Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Era negra, sus ojos de un intenso dorado con una muesca oscura en la pupila donde se perdían los tuyos. Su pelo brillaba, facetado ónix bañado por los rayos lunares cuando sentada en la amplia balaustrada, perseguía en el cielo luciérnagas de estrellas. Allí pasaba la noche, reposando su insomnio felino en el regazo de los luceros. Me preguntaba qué sentiría, pues a veces maullaba sin razón aparente a mi torpe entendimiento… Quizás llamara a sus recuerdos, quizás a la libertad de las nubes, quizás al gato atigrado del piso de enfrente. Siempre dejaba las ventanas abiertas pero jamás entraba antes del alba… Ella cantaba su nocturno y al son de esa nana, yo desplegaba las alas del sueño abrigada por su ronroneo. Una mañana al despertar no pude encontrarla y en su lugar sólo hallé el cascabel que llevaba al cuello. Nunca tuvo nombre.
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