Esteban era un chico que se atormentaba con facilidad, vivía en una de esas colonias a las afueras de las ciudades, allá por donde están los centros nocturnos pervertidos y el centro antirrábico, ahí por donde sólo van esos a los que les gusta la perdición y alguno que otro despistado que quiere probar cosas nuevas. Esteban era un huérfano que no tenía lógicamente como salir del paso él solo, su madre falleció de una pulmonía y su padre de hipotermia por que era indigente y solía dormir en las calles, así que él se había adueñado de unas tapias que poco a poco y vaya a saber como hizo habitables claro que el término aplicaba sólo para el chico, por que la gente que vivía por los alrededores se quejaban del mal olor que muchas veces emanaba de la propiedad.
Durante el verano era muy común ver a los ebrios merodeando por los ''table-dance'' y a muchachos insatisfechos, desmesurados y con ese toque de jovialidad que yo odio, y que Esteban parecía odiar también, nunca sabían donde estaba y cuando menos se esperaba se aparecía como un fantasma triste y solo, nunca apreciaban sus capacidades y eran éstas las que debían hacerlos estremecer.
Antes de que Esteban acabara del modo tan patético como acabó, su vida fue un gran laberinto que muy pocos podían entender era un hombre joven pero con muchos conflictos, como muchos que andamos por ahí, no era agraciado físicamente pero en la vida cotidiana eso no era importante, lo era sólo cuando habría de satisfacer sus instintos y sus ganas de ver por dentro a los demás.
Por la parte trasera de la vivienda, Esteban tenía su auto viejísimo y hecho de cadáveres de otros autos pero funcionaba y a él le gustaba hasta cierto punto, por que le recordaba los días idos de gente que era igualmente espectral; Observó a lo lejos a un joven bien vestido y con porte, se paró en un expendio de licores para seguir el rumbo, Esteban tomó una llave de esas que sirven para quitar los cilindros del gas, se acercó poco a poco en su vehículo pasando de largo por el expendio y cuando se encontró bajo la estatua de un león dorado, arremetió contra el vehículo lujoso del joven en cuestión, se colocó una bolsa de pan en la cabeza a la que antes le dibujó una sonrisa algo escalofriante y bajó, el joven estaba furioso pero Esteban no hizo caso de los insultos a sangre fría lo golpeó en la cabeza en el silencioso paraje de una carretera desconocida, lo arrastró y lo acostó en los asientos de atrás que eran de una camioneta antigua, no había asiento del copiloto pues solamente era una silla de madera sostenida por cuerdas de esas amarillas, le echó encima unas mantas grises y se quitó la bolsa de papel, le dio dos o tres golpes más al coche del joven y partió hacia su casa kilómetros atrás.
El matorral cubría bien el sitio, había hierbas por todos lados, se le pegaban en el pantalón deportivo que Esteban usó siempre, cuando sacó al chico del auto una sandalía se le atoró a Esteban entre la puerta y una de esas hiedras venenosas, dejó caer al chico y por lo tanto éste se desnucó, volvió a colocarse el calzado que era con bordes verdes y gruesos, las calcetas estaban percudidas pero no sucias, arrastró al cuerpo hasta la sala de su casa donde tenía muebles hechos de nieve seca, rotos y excusados como sofás, se quitó la bolsa de papel de la cabeza y abrió una lata de duraznos en almíbar que había caducado hace tiempo pero aún así se los comió...A pesar de sus defectos, lo único que Esteban tenía perfecto eran sus dientes, blancos, del mismo tamaño todos, todos en su sitio y una encía rosada con hermosas terminaciones en punta de flecha, eso era lo que se avistaba cuando usaba las bolsas de pan, antes de cometer sus crímenes, una hermosa sonrisa se asomaba por la ranura que él hacía y tenía varios estilos, tristes, enojados, sonrientes, llorando...Pero sus dientes siempre asomaban antes de matar a alguien.
Toda la ropa que traía puesta el joven muerto, Esteban la desgarró aún en el cuerpo del chico, y se veían hilachos quien sabe si de tela o de piel, o de músculos o vísceras. Luego arrojaba los cuerpos en la parte de atrás de la casa y entonces se tomaba una siesta o se disponía a escuchar un viejo radio que encontró en una construcción que nunca se terminó.
En el fondo todos los que habitaban esa zona sabían que Esteban era un asesino y que, lo mejor era no toparse con él, siempre ponían letreros hechos por ellos mismos en la entrada de la carretera, pero nadie los tomaba en cuenta, siempre había avisos hechos con láminas que decían: ''CUIDADO CON EL CARRO BLANCO'' Pero nadie hacía caso de esos avisos, hasta que desaparecían incautos y nadie nunca volvía a saber de ellos.
El día que lo agarraron fue un espectáculo para todos los que estábamos ahí, durante la noche unos scouts habían decidido acabar con el ''asesino de la bolsa de pan'' en realidad eran unos perdularios disfrazados de niños exploradores, tampoco eran tan niños, oscilaban entre los catorce y diésciseis años, se armaron con granadas, escopetas y armas poderosas que no se sabe de donde las tomaron, la casa de Esteban estaba hecha de block, ladrillo, varilla. lámina, en el techo había caballos de carrusel y columpios que simulaban un marco de la puerta, estaba hecha con impecable esmero de parte de Esteban pero realmente era grotesca, era como un castillo donde nadie salía vivo, los pasadores de las puertas y ventanas estaban oxidados, con moscas rodeando por todas partes, había piedras tapando agujeros en el techo bien apiladas en una fila, pero lo que más causaba temor, era una cabeza de vaca situada en una esquina del techo, la cabeza era artificial, como de acero o algo, pero tenía pintados muchos símbolos extraños, los perdularios, entraron sin miedo pero con todo el coraje del mundo y de todos los tiempos, Esteban estaba dormido y los individuos, lo cercaron lanzandole a la cara zapatos, objetos de todos, vasos, haciéndole despertar enojado, pero ambos sujetos se le fueron encima y sacaron a Esteban envuelto en una sábana de franela, sin bolsa de pan y con la cara desfigurada de la nariz hacia arriba...Lo único intacto que tenía eran sus labios y sus dientes.
Esteban se subió casi a garrotazos a la patrulla y los agentes estaban levantando los cuerpos descompuestos y mal olientes, Esteban no se resignó quedar en prisión así que forcejeo con el oficial y se aventó del carro dando vuelcos por ahí y por allá, llenándose de vidrios, pegándose en todos lados, quedando ensartado en el palo de un corral de vacas y con estiércol en la boca.
Así acabó el asesino de la bolsa de pan en la cabeza....
The end.