Lourdes C
POETISA DEL AMOR
4 - Reloj: vuelve el tiempo atrás
El día me parece largo para verte,
las manecillas del reloj están en contra,
no dan vueltas como siempre, parece
que nunca han de llegar a la otra orilla,
lo hacen a propósito para herirme.
Ya no puedo seguir de esta manera,
quisiera con mis manos, darle vuelta al reloj
para que llegue la hora de nuestra cita,
he estado tentada a hacerlo,
pero de nada serviría;
así que sigo esperando.
Trato de calmarme;
respiro profundamente,
mi estómago se aprieta, siento nauseas,
voy por un vaso de agua, tomo lentamente
cierro los ojos, los abro casi de inmediato,
miro al reloj,
pero el tiempo no ha pasado.
Esta agonía me está afectando,
tú no llegas;
y no es que no llegues,
es que no es tiempo aún,
este corazón que te ama
está impaciente,
no tiene la calma suficiente
para seguir esperando.
Le digo que se calme,
que faltan pocas horas,
pero este corazón mío
tan desesperado
no me escucha,
sigue su ritmo alterado,
las manecillas del reloj
siguen su curso lento,
entonces,
lo volteo hacia la pared.
Si el reloj no esta a mi favor,
no lo quiero ver,
así lo dejaré hasta mañana
no te verá llegar,
tendrá curiosidad por ver mi cara
al verte llegar por esa puerta,
que te abrace,
pero no quiso ir mas rápido;
así que no lo verá.
-¿Pero el reloj que culpa tiene?-
así lo hicieron,
no puede ir más de prisa,
debo esperar;
entonces lo perdono,
lo vuelvo de frente,
han pasado varias horas,
se acerca la hora de nuestra cita.
Respiro profundamente,
mi estómago brinca,
mi corazón parece detenerse
y tiemblo,
ya casi es hora de que llegues,
lo prometiste,
mi corazón te espera con ansia,
mi alma no puede más,
ya quiere verte junto a mí.
En ese momento
veo de nuevo al reloj,
ya se pasaron diez minutos,
no has llegado a nuestra cita,
no entiendo, lo prometiste,
dijiste que vendrías por mí,
yo te creí.
Mi teléfono suena en ese instante,
contesto de prisa, creo que serás tú,
pero al contestar me arrepiento,
no eres tú,
nunca más serás tú al teléfono;
ni tendremos otra cita,
tu tiempo ha llegado.
Miro al reloj
con los ojos nublados y tristes,
-tu no tuviste la culpa- le dije,
tú fuiste lento,
eso era lo normal,
pero quise que fueras rápido,
ahora quisiera que volvieras
el tiempo atrás
y el volviera a estar vivo,
en vez de muerto.
Lou C
Julio 15, 2012
El día me parece largo para verte,
las manecillas del reloj están en contra,
no dan vueltas como siempre, parece
que nunca han de llegar a la otra orilla,
lo hacen a propósito para herirme.
Ya no puedo seguir de esta manera,
quisiera con mis manos, darle vuelta al reloj
para que llegue la hora de nuestra cita,
he estado tentada a hacerlo,
pero de nada serviría;
así que sigo esperando.
Trato de calmarme;
respiro profundamente,
mi estómago se aprieta, siento nauseas,
voy por un vaso de agua, tomo lentamente
cierro los ojos, los abro casi de inmediato,
miro al reloj,
pero el tiempo no ha pasado.
Esta agonía me está afectando,
tú no llegas;
y no es que no llegues,
es que no es tiempo aún,
este corazón que te ama
está impaciente,
no tiene la calma suficiente
para seguir esperando.
Le digo que se calme,
que faltan pocas horas,
pero este corazón mío
tan desesperado
no me escucha,
sigue su ritmo alterado,
las manecillas del reloj
siguen su curso lento,
entonces,
lo volteo hacia la pared.
Si el reloj no esta a mi favor,
no lo quiero ver,
así lo dejaré hasta mañana
no te verá llegar,
tendrá curiosidad por ver mi cara
al verte llegar por esa puerta,
que te abrace,
pero no quiso ir mas rápido;
así que no lo verá.
-¿Pero el reloj que culpa tiene?-
así lo hicieron,
no puede ir más de prisa,
debo esperar;
entonces lo perdono,
lo vuelvo de frente,
han pasado varias horas,
se acerca la hora de nuestra cita.
Respiro profundamente,
mi estómago brinca,
mi corazón parece detenerse
y tiemblo,
ya casi es hora de que llegues,
lo prometiste,
mi corazón te espera con ansia,
mi alma no puede más,
ya quiere verte junto a mí.
En ese momento
veo de nuevo al reloj,
ya se pasaron diez minutos,
no has llegado a nuestra cita,
no entiendo, lo prometiste,
dijiste que vendrías por mí,
yo te creí.
Mi teléfono suena en ese instante,
contesto de prisa, creo que serás tú,
pero al contestar me arrepiento,
no eres tú,
nunca más serás tú al teléfono;
ni tendremos otra cita,
tu tiempo ha llegado.
Miro al reloj
con los ojos nublados y tristes,
-tu no tuviste la culpa- le dije,
tú fuiste lento,
eso era lo normal,
pero quise que fueras rápido,
ahora quisiera que volvieras
el tiempo atrás
y el volviera a estar vivo,
en vez de muerto.
Lou C
Julio 15, 2012
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