emuletero
Poeta veterano en el portal
Sufro por mi amada,
pues mi Señor la tiene secuestrada,
dice que es costumbre probar la desposada,
antes que el marido de la casada.
Un puñal le meteré en el pecho,
sabe Dios y la luna llena,
que lo juro por mi panza llena,
que morirá pronto, delo por hecho.
Seremos pobres a sus ojos,
pero de espíritu y alma llenos,
que cobardía no tenemos ni conocemos,
cuando un noble nos aprieta los dineros.
¡Ay de mi! que la quiero tanto,
¡ay de mi! que mi cama no se calienta,
desde que me la secuestró el muy maganto,
a la fuerza y con ballesta.
¡Vive Dios! que la he de recuperar,
con lo que me costó hacérmela ganar,
pues de las fáciles no era la picarona,
más bien se hacía de rogar, jaja la solterona.
Con sus ojos saltones, verdes como esmeraldas
con sus labios rojizos como frambuesas,
sus pechos altivos, como cántaros de miel,
¿como a una hembra así, no le voy a ser fiel?.
¡Señor Comendador!,
devuélvame a mi amada,
que con mi furia no podrá ni su armada,
que sin ella no como, duermo, y ando perdido,
y usía conocerá la rabia... de un fiel marido
pues mi Señor la tiene secuestrada,
dice que es costumbre probar la desposada,
antes que el marido de la casada.
Un puñal le meteré en el pecho,
sabe Dios y la luna llena,
que lo juro por mi panza llena,
que morirá pronto, delo por hecho.
Seremos pobres a sus ojos,
pero de espíritu y alma llenos,
que cobardía no tenemos ni conocemos,
cuando un noble nos aprieta los dineros.
¡Ay de mi! que la quiero tanto,
¡ay de mi! que mi cama no se calienta,
desde que me la secuestró el muy maganto,
a la fuerza y con ballesta.
¡Vive Dios! que la he de recuperar,
con lo que me costó hacérmela ganar,
pues de las fáciles no era la picarona,
más bien se hacía de rogar, jaja la solterona.
Con sus ojos saltones, verdes como esmeraldas
con sus labios rojizos como frambuesas,
sus pechos altivos, como cántaros de miel,
¿como a una hembra así, no le voy a ser fiel?.
¡Señor Comendador!,
devuélvame a mi amada,
que con mi furia no podrá ni su armada,
que sin ella no como, duermo, y ando perdido,
y usía conocerá la rabia... de un fiel marido
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