen la música del móvil
    ni los cláxones de ningún coche,
    hasta que se disipen las dudas
    que pudieran surgir a ese humano
    por los gastos de alimentación y veterinario,
    o la inevitable tristeza a soportar
    el día que te vayas al otro barrio.

    Recuerda, que si al cabo de un minuto
    sonríe y no sale corriendo
    con la cabeza gacha y sin mirar atrás,
    tendrás muchas cartas a tu favor
    para que tu existencia transcurra
    entre montones de suaves cojines,
    latas de sabrosas delicatessens,
    pelotitas con cascabeles y caricias a destajo;

    no extrañes el paisaje desde la ventana,
    la libertad es un sueño engañoso.

    Mi buen amigo,
    la vida es así, también la de vosotros los gatos.
    Que sepas que nadie estamos exentos
    de tener que maullar por una ración
    de efímera felicidad, dar en ocasiones
    nuestra zarpa a torcer;
    "Quien no llora no mama"
    es un refrán también aplicable
    a vosotros los felinos.

    Te diré, que en realidad, todo gira
    en torno al caprichoso y mero azar.
    para ti, para mí, y para todo hijo de vecino.

    Eso sí, de igual modo debes saber
    que hay alguna probabilidad
    que topes con el tipo equivocado
    y te dé una patada en la barriga,
    te ofrezca una sardina envenenada,
    te encierre a perpetuidad en un sucio cuartucho,
    o en el mejor caso, simplemente te bufe
    y siga su camino.

    Hermano gato, yo te entiendo,
    aunque tú no me entiendas a mí.
    Todos en un momento dado
    podemos ser tanto amorosos peluches
    un día,
    como feos, pulgosos y malolientes gremlins,
    -carne de lunas y vertedero-
    al día siguiente.

    Y es que al final todo depende
    de ese instante fortuito e inescrutable
    en que nos cruzamos con algún ángel
    tan perdido como nosotros
    -de nuestra misma ralea-
    o, si el viento sopla en contra,
    con el mismísimo y puto diablo.

    _______
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  3. ´

    Si Dios fuera ucraniano
    sus paisanos no necesitarían rezar a ningún dios,
    matar/morir por ninguna mierda de bandera
    ni tampoco ingresar en la OTAN;
    los ángeles beberían cerveza Obolon
    y la plaza Maidan en Kiev se convertiría
    en el centro neurálgico
    en constante fiesta del universo.

    Si Dios fuera ucraniano
    lo más seguro
    hoy no se quedaría sentado en su trono celestial
    ni tendría que dormir en el metro
    con mujeres, niños y otros viejos como él.

    Echaría Antártidas por la boca
    y dudaría seriamente de si enviar o no a su hijo
    veinteañero armado con milagros
    de última generación a la guerra.

    Si Dios fuera ucraniano
    provocaría terremotos de magnitud 10
    al paso de los tanques rusos.
    provocaría supertornados al vuelo de los cazas rusos.
    A Putin le crecerían hemorroides gigantes
    y carnívoras hacia dentro,
    secaría sus pozos de petróleo
    e incendiaría todos sus depósitos de gas
    (... aunque se congelaran frente al televisor
    todos los hermosos y privilegiados
    herederos de Pilatos europeos)

    Pero ahí no acabaría todo.

    Posiblemente lanzaría un meteorito
    del tamaño justo contra el Kremlin
    que de paso rebotara sobre las lujosas estancias
    de los dictadores del resto del mundo
    y también sobre todos los ultranacionalistas
    occidentales, los accionistas del lobby
    de armas yankis
    y los corruptos del centro y sur de América.

    Lo malo es que Dios también posee
    cierta consanguinidad humana,
    y con tal semejanza genética lo más probable
    es que, a pesar de su antiguo amor por el hombre,
    su propia bacanal de caos y fuego
    le animara aún más,
    y comenzara a coger gusto a eso de aplastar
    tiranos y gilipollas.

    Pudiera ser que su conciencia divina
    le obligara a terminar lo empezado,
    y siguiera aniquilando con sus superpoderes destructivos
    a todos los fanáticos futboleros,
    a los imbéciles de las redes sociales,
    a los que tienen la empatía en la entrepierna
    y a cada idiota que no supiera
    quién fue Gandhi o cuál es la segunda
    ciudad más poblada de Ucrania.

    y entonces ya daría lo mismo
    que Dios fuera ucraniano, esquimal,
    residente de algún campo de refugiados
    del más sucio y olvidado rincón del planeta
    o un exbróker cocainómano de Wall Street.

    Porque llegados a tal punto
    tampoco sería injusto ni extraño
    que en un momento de ofuscación
    apretara el botón rojo
    que usan los entes superiores y su servicio de limpieza

    cuando de verdad se cabrean.

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  4. ´

    Ahí yacían, ... sobre la acera,
    coprotagonistas del improvisado plató:
    el pequeño charco de sangre,
    el horror, la sospecha y el silencio
    -ese silencio que aturde-
    junto al malherido níquel de unas llaves
    y cuatro o cinco monedas a juego.
    Y por encima de todo, el escalofrío
    que deroga los estómagos.

    Olía la calle como a sueños sin usar,
    a primavera, a sábado de feria,
    a día de circo.

    Sensuales maniquíes, azules imposibles
    y olas paradisiacas clonados en pantallas 4K.
    Milagros tecnológicos a plazos
    para estrenar tras los cristales
    también intervenían en la escena
    (dentro de sus limitadas posibilidades)

    La policía repartía órdenes
    y oxazepam los psicólogos.
    Rebajas y cláxones aguardaban mudos
    el desenlace de lo ya finiquitado.

    Abrazos, lágrimas, miradas cruzadas
    como abrazos.
    Hasta el humo de los coches
    olía ahora casi a humanidad.

    Todo era uno: la tibia tristeza
    que aprieta e iguala a los distintos,
    el asombro, el pulso de los transeúntes,
    el rictus nervioso en sus rostros.

    Y también el perro pekinés con jersey de lana,
    el culo perfecto de la rubia del cuarto,
    la insolente barriga del portero
    o la tienda de apuestas, inauditamente vacía,
    (incluso las entumecidas funcionarias
    de aquella sede pública
    a la vuelta del Centro comercial)

    Esa incipiente llovizna,
    la boca del metro masticando el tráfico de preguntas,
    el éter gran angular de los edificios centenarios,
    el sol amargo y feliz de la cerveza,
    las palomas municipales bañadas
    en luz neón y la nube de teléfonos móviles...

    Todos juntos, todo, todo era uno
    y tan poco,
    por aquellos largos minutos,
    ante ese cuerpo roto al que le faltaba un zapato
    -de aquel hombre del calcetín rojo-

    ... frente al supremo espectáculo,
    al arte inescrutable y transgresor
    de la muerte en vivo y en abierto.

    _______
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  5. `

    Resulta, amigo,
    que un día, de repente,
    te han crecido los enanos,
    y también te ha crecido el coche,
    la oficina,
    las superficies comerciales,
    la pantalla del televisor,
    tu bola de cristal,
    los terremotos a deshoras,
    los fiordos del disco duro,
    el botiquín de casa
    y la casa entera.
    Y ya no solo eso.
    Y es que, a la vez, en un instante
    (como visto y no visto)
    te han encogido el chasis
    y el motor de despegar,
    el depósito de gasolina súper
    y esa chistera sin fondo
    de los sábados noche,
    rotulados hoy de deja vu.
    Ahora eres una hormiga escapada de la fila,
    sola,
    desubicada,
    en un jardín rebosante de arduras jurásicas,
    emoticonos hambrientos
    y hormigueros de pago.
    Un ratón desafiante y desafinado,
    todo compungido
    (y un poco cabreado)
    con ataques de irracionalidad ratonil
    y lleno de pulgas,
    frente a una manada de elefantes
    que no existen (según tu psicólogo)
    Y es que resulta
    que también te han crecido la sombra,
    los fantasmas insomnes
    y las cicatrices de tus memorables
    (y alienígenas) revueltas de campana.
    Como a la par te encogieron
    aquellas arrebatadoras uves en mayúscula
    de tu indeformable
    reino previscoelástico,
    la despensa de munición
    para las batallas perdidas,
    los sueños despiertos en alguna parte
    o aquellos trenes mágicos hacia ningún sitio.
    ... Y como siglos atrás
    los jeans rotos,
    Joan Manuel Serrat,
    los Picapiedra,
    el sex, drugs & rock&roll,
    el Alquimista
    y su puta madre-
    Resulta que ahora eres
    un triste y resabiado iceberg andante
    con fiebres boreales y un titanic
    clavado en la espalda.
    Un gran iceberg menguante
    escudriñando una paella multicolor
    en el chiringuito de enfrente,
    mientras el sol, las olas
    y un grupo de jóvenes sirenas
    con la brisa a favor
    y el corazón de punta
    relucen felices,
    acaparando la arena,
    a ritmo de Hip hop,
    y -sin casi mirarte-
    sonríen,
    te llaman de usted,
    ponen las largas
    y te piden paso.

    ______
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  6. ´
    Ayer marzo y las paredes mutantes
    del piso apretaban más de lo normal.
    Estaba anocheciendo. Como un zombie
    salí a la calle con dirección al fondo
    a la derecha de ningún sitio.

    A mi paso
    las gárgolas entrenaban sus artrosis de memoria
    y religiosa urbanidad. Acabé tirando piedras
    al río que abraza la ciudad.

    Lanzaba piedras afiladas y mudas
    como rayos -o lágrimas- perforantes.
    Algunas por aquellos que ya no están
    pero siguen estando.

    Otras por todos mis errores insubsanables,
    por la luz que pelea
    en inferioridad militar contra el tiempo.
    También por la puta dinámica de este mundo
    o, de algún modo, para salpicar a Dios;
    y otras solo porque sí.

    En la otra orilla alguien lanzaba piedras al mismo río,
    (vi piedras más grandes, ásperas
    y mudas que las mías)

    Nos miramos durante aproximadamente un minuto
    parecido a media vida.

    Crucé el puente. Le dije
    que a veces escribo poemas raros
    aptos para microondas.
    Ella me contestó que conocía
    un bar de los de antes,
    (en el aire sonaban los 091)

    Y juro que anoche las estrellas incursionaron
    por unas horas
    en el lado suroeste de la M-30.

    ... En verdad, era un bar de los de antes.

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  7. `

    Presentaos.
    Hablad de vuestras metas
    y vuestros sueños en la vida.
    Reíd de nervios y felicidad. Repasad
    vuestra infancia, descubrid
    vuestros miedos y fobias,
    vuestros grupos musicales favoritos.
    Adquirid entrada libre
    al catálogo de vuestra ropa interior
    y zonas erógenas.
    Psicoanalizad vuestras viejas y nuevas
    amistades, contaos los intríngulis
    del curro.
    Conoced Cuenca, Roma y la República
    Dominicana de la mano. El sabor
    de vuestro sudor y lágrimas.
    Compartid el vater y la ducha.
    Haceos aguadillas y arroz con langostinos.
    Odiad a vuestras suegras. Hipotecaos
    para los restos, llenad el piso de enanos,
    una chihuahua y un gato siamés.
    Desconfiad de las intenciones
    del nuevo y atractivo entrenador de pilates
    o la nueva y dulce vecina del sexto.
    Tiraos a la cabeza el retrato de boda y
    haced las paces con unas pocas
    y enternecedoras lágrimas,
    un buen polvo
    y una botella de rioja Gran Rererva del 68.
    Jodeos la vida sin querer
    y volved a hacer las paces
    con otras pocas y enternecedoras lágrimas,
    otro buen polvo y un Ribera del 92.
    Envejeced y engordad juntos.
    Regalaos el Netflix por San Valentín.
    Compadeceos de los sintecho, los subsaharianos
    y la soledad del vecino solterón del tercero.
    Cantad abrazados el gol de la final
    de la copa del mundo y...

    Pero sobre todo,
    sobre todo a estas alturas,
    y si antes no lo hicisteis,
    nunca se os ocurra excavar demasiado
    el uno en el otro,

    ... pues muy posiblemente,
    ni aun con todo lo vivido en común
    (y no es por desilusionaros),
    no tenéis ni puta idea
    de quién es en realidad esa persona
    que, desde cuando ya ni recordáis,
    comparte y ha compartido
    el otro lado de la cama,
    unida a vosotros por la costumbre,
    sobre ese colchón viscoelástico 2x2
    de las rebajas del Ikea,
    y tras aquella efervescente
    y poco meditada promesa
    del "hasta que la muerte os separe"
    y tal y cual...

    _______
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  8. `

    De aquellos años recuerdo
    las gaviotas y los helicópteros invisibles
    volando entre nuestras cabezas,
    la extensa red de autopistas al infierno,
    un ángel con medio tupé y chaqueta de cuero (de copiloto)
    y alguna que otra princesa embarazada
    expulsada del paraíso.

    También recuerdo el generoso silencio de los muertos de entonces,
    la lava y su incipiente ceniza
    enquistando en mis cortas venas de plata
    y piel de algodón. Tsunamis de espuma
    salpicados con brillo de labios
    -y su solfeo ensordecedor- en las tardes
    y cervecerías del distrito de Moncloa.

    Seis coches y 19 ITVs después.
    Cien lunas rotas en los arcenes
    de alguna dimensión perdida
    junto a mil doscientos gramos de poemas
    con olor a rueda quemada.
    Resulta que ya sé rendirme sin dolor
    antes de volcar definitivamente el mundo sobre el éter
    de la frígida y suprema desilusión;

    y resulta también
    que al fin he aprendido a querer sin aritméticas,
    a contraviento y bajo un ejército de pararrayos.
    Que ahora estoy en pleno curso de vuelo
    sin plan de vuelo y con las alas gastadas.
    Aunque por razón de impudorosa rebeldía
    (o mera supervivencia de ese último mohicano
    que habitó mi antiguo continente Orgullo),
    todavía dudo del modo ideal de aterrizaje.

    Y añadiría además
    que ya casi sé volverme eclipse
    sin deslumbrantes apagones de medianoche
    ni sobredosis de antiácidos.
    Que descubrí que hay vida (aunque mucho más aburrida)
    después del planeta Juventud.

    ... Que aquella carretera interminable,
    sin radares, peajes ni apenas gasolineras,
    con su heterogéneo paisaje
    y sus fantasmales pueblos atravesados cada puñado de kilómetros,
    tenía un final tan cristalino
    que quejarse ahora
    solo sería un imperdonable ejercicio de hipocresía
    y autoengaño.

    Y que no, compañero,
    que nunca llegamos al horizonte
    soñado,
    (si acaso, brillamos en algunos tramos del viaje)
    ¡nada más ni nada menos!

    ______
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  9. ´

    Juegan dos gatos sobre la alfombra,
    ya ajenos
    a la ausencia de su otro hermano
    (Blanquito, el más cariñoso, nació con la noche
    acariciando a pisotones su pequeña vida)

    El sol ágil y poderoso de octubre
    amenaza con explotar las ventanas
    y la puerta entreabierta.

    El plasma con netflix sobre el mueble de cristal
    me cuenta las novedades destacadas de mi mundo en HI-FI
    & on line.

    Factores combinados del momento me traen a la memoria a aquella chica
    -a aquella atractiva y dulce chica amante de los gatos-

    porque para ser sinceros hubo más de una chica amante de los gatos.

    Y es que en el mundo han existido tantas chicas
    amantes de los gatos y tantos Luises
    como para, poniéndolos tumbados y cogidos
    entre ellos de los tobillos, hacer un puente hasta la luna;
    tantas chicas (amantes de los gatos) y tantos Luises
    como pepitas de oro en cualquier río virgen
    antes de la Conquista del Far West,
    y más que bisontes abatidos en dicha época por mera diversión,
    por colonos de bajo coeficiente sensible e intelectual
    (la gran mayoría)

    Y no es por nada, pero que se jodan los colonos.

    Ellos no están ahora aquí, en este instante,
    disfrutando de una cerveza fría como las noches boreales de Noruega,
    viendo a dos gatitos supervivientes
    peleándose de broma sobre mi alfombra
    y frente a una tele cojonuda
    al alcance del 29% de habitantes de este planeta.

    Tampoco follaron con ninguna chica amante de los gatos
    entre burbujas y profiteroles, mientras sonaban los Queen
    en la minicadena de aquel chalecito sin sombras
    ni crudas aritméticas en futuro de la sierra.
    Y por supuesto jamás imaginaron que poco más de un siglo después
    los asesinos en serie de bisontes americanos se enfrentarían
    a multas de miles de dólares y a penas de cárcel.

    Lo dicho: el sol sigue empujando la puerta,
    los gatos se cansaron de la alfombra,
    hace mil años que no sé nada de aquella chica,
    y (por dar un final lírico a este extraño poema)
    una masa nunca vista de nubes negras
    asoma hoy
    como el mismísimo infierno,
    como una estampida de mil bisontes fantasma

    acercándose
    por el maldito horizonte.

    ________
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  10. `

    Y cada día vuelve a cargar el revolver
    encasquillado de los épicos duelos bajo ese sol
    que nunca salió,
    de las promesas que nunca se presentaron
    o cuando extravió la dirección hacia la derrota
    de los niños-héroes anónimos que siempre
    llegan tarde a la cita con uno mismo;
    ... de los que pierden un trozo de nombre
    a cada paso, a cada silencio,
    al silencio que se hizo catedral
    en una ciudad que se hizo de repente
    y para siempre noche.

    Y morirá frente a ese vil espejo sin memoria
    y con las zapatillas de andar por casa, sólo
    junto a la alfombra que nunca arrancó.
    Le erigirán santo de algún sábado sin sexo.
    Le harán un funeral sobre la otra soledad
    de las hojas sin árbol, en el templo de los sin espíritu,
    y esparcirán sus cenizas
    sobre la estela gris del bus de las 7:30...

    El hombre indiscernible hoy
    dobla esquinas y las titula
    en su desteñida carpeta de hombres indiscernibles.
    Acuerda desacuerdos con estricta metodología.
    Imagina salvar sirenas encalladas
    en charcas nadadas solo por él.
    Se crece ante lunas portátiles, en teleseries sin fin
    o en convulsas galaxias de barra.
    Y aterriza cada tarde a la misma hora
    sin paracaídas ni reminiscencias de ningún planeta viajado;
    (entonces vacía versos en madejas
    de desquiciada sobriedad conceptual)

    El hombre indiscernible regatea insolvencias
    e intercambia incendios de oídas,
    otras veces se muere de luz
    y disloca la articulación de su condena
    urdiendo tesoros de asfalto a punto de nieve
    bajo las aceras de la gran avenida,
    o entre olas de café y humo mágico
    que simulan verdades en códigos aún por inventar.

    Entre conclusiones inconclusas,
    escombros de brillos arrugados
    y un fuselaje de dudas
    se sube a un cielo paralelo
    cuando el mundo se expande sin piedad
    hasta chocar con alguna descatalogada canción
    de juventud
    y recaer sobre el solar de sus fallidos paisajes
    de acuarela húmeda.

    Este tipo adolece de primaveras
    frescas y volcanes en actividad.
    Alimenta ciudades de palomas íntimas
    con fanatismo y lágrimas de pan duro,
    y cena sueños de cama con princesas despechadas
    (y alitas de pollo) en el crepuscular salón
    de cualquier minipalacio 24 horas
    cuando empiezan a cerrar la cordura
    y a morder los neones. Luego

    el hombre indiscernible enfunda sus dardos miopes,
    se arropa en su manta fiel que le ciñe
    pero no le pregunta y muere,
    muere de realidad, vuelve a morir
    hasta despertar a un nuevo
    e indiscernible día...

    _______
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  11. ´

    Nadie puede vencer al lúbrico arsenal del tiempo.

    Ayer, San Martín (el de los cerdos)
    sacó sus tanques a la calle.

    Sin duda será una masacre porcina en toda regla...

    -en la tele dicen que han descubierto una posible
    nave alienígena en la órbita de Júpiter
    y que la extrema derecha va a ganar las elecciones-

    Hoy soñé que era un tipo rico,
    que pujaba en una subasta de arte
    y me adjudicaba el cuadro y el amor de la autora.

    ¡Por Dios, qué asunto tan extraño son los sueños!

    Y es que luego la artista en cuestión
    se largaba con mi hermano
    (que es bastante mejor persona que yo),
    cosa que acepté de regular gana
    mientras mi secretaria me consolaba
    lasciva y cariñosamente.

    Acto seguido, el malo del sueño,
    (un tipo calvo que no sé bien de dónde salió)
    se empeñaba en asesinarme.
    En un lance de mal gusto y defensa propia
    conseguí ahogarle en medio de un pantano
    provisto de ascensores, máquina del tiempo y dj
    (y eso que nado como un gato...)

    En realidad siempre he sabido que un día
    acabaré necesitando un buen psiquiatra
    -a ser posible de nombre Sara, 30 años
    y piernas largas-

    Entre tanto bebo cerveza
    (por prescripción de mis lamas low cost),
    escribo poemas cual placebo conciliador
    contra autofagias mentales agudas,
    y pienso que si alguna vez nos han de invadir
    los extraterrestres -o caerme encima
    un superpedrusco espacial-
    ahora, en el hall de mi vejez,

    es el puto momento...

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  12. ´

    Un tipo sencillo.
    Un tipo genial y comúnmente sencillo.
    Un tipo con las sencillas rarezas
    de los tipos sencillos,
    como por ejemplo, hablar con su coche,
    ser de izquierdas, amar el caviar ruso
    (que probó en el 98) o ser del atleti.
    Hincha de la selección -cuando gana-
    y un devoto feligrés del bar de Pepe.
    Alguien que viaja muy lejos
    al acostarse con un buen libro,
    cuando ve en tv Españoles por el mundo
    o una vieja peli de Spielberg.
    Un tipo que nada a contracorriente del desengaño,
    que odia la caza, las corridas de toros
    y duda de si el de arriba envió
    para arreglar la humanidad a un tipo flaco con barbas,
    a una sufrida y adorable mujer en rulos y delantal
    o a la familia Simpson.
    Ese que un día se mudó
    desde el centro del universo
    para instalarse en un sencillo y barato residencial
    en las afueras con vistas a las estrellas.
    Que a veces le puede la climatología
    y siempre las estaciones de tren;
    ... que recuerda el Génesis con coleta
    y cantando el Ti amo de Umberto Tozzi.
    Un tipo que sabe que el fin del mundo
    puede llegar a ser un hierro en los dientes
    a los doce años
    o un ocaso imposible -como de otro planeta-
    tatuado en el estómago.
    Un tipo sencillo pero capaz de dibujarte gaviotas
    con espuma de cerveza -e incluso hacerlas volar-,
    y si se pone, llevarte en metro
    al kilómetro cero del paraíso.
    De beberse tu fiebre un mediodía de agosto,
    arrancar arpegios al despertador
    y darte una vuelta por las nubes
    un lunes a las 6 de la mañana
    (o también ser devorado
    por un rebaño de ovejas licántropas
    cualquier noche de luna llena)
    Un tipo capaz de contagiarse de fotones
    y colgarse del arco iris
    hasta ver chiribitas y unicornios,
    de construir una isla desierta tropical
    con cuatro tablas del Ikea en un sexto
    sin ascensor a orillas de la M-30,
    o componerte una sinfonía a dúo con el perro
    cuando la tormenta se atreve a robar
    ese algoritmo mágico de tus ojos y tu boca.
    Un tipo que nunca olvida a sus amigos,
    que aún mata por un asiento de ventanilla
    cuando va en avión
    y que a veces se permite la pequeña excentricidad
    de escribirse unos versos a sí mismo.
    Un tipo sencillo harto de complicarse la vida
    que ya solo aspira a compartir precipicios y estrellas
    con otras gentes sencillas.
    En fin, lo que se podría definir
    como un tipo que se sueña
    extrañamente feliz y sencillo. Sin más.

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  13. `

    Hastiado de mi vida y este mundo infame
    he salido a respirar un poco
    de descongestionante aire urbano
    esta maldita noche de luna
    sospechosa y gatos negros.

    A eso de la una doce ovnis
    con el sello de Bill Gates en sus brillantes chasis
    hacían piruetas extrañas
    sobre las Torres
    junto a la Plaza de Castilla.

    Yo sé que absorben la libido
    de muchas mujeres
    para que no puedan ver el atractivo
    y la extraordinaria capacidad intelectual
    de los tipos listos como yo.
    (las abducen y convierten en sucias homosexuales,
    asesinas de bebés y alérgicas a la maternidad
    para así extinguir la raza humana)

    Seis tragacionistas ocultos
    tras los árboles del Parque del Retiro
    me han perseguido
    con sendas agujas y dosis
    de bombas líquidas génicas.
    He escapado de una muerte terrible entre estertores
    y mutaciones varias por poco.

    En la tele, ayer, trece hipertornados, veinte superinundaciones
    y un trozo de polo norte derretido.
    Pretenden acabar con mi cordura
    y disparar mi miedo.
    Pretenden que cambie a un jodido coche eléctrico
    y asesine vilmente a mi anciano
    y amado Golf turbodiesel.
    No tienen sentimientos.
    Pero yo sé que Soros, el NOM
    y el resto de calaña cambio-climatista progre
    andan detrás.

    En Malasaña una vieja bruja vestida de verde
    me ofrece una hamburguesa química
    que simula ser carne de animal,
    pero a mí no me engaña,
    (yo sé que la carne no es carne
    si su dueño no ha sido matado,
    como Dios manda, antes)

    Entes diabólicos y multimillonarios
    quieren hacerme su esclavo.
    No podrán conmigo. Yo conozco su plan.
    Me espían y saben todos mis pasos
    gracias a antenas 5G y al abrir
    los ajustes de mi móvil,
    (pretenden entrar en mi mente
    y anular mi conciencia e ideales puros,
    pero no lo conseguirán)

    Añorando mis días de niño
    me cuelo en el zoo. No veo al vigilante
    (fijo que no es español
    y está fumando marihuana
    con algún travesti de la zona)
    Los elefantes tienen las pupilas violeta fosforito y parpadeantes.
    Los leones rugen alrededor
    de una piedra con forma de pentágono
    (estoy seguro que son masones
    y fans de Herodes, los muy hijos de puta)
    Los ñus me miran raro
    y se agrupan en fila, desafiantes, frente a mí
    (juraría que su macho alfa lleva una hoz
    y un martillo tatuados en el lomo)

    Salgo corriendo del zoo, y entro a un bar
    cercano. En la barra tres tipos
    con cara de inteligentes
    me reciben con los brazos abiertos.
    Sus ojos reflejan comprensión
    y buen rollo. Me invitan a una cerveza.

    Uno de ellos me dice: "Felicidades,
    acabas de encontrar tu lugar al fin".
    "Somos la Resistencia anti-ilustracionista
    contra el pecado de la intelectualidad,
    la ciencia del demonio y sus esbirros".
    "Con nosotros la humanidad estará a salvo,
    y tú serás un miembro destacado
    de la lucha contra el floreciente mal"
    -Por supuesto acepto-

    Hay una vieja juke box en el local.
    Echo un euro y elijo una canción.
    Frank Sinatra atrae a los ángeles
    con su esplendoroso "My Way"
    Respiro tranquilo por fin.
    La Verdad nunca pasa de moda.
    (Las naves extraterrestres arden ahora en el cielo)
    Ya las estrellas están en su sitio.
    Por un momento llegué a pensar
    que me había quedado gilipollas
    del todo.

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  14. Nosotros...

    los que no tuvimos que elegir
    entre cargar la cruz de ningún revolucionario hippie
    o contar treinta monedas
    sobre la palma de la mano.

    Nosotros, que nunca aplastamos el paraíso
    de los adoradores de las estrellas
    ni fuimos vendidos como bueyes
    en un mercado de La Habana,

    que jamás prendimos chasca bajo los pies de nadie
    ni fornicamos en los crepúsculos
    del bosque de Woodhead con bruja alguna.

    Nosotros,
    que no teñimos con nuestra joven sangre
    el infame barro francés,
    que no arrojamos manzanas sobre el espectral gueto de Varsovia
    ni incineramos a ningún viejo sol naciente;
    que tampoco fuimos condecorados con las alas doradas
    ni rociamos de lluvia homicida ninguna bucólica aldea
    entre los verdes arrozales del alto Vietnam.

    Nosotros, que nunca inmortalizamos
    la barba de W. Whitman,
    que no defendimos hasta el final democracias
    en ningún palacio del pueblo
    ni vaciamos el cargador sobre el pecho
    de ningún rockero pacifista
    en ningún mítico hotel de New York...

    Nosotros,
    que tampoco saltamos desde ninguna torre en llamas,
    ni morimos macheteados en las selvas
    de cualquier infierno del tercer mundo.

    Nosotros: los del corazón impuntual
    y el puño grapado a los bolsillos,
    los que no viviremos 120 años ni estrenaremos
    ático en ninguna luna de Júpiter.

    Los que no cerraremos el último matadero
    ni amaremos a ningún ser ideal
    con sexo multiopción
    y batería de grafeno autorrecargable.

    Nosotros, elementos sin gloria ni pena,
    polizones en los idus de la Historia,
    espectadores de media fila,
    (o protagonistas de una aburrida película
    de cine independiente polaco)

    Los que hoy guardamos pedazos de Itaca
    en un pendrive y adelantamos espíritus
    sin expresión a golpe de semáforo.

    Nacidos de la cesárea de un escaparate
    con doble espejo en el alba del gran nanocíclope hermano,
    timoneando en la constelación del todo o nada.
    Nosotros,
    latiendo entre la fe cuántica y las habas del olvido:
    Becarios de nueve a seis
    en la caníbal industria de la ilusión Ltd.

    Nosotros, que bailamos nuestra calavera
    sobre el psicotrópico cáliz de la eternidad
    y empañamos el techo
    cuando la noche nos muerde con saña el pulso;

    que despertamos en los cuartos
    de un imperturbable reloj de arena
    con la almohada sudada,

    nos refrescamos en las analgésicas ubres
    de un dragón de dos cabezas
    a medio desempaquetar,
    y retomamos el sueño hasta la siguiente pregunta
    como si tal cosa.

    ______
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  15. `

    Pues sí, lo reconozco,
    resulta que tenían razón. Al final
    tenían toda la razón.
    No lo niego. Ni de lejos lo conseguí.

    Ciertamente no me acerqué a escribir
    un solo poema con la mitad de calidad
    de la Szymborska, Casas o Vilas.

    Tampoco mi bella locura
    o mis más oscuros e inconfesables sueños
    me inspiraron un solo best-seller
    (ya no digamos los del loco cabronazo de Stephen King)

    o mi cinefilia, rubricada por miles
    de horas de sofá y escandalosa factura eléctrica,
    me convirtió en director de Hollywood
    y poder regalarles a ustedes un "El padrino IV"

    Yo, que he sido polémico y contradictorio
    como un león vegano,
    que fui guerrero y valiente como un sioux
    sacando el dedo al séptimo de caballería.
    Sí, cierto, no llegué a vivir en Marte,
    aunque tuve el gusto de conocer
    algunas inteligencias superiores.

    Yo, que mezclé y removí edenes e infiernos
    entre rascacielos de errores y derrumbes,
    entre filosofías exprés, lencerías apátridas,
    sangres y horizontes maleducados;
    que adquirí un stock de jaulas y futuros
    indemostrables con la artillería del desencanto...

    Y es que ni mis trapicheos de juventud
    y mi adicción por los dulces y falsos efluvios nocturnos
    me permitieron ganar un euro
    en el rentable negocio de la droga,

    ni mi incursión en la reforma de pisos
    junto a mi relación alcohólica
    con el director de una sucursal del Banesto
    acercó un ápice los ceros de mi cuenta bancaria
    a los de Florentino Pérez.

    No, amigos míos, mi medio tupé y sugerente mirada
    tampoco me proporcionaron la décima parte
    de atractivas amantes que George Clooney.
    No ablandé el corazón de la chica más sexi
    y maravillosamente asocial del instituto.

    Jamás solucioné una miga el hambre mundial
    ni inventé una mierda de crema exfoliante.
    Ni mi buen fondo me hizo santo,
    ni mis pecados me hicieron digno del diablo,
    ni mis patadas voladoras Bruce Lee.

    Y no, evidentemente nunca gané un balón de oro
    ni mi talento artístico creó algo parecido
    al "Imagine" de Lennon o al "El Guernica" de Picasso,
    ni, por supuesto, mi labia me llevó a la Casa Blanca,
    ni siquiera a alguna mísera concejalía de mi pueblo.

    (_ Dios de los agnósticos y los soñadores devotos:
    ¡en qué barra de bar me abandonaste definitivamente!)

    La pura verdad es que me tuve que conformar
    con algún triste premio en un par de foros de poesía,
    un polvo de miedo sobre la moqueta
    mientras Vito Corleone ordenaba asesinar
    al jefe más cruel y feo del clan enemigo,
    con comandar una banda de divertidos descerebrados,
    o con un ciego alucinante gracias a una pastilla rosa
    regalada por una camello con un inolvidable verde de ojos
    casi de otro planeta -a juego con sus rastas-
    junto a la plaza de toros de Pamplona.

    Y vale, sí, también tuve en propiedad el mejor mini palacio
    con cocina americana del norte de la ciudad,
    recibí más de un inmerecido favor de las alturas,
    o hundí en el barro del ridículo a algún fanático político
    internauta del tres al cuarto.

    Pero sobre todo,

    sobre todo, logré el amor
    de unas pocas y deslumbrantes personas,
    como amaneceres de postal
    en una playa virgen de Costa Rica.

    Y hasta algún ronroneo o lametón oportunos
    -cual señal divina-
    cuando el mundo entero hacía aguas,
    y mi viejo y fiel espejo mágico
    me explotaba en las narices,
    sin previo aviso, en más de mil,
    o quizás y no exagero, en un millón de pedazos.

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