Gata

Juno

Poeta que considera el portal su segunda casa

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Era negra, sus ojos de un intenso dorado con una muesca oscura en la pupila donde se perdían los tuyos. Su pelo brillaba, facetado ónix bañado por los rayos lunares cuando sentada en la amplia balaustrada, perseguía en el cielo luciérnagas de estrellas. Allí pasaba la noche, reposando su insomnio felino en el regazo de los luceros. Me preguntaba qué sentiría, pues a veces maullaba sin razón aparente a mi torpe entendimiento… Quizás llamara a sus recuerdos, quizás a la libertad de las nubes, quizás al gato atigrado del piso de enfrente. Siempre dejaba las ventanas abiertas pero jamás entraba antes del alba… Ella cantaba su nocturno y al son de esa nana, yo desplegaba las alas del sueño abrigada por su ronroneo. Una mañana al despertar no pude encontrarla y en su lugar sólo hallé el cascabel que llevaba al cuello. Nunca tuvo nombre.
 
Última edición:
Maravilloso micro mi estimada Eva, hermosa historia sobre esa gata en busca de la libertad y del amor, de esa gatita que pasa las noches ronrroneando para que un gato meloso se le acerque, y acaricie su hermoso pelaje y la invite a disfrutar de la vida en su dulce compañía. Un beso. Te dejo estrellas y un abrazo muy fuerte y cálido.
 
Última edición:
Excelente narrativa nos obsequias
para disfrutar café en mano...en día domingo

Aplausos y muchas estrellas Evita
Toda mi admiración a tus letras
 
Hermosísimo mi querida Eva. Mi aplauso y mi felicitación. Besos amiga.
 

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Era negra, sus ojos de un intenso dorado con una muesca oscura en la pupila donde se perdían los tuyos. Su pelo brillaba, facetado ónix bañado por los rayos lunares cuando sentada en la amplia balaustrada, perseguía en el cielo luciérnagas de estrellas. Allí pasaba la noche, reposando su insomnio felino en el regazo de los luceros. Me preguntaba qué sentiría, pues a veces maullaba sin razón aparente a mi torpe entendimiento… Quizás llamara a sus recuerdos, quizás a la libertad de las nubes, quizás al gato atigrado del piso de enfrente. Siempre dejaba las ventanas abiertas pero jamás entraba antes del alba… Ella cantaba su nocturno y al son de esa nana, yo desplegaba las alas del sueño abrigada por su ronroneo. Una mañana al despertar no pude encontrarla y en su lugar sólo hallé, el cascabel que llevaba al cuello. Nunca tuvo nombre.

EVITA

¡Qué interesante relato!

¿A lo mejor se fue a otro

tejado la
PANTERA?

Abrazos y besos quiteños.
 

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Era negra, sus ojos de un intenso dorado con una muesca oscura en la pupila donde se perdían los tuyos. Su pelo brillaba, facetado ónix bañado por los rayos lunares cuando sentada en la amplia balaustrada, perseguía en el cielo luciérnagas de estrellas. Allí pasaba la noche, reposando su insomnio felino en el regazo de los luceros. Me preguntaba qué sentiría, pues a veces maullaba sin razón aparente a mi torpe entendimiento… Quizás llamara a sus recuerdos, quizás a la libertad de las nubes, quizás al gato atigrado del piso de enfrente. Siempre dejaba las ventanas abiertas pero jamás entraba antes del alba… Ella cantaba su nocturno y al son de esa nana, yo desplegaba las alas del sueño abrigada por su ronroneo. Una mañana al despertar no pude encontrarla y en su lugar sólo hallé, el cascabel que llevaba al cuello. Nunca tuvo nombre.



Juno
Una hermosa historia con esta gata en el centro de la misma y un final triste
te felicito por esta entrega en narrativa, lo haces muy bien
saludos cordiales y estrellas
Ana
 

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Era negra, sus ojos de un intenso dorado con una muesca oscura en la pupila donde se perdían los tuyos. Su pelo brillaba, facetado ónix bañado por los rayos lunares cuando sentada en la amplia balaustrada, perseguía en el cielo luciérnagas de estrellas. Allí pasaba la noche, reposando su insomnio felino en el regazo de los luceros. Me preguntaba qué sentiría, pues a veces maullaba sin razón aparente a mi torpe entendimiento… Quizás llamara a sus recuerdos, quizás a la libertad de las nubes, quizás al gato atigrado del piso de enfrente. Siempre dejaba las ventanas abiertas pero jamás entraba antes del alba… Ella cantaba su nocturno y al son de esa nana, yo desplegaba las alas del sueño abrigada por su ronroneo. Una mañana al despertar no pude encontrarla y en su lugar sólo hallé, el cascabel que llevaba al cuello. Nunca tuvo nombre.


Precioso relato Eva,tal vez la gata se fue buscando su libertad y sus sueños,me encanto tu relato,te dejo besos y estrellas.
Sandra
 

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Era negra, sus ojos de un intenso dorado con una muesca oscura en la pupila donde se perdían los tuyos. Su pelo brillaba, facetado ónix bañado por los rayos lunares cuando sentada en la amplia balaustrada, perseguía en el cielo luciérnagas de estrellas. Allí pasaba la noche, reposando su insomnio felino en el regazo de los luceros. Me preguntaba qué sentiría, pues a veces maullaba sin razón aparente a mi torpe entendimiento… Quizás llamara a sus recuerdos, quizás a la libertad de las nubes, quizás al gato atigrado del piso de enfrente. Siempre dejaba las ventanas abiertas pero jamás entraba antes del alba… Ella cantaba su nocturno y al son de esa nana, yo desplegaba las alas del sueño abrigada por su ronroneo. Una mañana al despertar no pude encontrarla y en su lugar sólo hallé, el cascabel que llevaba al cuello. Nunca tuvo nombre.


Muy hermoso, Eva... perdemos la conciencia de la belleza de las cosas que realmente valen la pena. Besos. Churrete.
 
Maravilloso micro mi estimada Eva, hermosa historia sobre esa gata en busca de la libertad y del amor, de esa gatita que pasa las noches ronrroneando para que un gato meloso se le acerque, y acaricie su hermoso pelaje y la invite a disfrutar de la vida en su dulce compañía. Un beso. Te dejo estrellas y un abrazo muy fuerte y cálido.

Gracias por tu paso amigo
Un saludo
 
me ha gustado mucho, la historia me ha llegado yo la aplicaria tambien al recuerdo de gente o lugares, que se van poco a poco de tu mente y solo queda un recuerdo, precioso, saludos.
 

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Era negra, sus ojos de un intenso dorado con una muesca oscura en la pupila donde se perdían los tuyos. Su pelo brillaba, facetado ónix bañado por los rayos lunares cuando sentada en la amplia balaustrada, perseguía en el cielo luciérnagas de estrellas. Allí pasaba la noche, reposando su insomnio felino en el regazo de los luceros. Me preguntaba qué sentiría, pues a veces maullaba sin razón aparente a mi torpe entendimiento… Quizás llamara a sus recuerdos, quizás a la libertad de las nubes, quizás al gato atigrado del piso de enfrente. Siempre dejaba las ventanas abiertas pero jamás entraba antes del alba… Ella cantaba su nocturno y al son de esa nana, yo desplegaba las alas del sueño abrigada por su ronroneo. Una mañana al despertar no pude encontrarla y en su lugar sólo hallé, el cascabel que llevaba al cuello. Nunca tuvo nombre.


Precioso relato Eva. Por qué me dará que hay algo de ti en aquella gatita. Un gusto acercarme a tu casa, amiga.
Besos, abrazos y estrellas wapa poetisa.
 
Lindo homenaje a ese mito llamado «gato».
La coma antes de «el cascabel» la eliminaría.

un abrazo
j.
 
Un placer pasar por tu micro, bella historia, con poesía incluida, y una imagen preciosa, un abrazo y todas las estrellas
 

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