Dios, dios, ¿qué te ha pasado aquí?
¿Qué te halla aunada y doliente, en nombradía
de tu cepa vigorosa y de estallada melodía,
cuál origen de anhelos ciegos
en la temprana edad de lo perpetuo?
Madre mía, es suculento como un buen filete... leo todo pero me quedo aquí, repitiéndomelo, es exultante, de veras, es apoteósico, temprana edad, perpetuo... es algo totalmente subliminal, no aludes a hechos concretos, a imágenes claras, es un plato a digerir sin atragantarse, a inmiscuirse en un espacio sin puertas, ventanas ni paredes... locuaz de sensaciones, un aparatoso imaginario que debe expandir nuestra corteza cerebral para hallar santuario en él y poder dedicarle adoración, si es preciso, una vez reconocida su faz. Me pongo también yo en estela de tal cometa para intentar resucitar lo que vive ahí dentro...
Sólo añadiría una coma... ¿Qué te halla, aunada y doliente,
Aunadas las partes de ella misma, sus extremidades simbólicas y metafísicas, su espíritu, alma, sentimiento, su vorágine de cuerpos satelitales alrededor de un corazón que precisa abrazarlos a todos, aunarlos para no desperdigar las múltiples e infinitesimales partes de uno mismo, de ella misma. Doliente, tras la purga causada por el dolor del amor que se ha ido, se ha ido para él y para ella, mostrando las formas del vacío, para él y para ella. Es ahí donde se hace necesario cerrar las propias puertas y aunar las mil partes de uno mismo/a para impedir la destrucción espiritual, el autosacrificio.
La cepa vigorosa, como la rama que nos arma cada día, retorcida y delgada, angosta pero resistente, serpenteando entre los cuadrangulares pergeños de las vigas por donde alcanza a descolgarse sin morir nunca, sin resquebrajarse, nuestra columna vertebral del espíritu.
La nombradía, la fama o reputación, la asimilaría yo a la autoestima, a la propia percepción de uno mismo.
Es un completo golpe de inspiración que te ha llevado a escribir esto, debo recurrir a leerlo y releerlo y experimentar sensaciones. Me quedo agolpado en la última parte de esas cuatro líneas enigmáticas.
Entiendo el amor como el "anhelo ciego", pero "la temprana edad de lo perpetuo" pueden ser los momentos primerizos de la vida misma, elevada a eterna, o el propio amor, considerado inexpugnable, inextinguible.
Te dejo rep. Ricardo, gracias por dejar versos tan profundos, con mucha inspiración y momento poético dentro.