yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tu boca se ha comido el día
y las sombras dibujan acuarelas de Dalí
por tus mejillas.
Tu boca se ha comido el día
y no sé de qué manera llegamos a la noche.
Tus pasos descalzos le dan vida a esta ciudad
a veces muerta
fría y estéril sin ti.
Regálame un vals,
un silencio, un comienzo a hurtadillas,
regálame un vals
que nazca de tu falda corta
hasta el final de esta noche
que empieza a despertarse
en tus manos de manzana
y en el canto de los grillos
que celebran que hoy, estás aquí.
Regálame un vals, cuatro silencios
un “te quiero” que suene a piano, a tu risa,
a estruendo y a susurro de hojas al caer.
Tu boca se ha comido el día
y te quedaron en los labios
destellos de sol en la humedad.
Regálame un instante de sorpresa,
un paso rápido de tus manos por aquí,
regálame un vals.
Mañana ya no podremos amiga,
la dicha es un instante a veces sólo presentido
a veces sólo imaginado, añorado,
y este instante es tan real
que temo desaparezca y sólo quede
el rastro de una fotografía
que mañana me lleve a soñar
con tu risa asombrada,
con las horas de este día que se consume,
con las calles otrora ya vacías y descarnadas
con la peste del recuerdo y de lo que dejamos ir.
Tu boca se ha comido el día
y brotó la noche por tus ojos
y a través de tu piel bebo los grillos.
Amiga, la noche es un incendio por ti.
A tu lado los fantasmas que deambulan
te miran congelados.
Me gusta cuando inclinas la cabeza
y aliñas con la mano derecha el pelo
sin dejar de sonreír.
Regálame un vals.
Un viejo piano te acompaña
un piano viejo y un viejo que toca el piano;
es cierto, la eternidad es hoy,
estas paredes que nos alojan por unos minutos,
el barullo de afuera,
eso es la vida y tú eres la eternidad.
Congelada en esa silla, regálame un vals.
Tu boca se ha comido el día
y también esa noche donde te descubrí,
tu boca se ha quedado muda en esa foto...
tan solo esto es la eternidad.
y las sombras dibujan acuarelas de Dalí
por tus mejillas.
Tu boca se ha comido el día
y no sé de qué manera llegamos a la noche.
Tus pasos descalzos le dan vida a esta ciudad
a veces muerta
fría y estéril sin ti.
Regálame un vals,
un silencio, un comienzo a hurtadillas,
regálame un vals
que nazca de tu falda corta
hasta el final de esta noche
que empieza a despertarse
en tus manos de manzana
y en el canto de los grillos
que celebran que hoy, estás aquí.
Regálame un vals, cuatro silencios
un “te quiero” que suene a piano, a tu risa,
a estruendo y a susurro de hojas al caer.
Tu boca se ha comido el día
y te quedaron en los labios
destellos de sol en la humedad.
Regálame un instante de sorpresa,
un paso rápido de tus manos por aquí,
regálame un vals.
Mañana ya no podremos amiga,
la dicha es un instante a veces sólo presentido
a veces sólo imaginado, añorado,
y este instante es tan real
que temo desaparezca y sólo quede
el rastro de una fotografía
que mañana me lleve a soñar
con tu risa asombrada,
con las horas de este día que se consume,
con las calles otrora ya vacías y descarnadas
con la peste del recuerdo y de lo que dejamos ir.
Tu boca se ha comido el día
y brotó la noche por tus ojos
y a través de tu piel bebo los grillos.
Amiga, la noche es un incendio por ti.
A tu lado los fantasmas que deambulan
te miran congelados.
Me gusta cuando inclinas la cabeza
y aliñas con la mano derecha el pelo
sin dejar de sonreír.
Regálame un vals.
Un viejo piano te acompaña
un piano viejo y un viejo que toca el piano;
es cierto, la eternidad es hoy,
estas paredes que nos alojan por unos minutos,
el barullo de afuera,
eso es la vida y tú eres la eternidad.
Congelada en esa silla, regálame un vals.
Tu boca se ha comido el día
y también esa noche donde te descubrí,
tu boca se ha quedado muda en esa foto...
tan solo esto es la eternidad.
Última edición por un moderador: