jesse salas
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las largas cortinas
que adornan la ventana danzan
ante la brisa que pasa sin prisa
portando una sonrisa,
y el aire ya respira
dulce del aliento de los dos,
que yace entre las blancas
sábanas amándose con devoción,
en cada caricia un festín se desata
y la piel arde como fuego del nuevo
renacer devorado
por las bocas que hambre tienen,
¡por pasión!
Seducir,
bañándose entre besos, bebiendo del olor
de tu vientre
con el sabor que brota de tus senos
al ser presos de mis labios.
Mira la noche cómo se llena
con el murmullo susurrante
de los amantes en la serenata
que es sonido y melodía.
Amarte es invadir lo más
profundo desde su esencia,
percibiendo de tus tobillos
la fragancia y ambrosía
que consumen mis deseos
de llenarme con urgencia de ti,
hasta mezclarme con el gemir suave
de tu boca que muerde
mi cuello con ansias
surgidas del fulgor,
de ese fulgor
que desgarra mi espalda
con el universo impregnado
de tus largas uñas.
La calma despierta de la tormenta
y los mares arroyos de dócil remanso son,
el brillo de la cera sobre la vieja
madera brilla reflejando
la silueta del espejo
cautivo por el agitar de tus caderas
donde dos delfines
saltan desde un mismo
punto, punto llamado amor,
que en el silencio
es cómplice de la luna
atrapada en su delirio.
que adornan la ventana danzan
ante la brisa que pasa sin prisa
portando una sonrisa,
y el aire ya respira
dulce del aliento de los dos,
que yace entre las blancas
sábanas amándose con devoción,
en cada caricia un festín se desata
y la piel arde como fuego del nuevo
renacer devorado
por las bocas que hambre tienen,
¡por pasión!
Seducir,
bañándose entre besos, bebiendo del olor
de tu vientre
con el sabor que brota de tus senos
al ser presos de mis labios.
Mira la noche cómo se llena
con el murmullo susurrante
de los amantes en la serenata
que es sonido y melodía.
Amarte es invadir lo más
profundo desde su esencia,
percibiendo de tus tobillos
la fragancia y ambrosía
que consumen mis deseos
de llenarme con urgencia de ti,
hasta mezclarme con el gemir suave
de tu boca que muerde
mi cuello con ansias
surgidas del fulgor,
de ese fulgor
que desgarra mi espalda
con el universo impregnado
de tus largas uñas.
La calma despierta de la tormenta
y los mares arroyos de dócil remanso son,
el brillo de la cera sobre la vieja
madera brilla reflejando
la silueta del espejo
cautivo por el agitar de tus caderas
donde dos delfines
saltan desde un mismo
punto, punto llamado amor,
que en el silencio
es cómplice de la luna
atrapada en su delirio.
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