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MALCO
MANUEL LÓPEZ COSTA
©Todos los Derechos Reservados

Queda prohibida la reproducción total o parcial
de la obra por cualquier medio.
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  1. [​IMG]

    Cristales y caireles (Alejandrinos)


    En noches acalladas de quietas soledades
    y sueños aromados de cálidas espumas
    con vientos sosegados en anchas vastedades
    tu rostro reflejado se asoma entre las brumas.
    Envueltas en cendales refulgen tus miradas
    deslumbran cual caireles de gráciles cristales
    caudales de ternezas y en el alma fraguadas
    profundas son tus aguas de lluvias invernales.

    Distingo brevemente fulgir en los ocasos
    la luz inextinguible destellos de tus sombras
    erguidas van tus flamas y lentos van tus pasos
    con lágrimas vertidas si triste me renombras.
    Distantes los caminos señalan tu extravío
    perdida dejas huellas en surcos de esperanzas
    tus ecos son latidos del tiempo que tardío
    vendrás en los mistrales con cantos de romanzas.

    Clarean en los prados intensos los verdores
    los juncos en los pozos lamentan tus penares
    y penden de los sauces tus íntimos clamores
    dejando su consuelo los níveos malabares.
    Ascienden en volutas los humos ancestrales
    a cumbres donde moran las cárdenos promesas
    con rotas ilusiones falsarios mitos griales
    aleja tus temores y la verdad confiesas.

    Detenido en el tiempo con quieta calma espero
    en sendas de horizonte lejano y aparente
    por mares tumultuosos y de oleaje fiero
    surgiendo de las rocas tu imagen reluciente.
    Sentirte tan cercana con íntima amalgama
    de sol por el poniente cuando en la mar se pierde
    disuelto con sus sales y la luna declama
    con versos encantados que siempre te recuerde.





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    Malco
    ©Todos los Derechos reservados.
    Queda prohibida la reproducción total o parcial de la obra por cualquier medio.

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  2. [​IMG]

    Cenizas

    Desde ese mismo instante, desde aquel fatal momento,
    su alma vaga errante, su sombra es el lamento,
    sus sotos marchitaron y las alondras volaron
    dejando en la maleza, el penar y la tristeza
    de sueños derruidos, cuando un amor fingido
    en engaño inclemente, dejó en su casta frente
    un beso con espinas, y un vacío ausente
    sin adiós sin despedida.

    En su párvula mirada inocente y distraída
    el candor se reflejaba cual sol de mediodía
    y en su rostro se le aunaba la tersura que cautiva
    era grácil,distinguida, bella flor de porte erguida,
    sus manos dos gorriones y en su rostro los albores

    de los soles de sus ojos, que relumbran cual tizones
    y se clavan cual arpones, despertando los antojos,
    de besar sus labios rojos y envolverse en sus fragancias
    y perderse en la distancia por la mies de los rastrojos.

    Era flor que sucumbía, al desprecio que le dieran
    y en tardía primavera cuál las hojas del otoño,
    arrastrada en los mistrales sin rumbo y sin retorno
    ocultando el cruel bochorno, perdióse en los juncales.
    La encontraron un invierno, una fría madrugada
    con una opaca mirada y un pálido semblante
    y en su rostro anhelante, anegado por el llanto,
    un rictus de sufrir tanto, cubierta por el cieno,
    un viento calmo y sereno ululaba un triste canto.

    Con pasos lentos sombríos, va pasando el cortejo
    dejando un rastro umbrío, blanca cal el féretro
    el rostro de mármol frío y rojas rosas al pecho.

    En los cordeles del tiempo, susurra una suave brisa
    esparciendo las cenizas de su amor y de sus huesos.


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    Cenizas

    Desde ese mismo instante, desde aquel fatal momento
    su alma vaga errante, su sombra es el lamento
    sus sotos marchitaron y las alondras volaron
    dejando en la maleza, el penar y la tristeza
    de sueños derruidos, cuando un amor fingido
    en engaño inclemente, dejó en su casta frente
    un beso con espinas, y un vacio ausente
    sin adiós sin despedida.

    En su párvula mirada inocente y distraída
    el candor se reflejaba cual sol de mediodía
    y en su rostro se le aunaba la tersura que cautiva
    era grácil,distinguida bella flor de porte erguida,
    sus manos dos gorriones y en su rostro los albores
    de los soles de sus ojos, que relumbran cual tizones
    y se clavan cual arpones, despertando los antojos
    de besar sus labios rojos y envolverse en sus fragancias
    y perderse en la distancia por la mies de los rastrojos.

    Era flor que sucumbía al desprecio que le dieran
    y en tardía primavera cual las hojas del otoño
    arrastrada en los mistrales sin rumbo y sin retorno
    ocultando el cruel bochorno perdióse en los juncales.
    La encontraron un invierno una fría madrugada
    con una opaca mirada y un pálido semblante
    y en su rostro anhelante anegado por el llanto
    un rictus de sufrir tanto cubierta por el cieno
    un viento calmo y sereno ululaba un triste canto.

    Con pasos lentos sombríos va pasando el cortejo
    dejando un rastro umbrío, blanca cal el féretro
    el rostro de mármol frío y rojas rosas al pecho.

    En los cordeles del tiempo, susurra una suave brisa
    esparciendo las cenizas de su amor y de sus huesos.

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    Lorca sobrevive en el húmedo musgo

    FuenteVaquero fue tu cuna
    camino de Viznar a Alfacar tu tumba
    de injusticia sin reparo
    y en el firmamento retumba
    la vileza de aquel disparo.

    No alcanzaron las balas, para callar tu nombre
    de pie te mataron, de pie, como mueren los hombres,
    tus versos saltaron del corazón herido
    volvieronsé estrellas de relumbrante filo,
    dicen los que lo vieron, lo dicen como testigos
    que ya en el suelo caido,
    de tu boca salieron rosas y de tu pecho alondras,
    donde tenían su nido.

    Verde que te quiero verde,
    tu recuerdo no se pierde
    en las rocas y praderas
    en los mares y en los ríos
    en el cielo y por doquiera,
    sobrevive florecido,
    en eterna primavera
    en el musgo humedecido.

    Huerta de San Vicente,
    solaz casa de verano,
    se escuchan aún las notas
    en el prodigio de tu piano.

    Granada la andaluza de estirpe Nazarí
    aún brotan sus lágrimas,como tributo por ti,
    álla en " El Rinconcillo" del celebre café "Alameda"
    en sus tertulias amenas, también lloraron sus penas,
    ante el infausto momento y desgarrados por dentro
    elevaron tu pensamiento a las cumbres infinitas
    y con sosegados vientos llevaronlos a otros parajes
    y con "Impresiones y paisajes " de tu alma resucitan,
    aquellas palabras benditas, como póstumo homenaje.

    Trasladaste tu talento al castizo Madrid,
    en Residencia de estudiantes, compartiste tus saberes,
    tu verbo y tu talante con Buñuel y con Alberti y con el genio de Dalí.
    "Libro de poemas " y melodiosas "Suites"
    letras emblemáticas y de tenor sonoro
    forman parte de las obras, en tu estancia por " El foro".

    Granada te recibe cuando vienes de vuelta
    y con las puertas abiertas lo celebra con fanfarria
    y se trenza tu amistad al singular Manuel de Falla
    y con titeres de fondo aparece el "Cante jondo",
    reanudadas las tertulias en el ameno "El Rinconcillo "
    vuelven a tener brillo las conversas y estribillos
    en noches sin iguales con artistas e intelectuales
    corren a raudales, el talento con el vino
    y entre versos y argumentos la guitarra marca el sino.

    Buenos Aires se estremece, con tus "Bodas de sangre"
    en tu senda aparece, como grato detalle
    y en ofrenda se anuda como lazos al talle
    la amistad fecunda del gran Pablo Neruda,
    y con Juana Ibarbourou
    los afectos se envuelven, en un suave tisú.

    Quedan para siempre,en tallado testimonio,
    las letras imborrables, de humano patrimonio:
    Romancero gitano,Diván del Tamarit, Sonetos del amor oscuro,
    son algunas de las obras,que cada día mayor valor cobran
    y es motivo de orgullo y de afecto sincero
    y no es perogrullo es talento verdadero.


    ¡¡¡ LORCA VIVE !!!

























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  6. [​IMG]

    En homenaje a
    Denzil Romero
    en

    El Invencionero.

    Barroco

    Cercano al castillo de Marueth en los campos de Perigord
    bajo un bochornoso calor vagabundeando un verano
    bajo un sol tirano a una taberna entré,
    de románica hechura y empedrada pared
    su techumbre abovedada de cañón seguido
    con arcos de medio punto y germinadas columnas sostenido
    hiciéronme sentir ilusorio a muchos siglos de distancia
    hasta percibí las fragancias de bálsamos sanatorios.

    Gonfalones y arambeles de colores desvaídos
    ornaban inánimes los muros, en volátiles hilachas raídos,
    una anciana chimenea de años sempiternos,
    a la espera del invierno,
    aguardando a su lado, en bultos acomodados,
    podaduras de naranjos, olivos y castaños
    arderán con fuegos francos como en tiempos antaños.

    En repisas de madera de troncos añosos,
    descansan in illo tempore,
    innumerables cacharros, de cobre patinoso
    cerámicas de Beauvais, lamparas de peltre,
    de mármol, figuras ecuestres,
    llevaronmé
    en el viento a épocas rupestres.

    Mohosas tiras de embutidos,ristras de ajos apergaminadas,
    vejigas llenas de manteca con cuerdas se hallan colgadas,
    banderas amarillas, indigas y azules con enseñas feudales
    pendían en el techo como en tiempos medievales.

    Pareciamé un brumoso sueño, aquél encantado lugar,
    que no quisiera despertar, de este barroco ensueño,
    en presencia del tabernero, un anciano barbilimpio,
    de largo cabello cano, en sus ojos radiante brillo,
    bonete de colorada lana,almilla de bayeta verde,
    ajustados calzones de punto, no hay nada, que en él concuerde,
    recostado indolente, sobre uno de los mesones, pareciendo estar ausente,
    se dedica a pasar el tiempo con desaire displicente
    sin esperar a nadie, ver pasar las horas, simplemente.

    Quizás para ahuyentar su propia modorra
    con súbito azoro y cansada ajorra
    vino a darme la bienvenida y con mirada perdida
    estrechándome la mano en actitud agradecida,
    dijo que en muchos años, difíciles de recordar
    ningún pasante había entrado, ni por asomo, en aquél lugar,
    en contenta ceremonia y a largos trancos,
    buscó una hogaza, de pan blanco y enseguida me previno,
    en un instante le consigo una jarra de espumante vino,
    sentados sobre escabeles nos dimos a la conversa
    con voz aguardentosa,milenaria y añosa de gruesos cascabeles,
    fue tartajeando una historia del antiguo lugar,
    antes si que era éste un sitio concurrido
    poetas,trovadores y auténticos juglares
    de apartadas regiones y distantes pejugares
    y en competidas justas de interminables noches
    y frenéticas embeodadas, como cosa encantada, eran grandes los derroches.

    Ante el compartido embeleso de reyes y señores
    hidalgos de gotera,burgueses lombardos y nobles redentores,
    garrulos,rufianes y artesanos menores,
    damas de linaje,pelanduscas, militares,
    soldados mercenarios, crueles, sanguinarios
    entre otros los peores, dispuestos en francachelas,
    dejar la cruz de sus pagas, entre vino y mujerzuelas.

    Danzas y baladas,cantigas y sonetos,
    coplas,desacuerdos, razós y cuartetos,
    saludos de amor,serventesios y tercetos,
    en torneos de veranos, en sus noches con sus días,
    las horas transcurrían, en interminables retos.

    Barricas de generoso vino del Ródano y la Provenza
    vinos blancos burbujeantes y exquisitos entremeses
    entre bombos y platillos el gran festín comienza,
    perdices trufadas de Burdeos,arenques ahumados de Borgoña
    erizos del mar Cantábrico,jamones de Paderbon
    salchichones de Gotinga,vinos de graduación
    hongos de Alsacia,embutidos de Lorena
    foie-gras de cebados ganzos,finos pates de morenas,
    asados de ternera,faisanes y gacelas
    lechones,jabalies y venados en cazuelas.

    Alojados en las ventas y posadas o en simples tarantines
    en improvisadas tiendas o sucios carromatos
    participes y mirantes van llegando de ha por ratos,
    de Aquitania, de Turena, de Barcelona o Lombardia
    se llegan sea de noche se llegan sea de día o de cualquier rincón,
    de lejuras o cercanías o más allá del Rubicón,
    los grandes señores, en altos corceles
    seguidos de cohortes y avivados lebreles
    con armas enhiestas,
    recubiertas todas, con alardosas sobrevestas
    y una caterva de heraldos, trompeteros y bufones
    entre danzas y canciones
    anunciaban la llegada de sus amos señorones.

    Y yo vulgar mesero, moviéndome muy orondo,arduo y vaporoso
    con mi jofaina repleta de vino espumoso que algún mozo generoso,
    haya dejado al descuido, codeándome con la flor y nata de la realeza
    y la nobleza de la más alta alcurnia y con damas de linaje,
    en súbito viraje bajo la luna y las estrellas,
    compartían, su nobleza entre colchas del follage.
































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  7. [​IMG]

    En homenaje a
    Denzil Romero
    en

    El Invencionero.

    Barroco

    Cercano al castillo de Marueth en los campos de Perigord
    bajo un bochornoso calor vagabundeando un verano
    bajo un sol tirano a una taberna entré,
    de románica hechura y empedrada pared
    su techumbre abovedada de cañón seguido
    con arcos de medio punto y germinadas columnas sostenido
    hiciéronme sentir ilusorio a muchos siglos de distancia
    hasta percibí las fragancias de bálsamos sanatorios.

    Gonfalones y arambeles de colores desvaídos
    ornaban inánimes los muros, en volátiles hilachas raídos
    una anciana chimenea de años sempiternos
    a la espera del invierno
    aguardando a su lado, en bultos acomodados
    podaduras de naranjos, olivos y castaños
    arderán con fuegos francos como en tiempos antaños.

    En repisas de madera de troncos añosos
    descansan in illo tempore
    innumerables cacharros, de cobre patinoso
    cerámicas de Beauvais, lamparas de peltre,
    de mármol, figuras ecuestres, llevaronmé
    en el viento a épocas rupestres.

    Mohosas tiras de embutidos,ristras de ajos apergaminadas,
    vejigas llenas de manteca, con cuerdas se hallan colgadas,
    banderas amarillas, indigas y azules con enseñas feudales
    pendían en el techo como en tiempos medievales.

    Pareciamé un brumoso sueño aquél encantado lugar
    que no quisiera despertar de este barroco ensueño,
    en presencia del tabernero un anciano barbilimpio,
    de largo cabello cano, en sus ojos radiante brillo,
    bonete de colorada lana,almilla de bayeta verde,
    ajustados calzones de punto, no hay nada que en él concuerde,
    recostado indolente, sobre uno de los mesones, pareciendo estar ausente
    se dedica a pasar el tiempo, con desaire displicente,
    sin esperar a nadie, ver pasar las horas, simplemente.

    Quizás para ahuyentar su propia modorra
    con súbito azoro y cansada ajorra
    vino a darme la bienvenida y con mirada pérdida,
    estrechándome la mano, en actitud agradecida
    dijo que en muchos años, difíciles de recordar,
    ningún pasante había entrado, ni por asomo, en aquél lugar,
    en contenta ceremonia y a largos trancos
    buscó una hogaza de pan blanco y enseguida me previno
    en un instante le consigo una jarra de espumante vino,
    sentados sobre escabeles nos dimos a la conversa
    con voz aguardentosa,milenaria y añosa, de gruesos cascabeles
    fue tartajeando una historia del antiguo lugar,
    antes si que era éste un sitio concurrido
    poetas,trovadores y auténticos juglares
    de apartadas regiones y distantes pejugares
    y en competidas justas de interminables noches
    y frenéticas embeodadas, como cosa encantada, eran grandes los derroches.

    Ante el compartido embeleso de reyes y señores
    hidalgos de gotera,burgueses lombardos y nobles redentores
    garrulos,rufianes y artesanos menores
    damas de linaje,pelanduscas, militares
    soldados mercenarios crueles sanguinarios
    entre otros los peores dispuestos en francachelas
    dejar la cruz de sus pagas, entre vino y mujerzuelas.

    Danzas y baladas,cantigas y sonetos
    coplas,desacuerdos, razós y cuartetos
    saludos de amor,serventesios y tercetos
    en torneos de veranos, en sus noches con sus días
    las horas transcurrían, en interminables retos.

    Barricas de generoso vino del Ródano y la Provenza
    vinos blancos burbujeantes y exquisitos entremeses
    entre bombos y platillos el gran festín comienza,
    perdices trufadas de Burdeos,arenques ahumados de Borgoña,
    erizos del mar Cantábrico,jamones de Paderbon,
    salchichones de Gotinga,vinos de graduación,
    hongos de Alsacia,embutidos de Lorena,
    foie-gras de cebados ganzos,finos pates de morenas,
    asados de ternera,faisanes y gacelas
    lechones,jabalies y venados en cazuelas.

    Alojados en las ventas y posadas o en simples tarantines,
    en improvisadas tiendas o sucios carromatos
    participes y mirantes van llegando de ha por ratos,
    de Aquitania,de Turena,de Barcelona o Lombardia
    se llegan sea de noche se llegan sea de día, o de cualquier rincón,
    de lejuras o cercanías o más allá del Rubicón,
    los grandes señores en altos corceles,
    seguidos de cohortes y avivados lebreles,
    con armas enhiestas
    recubiertas todas,
    con alardosas sobrevestas
    y una caterva de heraldos trompeteros y bufones
    entre danzas y canciones
    anunciaban la llegada de sus amos señorones.

    Y yo vulgar mesero moviéndome muy orondo,arduo y vaporoso
    con mi jofaina repleta de vino espumoso que algún mozo generoso
    haya dejado al descuido codeándome con la flor y nata de la realeza
    y la nobleza de la mas alta alcurnia y con damas de linaje
    en súbito viraje bajo la luna y las estrellas
    compartían
    su nobleza entre colchas del follage.
































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    [​IMG]
    Andrés Eloy Blanco

    Información personal
    Nacimiento 6 de agosto de 1896
    [​IMG] Cumaná, Venezuela
    Fallecimiento 21 de mayo de 1955 (58 años)
    [​IMG] Ciudad de México, México
    Causa de la muerte Accidente [​IMG]
    Lugar de sepultura Panteón Nacional de Venezuela
    Nacionalidad Venezolana [​IMG]
    Lengua materna Español [​IMG]
    Religión Catolicismo [​IMG]
    Partido político Acción Democrática
    Familia
    Cónyuge Angelina (Lilina) Iturbe
    Educación
    Alma máter Universidad Central de Venezuela
    Información profesional
    Ocupación Diplomático, poeta y político [​IMG]
    Obras notables

    Poemas

    * La Renuncia

    He renunciado a ti. No era posible
    Fueron vapores de la fantasía;
    son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
    una proximidad de lejanía.

    Yo me quedé mirando cómo el río se iba
    poniendo encinta de la estrella...
    hundí mis manos locas hacia ella
    y supe que la estrella estaba arriba...

    He renunciado a ti, serenamente,
    como renuncia a Dios el delincuente;
    he renunciado a ti como el mendigo
    que no se deja ver del viejo amigo;

    Como el que ve partir grandes navíos
    como rumbo hacia imposibles y ansiados continentes;
    como el perro que apaga sus amorosos brios
    cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;

    Como el marino que renuncia al puerto
    y el buque errante que renuncia al faro
    y como el ciego junto al libro abierto
    y el niño pobre ante el juguete caro.

    He renunciado a ti, como renuncia el loco a la palabra que su boca pronuncia;
    como esos granujillas otoñales,
    con los ojos estáticos y las manos vacías,
    que empañan su renuncia, soplando los cristales en los escaparates de las confiterías...

    He renunciado a ti, y a cada instante
    renunciamos un poco de lo que antes quisimos
    y al final, !cuantas veces el anhelo menguante
    pide un pedazo de lo que antes fuimos!

    Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo.
    Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;
    desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.
    La renuncia es el viaje de regreso del sueño...

    ***

    * Las uvas del tiempo

    Madre: esta noche se nos muere un año.
    En esta ciudad grande, todos están de fiesta;
    zambombas, serenatas, gritos, ¡ah, cómo gritan!;
    claro, como todos tienen su madre cerca...
    ¡Yo estoy tan solo, madre,
    tan solo!; pero miento, que ojalá lo estuviera;
    estoy con tu recuerdo, y el recuerdo es un año
    pasado que se queda.
    Si vieras, si escucharas esta alboroto: hay hombres
    vestidos de locura, con cacerolas viejas,
    tambores de sartenes,
    cencerros y cornetas;
    el hálito canalla
    de las mujers ebrias;
    el diablo, con diez latas prendidas en el rabo,
    anda por esas calles inventando piruetas,
    y por esta balumba en que da brincos
    la gran ciudad histérica,
    mi soledad y tu recuerdo, madre,
    marchan como dos penas.

    Esta es la noche en que todos se ponen
    en los ojos la venda,
    para olvidar que hay alguien cerrando un libro,
    para no ver la periódica liquidación de cuentas,
    donde van las partidas al Haber de la Muerte,
    por lo que viene y por lo que se queda,
    porque no lo sufrimos se ha perdido
    y lo gozado ayer es una perdida.

    Aquí es de la tradición que en esta noche,
    cuando el reloj anuncia que el Año Nuevo llega,
    todos los hombres coman, al compas de las horas,
    las doce uvas de la Noche Vieja.
    Pero aquí no se abrazan ni gritan: ¡FELIZ AÑO!,
    como en los pueblos de mi tierra;
    en este gozo hay menos caridad; la alegría
    de cada cual va sola, y la tristeza
    del que está al margen del tumulto acusa
    lo inevitable de la casa ajena.

    ¡Oh nuestras plazas, donde van las gentes,
    sin conocerse, con la buena nueva!
    Las manos que se buscan con la efusión unánime
    de ser hormigas de la misma cueva;
    y al hombre que está solo, bajo un árbol,
    le dicen cosas de honda fortaleza:
    «¡Venid compadre, que las horas pasan;
    pero aprendamos a pasar con ellas!»
    Y el cañonazo en la Planicie,
    y el himno nacional desde la iglesia,
    y el amigo que viene a saludarnos:
    «feliz año, señores», y los criados que llegan
    a recibir en nuestros brazos
    el amor de la casa buena.

    Y el beso familiar a medianoche:
    «La bendición, mi madre»
    «Que el Señor la proteja...»
    Y después, en el claro comedor, la familia
    congregada para la cena,
    con dos amigos íntimos, y tú, madre, a mi lado,
    y mi padre, algo triste, presidiendo la mesa.
    ¡Madre, cómo son ácidas
    las uvas de la ausencia!

    ¡Mi casona oriental! Aquella casa
    con claustros coloniales, portón y enredaderas,
    el molino de viento y los granados,
    los grandes libros de la biblioteca
    —mis libros preferidos: tres tomos con imágenes
    que hablaban de los reinos de la Naturaleza—.
    Al lado, el gran corral, donde parece
    que hay dinero enterrado desde la Independencia;
    el corral con guayabos y almendros,
    el corral con peonías y cerezas
    y el gran parral que daba todo el año
    uvas más dulces que la miel de las abejas.

    Bajo el parral hay un estanque;
    un baño en ese estanque sabe a Grecia;
    del verde artesonado, las uvas en racimos,
    tan bajas, que del agua se podría cogerlas,
    y mientras en los labios se desangra la uva,
    los pies hacen saltar el agua fresca.

    Cuando llegaba la sazón tenía
    cada racimo un capuchón de tela,
    para salvarlo de la gula
    de las avispas negras,
    y tenían entonces
    una gracia invernal las uvas nuestras,
    arrebujadas en sus talas blancas,
    sordas a la canción de las abejas...

    Y ahora, madre, que tan sólo tengo
    las doce uvas de la Noche Vieja,
    hoy que exprimo las uvas de los meses
    sobre el recuerdo de la viña seca,
    siento que toda la acidez del mundo
    se está metiendo en ella,
    porque tienen el ácido de lo que fue dulzura
    las uvas de la ausencia.

    Y ahora me pregunto:
    ¿Por qué razón estoy yo aquí? ¿Qué fuerza pudo
    más que tu amor, que me llevaba
    a la dulce aninomia de tu puerta?
    ¡Oh miserable vara que nos mides!
    ¡El Renombre, la Gloria..., pobre cosa pequeña!
    ¡Cuando dejé mi casa para buscar la Gloria,
    cómo olvidé la Gloria que me dejaba en ella!

    Y esta es la lucha ante los hombres malos
    y ante las almas buenas;
    yo soy un hombre a solas en busca de un camino.
    ¿Dónde hallaré camino mejor que la vereda
    que a ti me lleva, madre; la verdad que corta
    por los campos frutales, pintada de hojas secas,
    siempre recién llovida,
    con pájaros del trópico, con muchachas de la aldea,
    hombres que dicen: «Buenos días, niño»,
    y el queso que me guardas siempre para merienda?
    Esa es la Gloria, madre, para un hombre
    que se llamó fray Luis y era poeta.

    ¡Oh mi casa sin cítricos, mi casa donde puede
    mi poesía andar como una reina!
    ¿Qué sabes tú de formas y doctrinas,
    de metros y de escuela?
    Tú eres mi madre, que me dices siempre
    que son hermosos todos mis poemas;
    para ti, soy grande; cuando dices mis versos,
    yo no sé si los dices o los rezas...
    ¡Y mientras exprimimos en las uvas del Tiempo
    toda una vida absurda, la promesa
    de vernos otra vez se va alargando,
    y el momento de irnos está cerca,
    y no pensamos que se pierde todo!
    ¡Por eso en esta noche, mientras pasa la fiesta
    y en la última uva libo la última gota
    del año que se aleja,
    pienso en que tienes todavía, madre,
    retazos de carbón en la cabeza,
    y ojos tan bellos que por mí regaron
    su clara pleamar en tus ojeras,
    y manos pulcras, y esbeltez de talle,
    donde hay la gracia de la espiga nueva;
    que eres hermosa, madre, todavía,
    y yo estoy loco por estar de vuelta,
    porque tú eres la Gloria de mis años
    y no quiero volver cuando estés vieja!...

    Uvas del Tiempo que mi ser escancia
    en el recuerdo de la viña seca,
    ¡cómo me pierdo, madre, en los caminos
    hacia la devoción de tu vereda!
    Y en esta algarabía de la ciudad borracha,
    donde va mi emoción sin compañera,
    mientras los hombres comen las uvas de los meses,
    yo me acojo al recuerdo como un niño a una puerta.
    Mi labio está bebiendo de tu seno,
    que es el racimo de la parra buena,
    el buen racimo que exprimí en el día
    sin hora y sin reloj de mi inconsciencia.

    Madre, esta noche se nos muere un año;
    todos estos señores tienen su madre cerca,
    y al lado mío mi tristeza muda
    tiene el dolor de una muchacha muerta...
    Y vino toda la acidez del mundo
    a destilar sus doce gotas trémulas,
    cuando cayeron sobre mi silencio
    las doce uvas de la Noche Vieja.

    ***

    * Canto de los hijos en marcha


    Madre, si me matan,
    que no venga el hombre de las sillas negras;
    que no vengan todos a pasar la noche
    rumiando pesares, mientras tú me lloras;
    que no esté la sala con los cuatro cirios
    y yo en una urna, mirando hacia arriba;
    que no estén las mesas llenas de remedios,
    que no esté el pañuelo cubriéndome el rostro,
    que no venga el mozo con la tarjetera,
    ni cuelguen las flores de los candelabros
    ni estén mis hermanas llorando en la sala,
    ni estés tú sentada, con tu ropa nueva.
    Madre, si me matan,
    que no venga el hombre de las sillas negras.

    Lléname la casa de hombres y mujeres
    que cuenten el último amor de su vida;
    que ardan en la sala flores impetuosas,
    que en dos grandes copas quemen melaleuca,
    que toquen violines el sueño de Schuman;
    los frascos rebosen de vino y perfumes;
    que me miren todos, que se digan todos
    que tengo una cara de soldado muerto.

    Lléname la casa
    de flores regaladas, como en una selva.
    Déjame en tu cuarto, cerca de tu cama;
    con mis cuatro hermanas, hagamos consejo;
    tenme de la mano, tenme de los labios,
    como aquella noche de mi padre muerto,
    y al cabo, dormidos iremos quedando,
    uno con su muerte y otro con su sueño.

    Madre, si me matan,
    que no venga el coche para los entierros,
    con sus dos caballos gordos y pesados,
    como de levita, como del Gobierno.

    Que si traen caballos, traigan dos potrillos
    finos de cabeza, delgados de remos,
    que vayan saltando con claros relinchos,
    como si apostaran cuál llega primero.
    Que parezca, madre,
    que voy a salirme de la caja negra
    y a saltar al lomo del mejor caballo
    y a volver al fuego.
    Madre, si me matan,
    que no venga el coche para los entierros.

    Madres, si me matan,
    y muero en los bosques o en mitad del llano,
    pide a los soldados que te den tu muerto;
    que los labradores y las labradoras
    y tú y mis hermanas, derramando flores,
    hasta un pueblo manso se lleven mi cuerpo;
    que con unos juncos hagan angarillas,
    que pongan mastranto y hojas y cayenas
    y que así me lleven hasta un cementerio
    con cerca de alambres y enredaderas.
    Y cuando pasen los años
    tráeme a mi pedazo, junto al padre muerto
    y allí, que me pongan donde a ti te pongan,
    en tu misma fosa y a tu lado izquierdo.
    Madre, si me matan,
    pide a los soldados que te den tu muerto.

    Madre, si me matan, no me entierres todo,
    de la herida abierta sácame una gota,
    de la honda melena sácame una trenza;
    cuando tengas frío, quémate en mi brasa;
    cuando no respires, suelta mi tormenta.
    Madre, si me matan, no me entierres todo.

    Madre, si me matan,
    ábreme la herida, ciérrame los ojos
    y tráeme un pobre hombre de algún pobre pueblo
    y esa pobre mano por la que me matan,
    pónmela en la herida por la que me muero.

    Llora en un pañuelo que no tenga encajes;
    ponme tu pañuelo
    bajo la cabeza, triste todavía
    por las despedida del último sueño,
    bajo la cabeza como casa sola,
    densa de un perfume de inquilino muerto.

    Si vienen mujeres, diles, sin sollozos:
    -¡Si hablara, qué lindas cosas te diría!
    Ábreme la herida, ciérrame los ojos…
    Y una palabra: JUSTICIA
    escriban sobre la tumba
    Y un domingo, con sol afuera,
    vengan la Madre y las Hermanas
    y sonrían a la hermosa tumba
    con nardos, violetas y helechos de agua
    y hombres y mujeres del pueblo cercano
    que digan mi nombre como de su casa
    y alcen a los cielos cantos de victoria,
    Madre, si me matan.

    (Mayo de 1929)

    ***
    Autorretrato

    Nací en una revuelta,
    y me voy por la puerta de un idilio,
    viví una Revolución.

    Estoy de píe en los campos
    que mi calor maduró al fin para los hombres.

    Ante mis ojos,
    las llanuras que sabían a sangre
    están teñidas, puestas a secar.

    De la montaña ideológica
    quedó una frase de divinidad sustantiva:
    el Hombre es una fuerza que ama.

    Ayer fueron los lobos a comer a mi puerta
    y el lobo es el hombre del lobo.

    La tierra está calmada como después de un cuento.
    Quien menos oye, oye amar a la semilla.

    El caliente ecuador
    es una rueda de amigos
    y una espiral de voces acuatiza en las nubes.

    Yo vi el día solar en que murió la guerra
    y puse mi reloj en el primer minuto.

    Soy magro. La calavera
    asoma a flor de piel;
    dos hilachas de nieve atraviesan la calva;
    tengo el amarillento de las hojas de octubre
    y mucho escrito en el pergamino de las manos.

    Pero siento elásticos los tendones
    y tengo una legua de mirada.
    Aquí estoy en los campos.

    Bebí el último trago romántico
    y el primer sorbo ultraísta.

    Le di a la vida instante por instante,
    todo, todo y la noche extra sobre el cuadrante.
    Con la voz de mis horas cantó ella;
    lo que el camino me iba sembrando por los pies,
    me florecía en la cabeza.

    Amor: viví bastante
    para encontrar de nuevo a mi primera novia
    y tomarla otra vez en su primera nieta.

    Tuve un archivo;
    lo he ido quemando.

    Amo al arte en el Poeta de Hoy,
    bello como el atleta griego,
    tallado de deportes,
    que salta de la cama al estadio
    y va a la plaza pública, donde el pueblo lo usa
    para lanzarlo como un disco en la armonía de la mañana.

    Creo en el poeta útil,
    soberanamente altruista,
    y aladamente extraterritorial,
    cuyo canto higienizado
    sea un surtidor de salud
    que se respire como un temperamento.

    Tengo 103 años,
    firmes, como erecciones.

    Recuerdo el día
    en que me fui injertando de la glándula taumaturga.
    El cirujano sembró en mí la astilla de eternidad.

    Para injertarme
    trajeron un gorila de timidez resuelta,
    como la que da el ojo de un inmigrante joven.

    Era un hermoso cuadrumano,
    un segundón de selva
    el hermano de leche de mi resurrección.

    Al concluir el injerto,
    quedé dormido.
    Pero aquella misma noche
    empecé a sentir a mi huésped moverse.

    Se aclimataba a mis vías urbanas
    con torpeza de criado pueblero.
    Lo sentía saltar de rama en rama
    hasta la copa de mi árbol circulatorio.
    Lo sentía colgado por el rabo en mis nervios;
    y al fin se fue asomando al sabor de mi boca
    cuando la carne del balneario se desgajó sobre la arena.

    Tengo 103 años
    firmes como erecciones
    y digo que la vida es buena de beberla.

    Tengo cien hijos míos
    y en mi próximo plano
    seré el mejor logrado de mis nietos.

    Tengo cien hijos míos
    y uno que tuve en nombre de mi hermano el gorila,
    porque puse en tenerlo mi pedazo de él.

    Estoy de píe en los campos, esperando a mis hijos
    para darles el santo y seña de mi vuelta.

    Soy un siglo con erección de antena
    y gozaré al sembrarme en surco caliente.
    Ese día -¡por fin!- la amada tierra y yo
    acabaremos juntos.

    Regresaré. El amor estará cosechado.
    Encontraré plantada una selva de madres
    y dar mi canto nuevo a los cuatro horizontes
    regresarán mis hijos, eternos de esperarme.

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