Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un día, sólo quedará de mí el agua de tu río.
Yo seré esencia de tu mirar,
imagen en tus ojos.
Quedará de mí un eco de palabras,
de sones, un rumor musical
que acaso te llegue en el silencio de tus noches
que se cuajan de estrellas y sueños.
Aroma de las flores,
para mí extrañas, que pueblan tu mundo.
Tal vez seré el suspiro que, sin querer,
deje escapar alguna vez tu pecho.
Una sombra en tu memoria.
El beso nunca dado que se colgó,
enamorado, de tus labios.
Y seguirá tu río, estruendoso y rápido
bárbaro en sus cataratas,
sosegado y paciente en los remansos.
Desde los juncos de la orilla,
seré brisa que te llegue y agite tus cabellos,
caricia imperceptible que anide en tu cuello.
Y tú serás río, río inmenso,
que no se detendrá, que llegará lejos,
que a penas tendrá un instante
para reflejar en sus aguas,
la soledad de mi vuelo.
Yo seré esencia de tu mirar,
imagen en tus ojos.
Quedará de mí un eco de palabras,
de sones, un rumor musical
que acaso te llegue en el silencio de tus noches
que se cuajan de estrellas y sueños.
Aroma de las flores,
para mí extrañas, que pueblan tu mundo.
Tal vez seré el suspiro que, sin querer,
deje escapar alguna vez tu pecho.
Una sombra en tu memoria.
El beso nunca dado que se colgó,
enamorado, de tus labios.
Y seguirá tu río, estruendoso y rápido
bárbaro en sus cataratas,
sosegado y paciente en los remansos.
Desde los juncos de la orilla,
seré brisa que te llegue y agite tus cabellos,
caricia imperceptible que anide en tu cuello.
Y tú serás río, río inmenso,
que no se detendrá, que llegará lejos,
que a penas tendrá un instante
para reflejar en sus aguas,
la soledad de mi vuelo.
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