Hector Alberto Villarruel
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Lamiéndote la piel
y susurrándote la imaginación;
mis yemas,
como muecas desvestidas,
van pintando el tul del deseo
y la pasión nos envuelve en aloe,
sintiendo
azaleas húmedas con cada quejido.
Este amor sin pudor,
incrustado
en el resplandor de nuestras almas,
es brillo medieval,
cual cristal rocío,
transparente alondra arropada de ojos cerrados.
Y nosotros:
disueltos en besos sin fronteras,
descalzos en aliento,
fundidos para siempre.
Hector Alberto Villarruel.
Lamiéndote la piel
y susurrándote la imaginación;
mis yemas,
como muecas desvestidas,
van pintando el tul del deseo
y la pasión nos envuelve en aloe,
sintiendo
azaleas húmedas con cada quejido.
Este amor sin pudor,
incrustado
en el resplandor de nuestras almas,
es brillo medieval,
cual cristal rocío,
transparente alondra arropada de ojos cerrados.
Y nosotros:
disueltos en besos sin fronteras,
descalzos en aliento,
fundidos para siempre.
Hector Alberto Villarruel.
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