Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
Odiarte
Odiarte, placenta leprosa, que causas hastío
como amarga condena, ¡maldito el corazón se me vuelve!
Tú, maldita, bríndate a mi furia, que de tu tirana hiel
no quiero probar, márcate mis imbéciles palabras,
que a aire te sepa mi boca sorda
que el heno se caiga y se caiga, otra vida aparte no me sé,
cásate con la tristeza que estoy vomitando,
yo sé que para ti no signifique nada.
Ya sabes que desde hoy te odio,
con mis mejores ganas de odiarte
Matrona, forjé mi placer de llorar
por algo que no vale la pena, devalúate en otras manos,
¡piérdete!, ¡lárgate!, que el arte de olvidarte será frágil,
fácil como cansarme por cansarme; un suspiro no queda,
pero mis puños se clavaron en una pared con tu cara.
Sabes que me sabes a abismo que decepciona, que quiebra,
que se abre en la tierra de tus manos asquerosas,
pero ¡un llanto con otro llanto se paga!.
Odiarte, placenta leprosa, que causas hastío
como amarga condena, ¡maldito el corazón se me vuelve!
Tú, maldita, bríndate a mi furia, que de tu tirana hiel
no quiero probar, márcate mis imbéciles palabras,
que a aire te sepa mi boca sorda
que el heno se caiga y se caiga, otra vida aparte no me sé,
cásate con la tristeza que estoy vomitando,
yo sé que para ti no signifique nada.
Ya sabes que desde hoy te odio,
con mis mejores ganas de odiarte
Matrona, forjé mi placer de llorar
por algo que no vale la pena, devalúate en otras manos,
¡piérdete!, ¡lárgate!, que el arte de olvidarte será frágil,
fácil como cansarme por cansarme; un suspiro no queda,
pero mis puños se clavaron en una pared con tu cara.
Sabes que me sabes a abismo que decepciona, que quiebra,
que se abre en la tierra de tus manos asquerosas,
pero ¡un llanto con otro llanto se paga!.
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