Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
La tarde, sufre, se cubre los ojos cada nocheal escuchar gemir al cielo por su luna,
media luna,
sin su luna,
por la oscuridad que queda
y le provoca en la garganta espasmos
y dolores, por la envidia y los celos
de luceros, de perversos sueños,
de besos ligeros que se cuelgan de ilaciones,
de promesas,
de verbos
y pestañas en lo oscuro de los tendederos.
La tarde una tarde fue de carne y huesos
y al caer las noches de rodillas probó sus novilunios,
sus plenilunios, de sus lunas las de miel,
de hiel,
de cera y de hielo y se apareo con la tristeza.
La tarde ahora envidia colmillos,
garras, uñas y rasgarle piel y mugre al celaje.
La tarde añora su razón y odia los crepúsculos,
extraña ser mañana, extraña ser más tarde.
Due 26/02/2013.... en una tarde en la que todo se hace tarde con eterna parsimonia.
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