Raúl Rouco
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y me acerco a tu cara,
sin tocar el aire,
sin tocar el suelo
Y escucho los prados
sin mirar al cielo,
observando tu donaire.
Me miro en las arrugas de mi espejo
y veo mi pasado,
trazos borrosos de tu figura,
tus líneas imantadas, bajo mi pecho;
en la luna, la luz tardía
que me trae recuerdos.
Se borraron las huellas
que fui dejando en el camino,
al andar, al perseguir tu sombra,
al querer atrapar al olvido
No sé soñar,
ya me he perdido
en tan largo caminar,
aunque tu recuerdo permanezca conmigo.
Te quise,
me escondí en lo invisible de mi ser,
para no ser visto,
pensando en tus labios de humo,
diademas de una brisa sin sentido.
Encendí la luz,
miré al arrugado espejo
y no vi mi cara,
ni siquiera un recuerdo
ni una mirada
Todo había sido un sueño