lluvia de enero
Simplemente mujer
Caminó la luna sus últimos pasos hasta mi ventana y, al descubrirme insomne, con gesto compasivo posó sus dedos luminosos sobre mis labios fríos de invierno en pleno verano. Se enredó en mi pelo, acarició mi rostro, rozó mis párpados con la suavidad de un beso que inventé tuyo, y ya no hubo forma de contener las lágrimas que zigzaguearon por mis mejillas calando surcos de recuerdos hasta mojar la almohada.
La misma almohada que dejaste vacía de sueños y donde el olvido, en acto de plena rebeldía, conserva intacta la memoria.
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