LA ROSA Y EL CLAVEL
Churrete y Ana María Giordano
--..--
La rosa que leyera tus poemas
a muerte quedaría sentenciada
al ver que su belleza era eclipsada
por versos coronados de diademas.
Las musas reverencian con zalemas
al viento que tu espíritu ha besado.
La rosa, cuya flor se ha condenado,
apenas sin fragancia y sin aliento,
recuerda con nostalgia el firmamento
que el arte de tu pluma le ha quitado.
Y llora con sollozos sin cordura
el brillo que en sus pétalos tenía;
le pide con dolor a la poesía
que vuelva nuevamente su hermosura.
La luna consejera con ternura
le calma sus tristezas, sus desvelos,
y un hada con embrujos y consuelos
destaca las canciones que la nombran.
¡Renacen esperanzas que la asombran,
con brisas perfumadas por anhelos!
¡Oh, rosa! Tú pensabas que eras bella,
mas pronto te salió competidora:
los versos de esa dama que te ignora
relucen como cutis de doncella.
La lírica apagó tu buena estrella
y ahora, con tus pétalos marchitos
-antaño sugerentes e infinitos-
escuchas esos trinos delicados
que cantan los poemas inspirados
en ámbar de colores exquisitos.
Y llega con la noche misterioso,
el verso con melódicas sonatas;
te quiebras y le pides inmediatas
caricias al rocío silencioso.
¡Recuerdo que te invade doloroso,
de reina de las flores sin corona!
Recoge tus pesares, reflexiona,
¡no puedes competir con esas musas!
¡Llegaron y trajeron las intrusas,
poemas de la dama que emociona!
--..--
Churrete y Ana María Giordano
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La rosa que leyera tus poemas
a muerte quedaría sentenciada
al ver que su belleza era eclipsada
por versos coronados de diademas.
Las musas reverencian con zalemas
al viento que tu espíritu ha besado.
La rosa, cuya flor se ha condenado,
apenas sin fragancia y sin aliento,
recuerda con nostalgia el firmamento
que el arte de tu pluma le ha quitado.
Y llora con sollozos sin cordura
el brillo que en sus pétalos tenía;
le pide con dolor a la poesía
que vuelva nuevamente su hermosura.
La luna consejera con ternura
le calma sus tristezas, sus desvelos,
y un hada con embrujos y consuelos
destaca las canciones que la nombran.
¡Renacen esperanzas que la asombran,
con brisas perfumadas por anhelos!
¡Oh, rosa! Tú pensabas que eras bella,
mas pronto te salió competidora:
los versos de esa dama que te ignora
relucen como cutis de doncella.
La lírica apagó tu buena estrella
y ahora, con tus pétalos marchitos
-antaño sugerentes e infinitos-
escuchas esos trinos delicados
que cantan los poemas inspirados
en ámbar de colores exquisitos.
Y llega con la noche misterioso,
el verso con melódicas sonatas;
te quiebras y le pides inmediatas
caricias al rocío silencioso.
¡Recuerdo que te invade doloroso,
de reina de las flores sin corona!
Recoge tus pesares, reflexiona,
¡no puedes competir con esas musas!
¡Llegaron y trajeron las intrusas,
poemas de la dama que emociona!
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