Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
Hoy
Hoy te presencie,
al apoderarte de los broches de rocío,
regando los rascacielos
dorados del amanecer.
Por que querías ser la noche,
para mojarme de besos
bajados del firmamento
de tu pletórico ser.
Hoy te posaste tan placida,
relajada, ahondada en mí;
bañada de estelas, de luceros
parpadeantes en tu cuerpo
tan reluciente.
En tus mejillas
se apresaron marfiles de plata,
y todas las constelaciones
se reflejaron en tus pupilas.
¡Y como te brillaban!
tus dos auroras celestiales.
Hoy te batiste el cabello
de Vía Láctea, de leche brillosa
tu corazón esplendoroso,
y de estrellas tus manos
se te vistieron.
Hoy regaste de más noche
el amanecer,
y no dejaste que el rey
pintara a las montañas de amarillo;
y hoy te presencie
como entera mujer amándome.
Hoy te presencie,
al apoderarte de los broches de rocío,
regando los rascacielos
dorados del amanecer.
Por que querías ser la noche,
para mojarme de besos
bajados del firmamento
de tu pletórico ser.
Hoy te posaste tan placida,
relajada, ahondada en mí;
bañada de estelas, de luceros
parpadeantes en tu cuerpo
tan reluciente.
En tus mejillas
se apresaron marfiles de plata,
y todas las constelaciones
se reflejaron en tus pupilas.
¡Y como te brillaban!
tus dos auroras celestiales.
Hoy te batiste el cabello
de Vía Láctea, de leche brillosa
tu corazón esplendoroso,
y de estrellas tus manos
se te vistieron.
Hoy regaste de más noche
el amanecer,
y no dejaste que el rey
pintara a las montañas de amarillo;
y hoy te presencie
como entera mujer amándome.