Se apaga una luz…
Unas sirenas de ruido sentí…
Alarmas ahí en tus montañas
aparente mujer libre… Prisionera al despecho
desmorona mi especie libertaria;
mis versos y tus motivos… Esas letanías,
de no sentirte amada, cuando te adoran.
Me importa que lo sepa una muchedumbre
no haré alarde de que soy tu amante,
¿que necesidad hay de eso?,
si el corazón irrumpe el sentimiento...
Secretamente comentaré mi amor por ti
y agradeceré… Entonces sí…
Por siempre,
no de esa manera vulgar y maldita
esa envidia que despliega luces, que no brillan…
Donde intervienen perversas
voces extrañas y mentes enajenadas.
Para mi decisión quiero ver luz prendida
en tu ventana...
Ramiro Deladanza
Última edición:
::