Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
de pronto pensé que era posible evitar
el dolor del duelo y traspasar el dintel
del campo santo para regar de nuevo
con agua blanca las palabras
y con fe los viejos verbos
soñar que nada estaba muerto
que todo era un paréntesis
acaso un navegar los dos
en diferentes puntos suspensivos
creí que en ése divagar nacían
nuevos versos y tú los comprendías
que se borraban las palabras
que pronosticaban lluvia y despedida
que cerrábamos los ojos
y la tinta se vertía y florecía poesía sencilla
de nuevo en tu espalda como lienzo
que en un suspiro abrías las pestañas
rejas de mi alma
y me negaba a sentirme de ti libre
que el sol se ponía entre nosotros
y te miraba como siempre mi único horizonte
que el campo florecían y por ello era santo
y me tomabas de la mano
me decías que nuestra despedida
fue una pesadilla y te quedabas a mi lado
a velar la vida de los verbos
donde tú y yo hacíamos como antes la poesía.
Due 5.4.10 en una tarde de nubes sencillas como mejillas sonrojadas de ternura...
el dolor del duelo y traspasar el dintel
del campo santo para regar de nuevo
con agua blanca las palabras
y con fe los viejos verbos
soñar que nada estaba muerto
que todo era un paréntesis
acaso un navegar los dos
en diferentes puntos suspensivos
creí que en ése divagar nacían
nuevos versos y tú los comprendías
que se borraban las palabras
que pronosticaban lluvia y despedida
que cerrábamos los ojos
y la tinta se vertía y florecía poesía sencilla
de nuevo en tu espalda como lienzo
que en un suspiro abrías las pestañas
rejas de mi alma
y me negaba a sentirme de ti libre
que el sol se ponía entre nosotros
y te miraba como siempre mi único horizonte
que el campo florecían y por ello era santo
y me tomabas de la mano
me decías que nuestra despedida
fue una pesadilla y te quedabas a mi lado
a velar la vida de los verbos
donde tú y yo hacíamos como antes la poesía.
Due 5.4.10 en una tarde de nubes sencillas como mejillas sonrojadas de ternura...
Última edición: