Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
Peregrinos eternos desandando senderos
de los pasos que no son polizontes,
que tropiezan con caracolas sin linderos.
En los arrabales de mis horizontes.
Retornamos como una enredadera
a tomarnos de las manos, sin prisas,
en esta tarde mustia de primavera.
Los colibríes olvidan el néctar por risas.
Amaneceres plagados de luz malva
las montañas se suicidan iluminadas,
como botones de nardos sin abrir al alba.
Tiempos nuevos, promesas amadas.
Esperanzas cifradas sin engaños
en las estelas que se marcan en el mar,
entre los pliegues del paso de los años.
Austeros y villanos al momento de amar.
Mensajeros etéreos de alas moradas
de vuelos rapaces sin lastre alguno,
en el argot de entendernos con las miradas.
Oh bella mujer, que en mi corazón ya somos uno.
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