Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
Amartemisa
Víctor Ugaz Bermejo
Se desencadena el amor, sin violencia
en el abismo de la locura de un nombre.
No habría barricada que detenga su paso al galope,
viene con sus caballos blancos, libres,
generales de estrellas relucientes de victorias,
con una flor por espada y su alma de coraza,
un escudo púrpura que vestía en los campos de batalla
y una la luna sellada en el pecho emplatada.
Algunas heridas sanan en su paso vencedor
con la gloria de un beso que resuena en su garganta,
otras medallas se desprendieron de su pecho sangrante,
como vierten las rosas su mágico llanto,
como tus manos, que tejieron cicatrices a mi dolor,
como tu canto que alimentaba mi ruda melancolía
y la gloria de tu sublime voz, me arrulla en un sueño
compartido por los ángeles de una mitad, que dormía lenta.
El espíritu de los caídos en sendas luchas
descansan en paz mientras nosotros nos amamos,
elevan un cántico a nuestro paso, reina Bora
y amado rey de nuestra cordura, loco caballero,
recorramos los campos, que vuelvan a florecer,
ganemos esta guerra que nos pertenece,
guarda mi espada, colócate una flor en tus cabellos,
brotarán azucenas en tu cuello para gustarte cerca
y le siembras aromas nuevas a los claveles
que sonríen presumidos al paso de los jinetes.
Voy sujetando las riendas de tu montura, mi dama,
no temáis gentil amado, pues mi mirada ya es vuestra,
tiemblo de pasión, no de temor, de ir a tu lado,
no tembléis, mi dulce voz, que la pasión es eterna,
ha sido tu voz que me resucitó esa noche perdido, de frío
Solo fue un ángel del cielo que adivinó tu nombre
te desarmaste y cosiste un beso en mi pecho
y clavé las agujas de un sueño satisfecho.
Llevo tu lazo en la empuñadura, y el triunfo de tu mirada,
llevo tus labios sellados en los bordes de mi falda.
Me perdí en algún pliegue del talle que forma tu figura,
me deslice entre tus dedos para dejarme la piel en tu alma,
era luna de octubre y el campo en anunciadas primaveras.
Cuenta la historia que sendos amantes triunfaron,
cuentan de ellos, pero solo uno escribió su propia historia,
uno fue el amante, fundidos los dos en un cuerpo.
Víctor Ugaz Bermejo
Se desencadena el amor, sin violencia
en el abismo de la locura de un nombre.
No habría barricada que detenga su paso al galope,
viene con sus caballos blancos, libres,
generales de estrellas relucientes de victorias,
con una flor por espada y su alma de coraza,
un escudo púrpura que vestía en los campos de batalla
y una la luna sellada en el pecho emplatada.
Algunas heridas sanan en su paso vencedor
con la gloria de un beso que resuena en su garganta,
otras medallas se desprendieron de su pecho sangrante,
como vierten las rosas su mágico llanto,
como tus manos, que tejieron cicatrices a mi dolor,
como tu canto que alimentaba mi ruda melancolía
y la gloria de tu sublime voz, me arrulla en un sueño
compartido por los ángeles de una mitad, que dormía lenta.
El espíritu de los caídos en sendas luchas
descansan en paz mientras nosotros nos amamos,
elevan un cántico a nuestro paso, reina Bora
y amado rey de nuestra cordura, loco caballero,
recorramos los campos, que vuelvan a florecer,
ganemos esta guerra que nos pertenece,
guarda mi espada, colócate una flor en tus cabellos,
brotarán azucenas en tu cuello para gustarte cerca
y le siembras aromas nuevas a los claveles
que sonríen presumidos al paso de los jinetes.
Voy sujetando las riendas de tu montura, mi dama,
no temáis gentil amado, pues mi mirada ya es vuestra,
tiemblo de pasión, no de temor, de ir a tu lado,
no tembléis, mi dulce voz, que la pasión es eterna,
ha sido tu voz que me resucitó esa noche perdido, de frío
Solo fue un ángel del cielo que adivinó tu nombre
te desarmaste y cosiste un beso en mi pecho
y clavé las agujas de un sueño satisfecho.
Llevo tu lazo en la empuñadura, y el triunfo de tu mirada,
llevo tus labios sellados en los bordes de mi falda.
Me perdí en algún pliegue del talle que forma tu figura,
me deslice entre tus dedos para dejarme la piel en tu alma,
era luna de octubre y el campo en anunciadas primaveras.
Cuenta la historia que sendos amantes triunfaron,
cuentan de ellos, pero solo uno escribió su propia historia,
uno fue el amante, fundidos los dos en un cuerpo.