Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
Payaso
Porque te burlas de tus penas,
o simplemente, de tus penas se burlan los demás
Payaso
Porque a pesar de la respuesta que obtengas
siempre esperan, que una sonrisa les devuelvas sin chistar
Payaso
Porque entre risas escondes lágrimas,
que el más vivo e inteligente no podría disimular
Payaso
Pues a la risa te condenas,
porque las lágrimas ajenas,
-te parece- queman más
Eras, ciertamente, un buen payaso
todos te conocían, en verdad eras popular;
eras, prácticamente como un regalo,
tu acondicionabas el suelo, donde la paz
y la alegría habrían de germinar
Mas en tu osadía, un día
-cuya hoja seguramente estaba de más, en tu calendario personal-
te atreviste a comprar, de lo que comprar no debías
¡¿Quién dijo que un payaso una sonrisa puede comprar?!
¡Deshonra!
Se supone que él las vende, y si las compra, bien necesitado estará.
Y la maldición de los perros mundanos
sobre sus labios arderá
¡Reír por siempre, hasta en su propio funeral.
Reír, conciente de que con otra, su amor se escapará.
Reír, reír y seguir riendo, aunque supuren las llagas mal olientes
de la indiferencia, el escarnio y la propia adversidad!...
Hoy, corazón mío,
pululas indiferente
sin orientación ni destino,
sin sonrisas que comprar ni regalar
Hoy, arrastras a este pobre ser,
a un mundo intransigente
que no perdona ni olvida,
que alguna vez, una sonrisa te atreviste a comprar
Ellos dicen que soy antinatural
Prendida a la soledad de un corazón de payaso,
que cegado por unos encantos,
una prostituida sonrisa, levantó como su altar
Porque te burlas de tus penas,
o simplemente, de tus penas se burlan los demás
Payaso
Porque a pesar de la respuesta que obtengas
siempre esperan, que una sonrisa les devuelvas sin chistar
Payaso
Porque entre risas escondes lágrimas,
que el más vivo e inteligente no podría disimular
Payaso
Pues a la risa te condenas,
porque las lágrimas ajenas,
-te parece- queman más
Eras, ciertamente, un buen payaso
todos te conocían, en verdad eras popular;
eras, prácticamente como un regalo,
tu acondicionabas el suelo, donde la paz
y la alegría habrían de germinar
Mas en tu osadía, un día
-cuya hoja seguramente estaba de más, en tu calendario personal-
te atreviste a comprar, de lo que comprar no debías
¡¿Quién dijo que un payaso una sonrisa puede comprar?!
¡Deshonra!
Se supone que él las vende, y si las compra, bien necesitado estará.
Y la maldición de los perros mundanos
sobre sus labios arderá
¡Reír por siempre, hasta en su propio funeral.
Reír, conciente de que con otra, su amor se escapará.
Reír, reír y seguir riendo, aunque supuren las llagas mal olientes
de la indiferencia, el escarnio y la propia adversidad!...
Hoy, corazón mío,
pululas indiferente
sin orientación ni destino,
sin sonrisas que comprar ni regalar
Hoy, arrastras a este pobre ser,
a un mundo intransigente
que no perdona ni olvida,
que alguna vez, una sonrisa te atreviste a comprar
Ellos dicen que soy antinatural
Prendida a la soledad de un corazón de payaso,
que cegado por unos encantos,
una prostituida sonrisa, levantó como su altar
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