dulcinista
Poeta veterano en el Portal
De todas las manías que tiene mi mujer, la que más me molesta es su fijación en hablar con los muertos; y así ocurre que ni estando yo en la tumba me deja tranquilo. Cuando abandoné el mundo de los vivos, pensé, infeliz de mí, que me vería libre de ella, pero nada más lejos de la realidad, ya que no pasa ni un solo día sin que se acerque a la lápida que cubre el nicho donde reposa mi cuerpo para gritarme: ¡Benedikt, ahora que estás muerto, vivo yo; cuando vivías, era yo la que estaba muerta!
Eladio Parreño Elías
24-Febrero-2012
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