Angel Virgilio
Poeta que considera el portal su segunda casa
En palabras de la gente más que el agua
la sangre tiene su densidad, peso y volumen.
Y esto sería definir el espíritu, matemática
tridimensional que mora en los adentros.
Realmente tus caricias me saben cotidianas,
se multiplican fragantes de ternura en mi recodo,
pero el recuerdo me besa mariposas
y en los techos del alma florecida espera.
Apenas el vuelo de la primavera muestra sus fantasmas
cuando ya abril descubre sus hojas como un libro.
Te puedo asegurar que hay meses como estaciones
que le ríen a mis penas su purificado idioma.
El verde me sabe como un García Lorca.
Mi pretensión de poeta se acicala con los pájaros,
la justicia, el agua y en la azotea los sueños.
Tal vez sólo un asomo del almanaque a la piel.
Si me vieras la sonrisa modelando susurrona,
conversando a solas de la sala a la cocina
correteando tras la luna -soneto menguante-
ido en mis versos contigo cual carcajada al eco.
Cualquiera pensaría que estoy senil y loco.
pero nunca tú que sabes niña mi locura inverosímil
y ese afán de desnudar las estrellas en mis sienes,
juego de infancia, acotejado cáncer desde que te fuiste.
La vida al fin desató su azar en ti y en mí
pero no le perdona mi arrogancia la condición
de hacerme testigo de su sabiduría podrida.
Ni de este vendaval que se suicida en las orillas.
la sangre tiene su densidad, peso y volumen.
Y esto sería definir el espíritu, matemática
tridimensional que mora en los adentros.
Realmente tus caricias me saben cotidianas,
se multiplican fragantes de ternura en mi recodo,
pero el recuerdo me besa mariposas
y en los techos del alma florecida espera.
Apenas el vuelo de la primavera muestra sus fantasmas
cuando ya abril descubre sus hojas como un libro.
Te puedo asegurar que hay meses como estaciones
que le ríen a mis penas su purificado idioma.
El verde me sabe como un García Lorca.
Mi pretensión de poeta se acicala con los pájaros,
la justicia, el agua y en la azotea los sueños.
Tal vez sólo un asomo del almanaque a la piel.
Si me vieras la sonrisa modelando susurrona,
conversando a solas de la sala a la cocina
correteando tras la luna -soneto menguante-
ido en mis versos contigo cual carcajada al eco.
Cualquiera pensaría que estoy senil y loco.
pero nunca tú que sabes niña mi locura inverosímil
y ese afán de desnudar las estrellas en mis sienes,
juego de infancia, acotejado cáncer desde que te fuiste.
La vida al fin desató su azar en ti y en mí
pero no le perdona mi arrogancia la condición
de hacerme testigo de su sabiduría podrida.
Ni de este vendaval que se suicida en las orillas.
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