Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Con tus piernas de borrón de lápiz de la mano
del niño en su cuaderno, delgaditas cual borrasca
distante en el horizonte que se acerca,
con tu mirada brillante de obsidiana,
lacerante,
frágil,
con tu cuerpo envuelto en la piel
de azúcar, clarita donde no la toca el sol
por la pena que le da llegara ella,
y tus manos que no saben lo que quieren,
con tu risa de granizo en la ventana,
con tu lengua de anzuelo
y acertijo,
con tus labios que saben que me quieres
y tampoco saben lo que quieren,
con tus besos de esquina clandestina
y tus dedos reptando por mi vientre cual gusanos,
te quiero con tus noes y tus sies y el odio que me
tienes cuando te hablo y descubres que sé de las locuras
atadas a tu cuerpo y te pido que tengas cuidado
al sembrar de fantasma tu pasado,
te quiero aunque te vayas y jamás regreses,
aunque te sientes para siempre a pescar lombrices
con el cordón de los zapatos y te caiga tanta lluvia
que se alácien tus cabellos y otra idea, otro cambio
te florezca, te quiero con mis ojos de no estar enamorado
porque sé todo de ti sin necesidad de fantasías,
sin ripios ni cursilerías, porque sé quién eres.
... En una tarde que pareciera propicia para levar anclas, para levar banderas blancas, para solicitar un armisticio, o para fingir una derrota en lo que todo pasa.
Nota 1. La palabra se queda donde uno la pone, por ello hay que ser cautos al ponerla.
Nota 3. La nota dos sigue con sus querellas, al parecer levantará ante algún poema sus banderas de huelga.
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del niño en su cuaderno, delgaditas cual borrasca
distante en el horizonte que se acerca,
con tu mirada brillante de obsidiana,
lacerante,
frágil,
con tu cuerpo envuelto en la piel
de azúcar, clarita donde no la toca el sol
por la pena que le da llegara ella,
y tus manos que no saben lo que quieren,
con tu risa de granizo en la ventana,
con tu lengua de anzuelo
y acertijo,
con tus labios que saben que me quieres
y tampoco saben lo que quieren,
con tus besos de esquina clandestina
y tus dedos reptando por mi vientre cual gusanos,
te quiero con tus noes y tus sies y el odio que me
tienes cuando te hablo y descubres que sé de las locuras
atadas a tu cuerpo y te pido que tengas cuidado
al sembrar de fantasma tu pasado,
te quiero aunque te vayas y jamás regreses,
aunque te sientes para siempre a pescar lombrices
con el cordón de los zapatos y te caiga tanta lluvia
que se alácien tus cabellos y otra idea, otro cambio
te florezca, te quiero con mis ojos de no estar enamorado
porque sé todo de ti sin necesidad de fantasías,
sin ripios ni cursilerías, porque sé quién eres.
... En una tarde que pareciera propicia para levar anclas, para levar banderas blancas, para solicitar un armisticio, o para fingir una derrota en lo que todo pasa.
Nota 1. La palabra se queda donde uno la pone, por ello hay que ser cautos al ponerla.
Nota 3. La nota dos sigue con sus querellas, al parecer levantará ante algún poema sus banderas de huelga.
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