Harapos de alma
cubren las teclas del viejo piano.
De ese que está arrinconado,
donde apenas llega de luz un rayo.
El sonido fugaz, llano, meditabundo
refleja el ocaso de un sentimiento
que en otrora fue inmenso,
ahora es solo paso de recuerdo.
Su sonido me arrasa los ojos
mientras hacemos silencio
cuando en crescendo acaricia las teclas
al vuelo de sus manos y cabello.
Llevando el ritmo de su anhelo
que se quedó diluido en un cenicero
cuando los separó...
y ella se fue tras otro concierto.
Sentimiento
que a todos golpea
mientras el sudor por su frente
corre y se libera,
ocultando lágrimas de despecho.
Nada esta escrito... aún.
cubren las teclas del viejo piano.
De ese que está arrinconado,
donde apenas llega de luz un rayo.
El sonido fugaz, llano, meditabundo
refleja el ocaso de un sentimiento
que en otrora fue inmenso,
ahora es solo paso de recuerdo.
Su sonido me arrasa los ojos
mientras hacemos silencio
cuando en crescendo acaricia las teclas
al vuelo de sus manos y cabello.
Llevando el ritmo de su anhelo
que se quedó diluido en un cenicero
cuando los separó...
y ella se fue tras otro concierto.
Sentimiento
que a todos golpea
mientras el sudor por su frente
corre y se libera,
ocultando lágrimas de despecho.
©®Todos los derechos reservados bajo el nombre de Jorge de Córdoba, Barak ben Asís, Cesarfco.cd[FONT="]∴
Nada esta escrito... aún.
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