elena morado
Poeta que considera el portal su segunda casa

Felicidades mami, un añito ya.
Hola mamá felicidades, un añito ya en esa nueva dimensión, pues anda que no tienes que estar ahí bien ni nada, porque tantas veces te he llamado, y algunas a gritos, no te creas, pero no has aparecido, ¿tú crees que se le puede hacer eso a una hija?
“Desde que te marchaste, mi vida es un tormento…." es lo que sonaba justo cuando empezaba a escribir, “Noches de bohemia”, hace tiempo que me acompaña la tristeza y la melancolía; últimamente me río muy poco, he dejado aparcadas las carcajadas.
¡Cómo te has pasado mamá!, ¡cuántas veces me dejaste plantada!, “que hoy no voy a comer, que tengo que hacer no sé qué”, y yo allí esperándote en casa con la comida en la mesa. Pero esta vez te has pasado, así casi sin avisar. Casi no nos dio a tiempo a despedirnos, reina como tú... ninguna, tipo Hollywood, sin decir adiós. Así me gusta, con glamour, que ya no queda. No, no lo heredé yo de ti, no heredé tantas cosas de ti. Te pido perdón por no parecerme a ti en muchas cosas. Pero lo siento, en otras, igual no quería parecerme.
Mami, por favor, no te enfades por eso que te digo, que no quiero ser tan sincera como para herir tus sentimientos, porque muchas veces la gente se escuda en eso, en la sinceridad para decir lo que piensa y no se dan cuenta que hacen daño. Eso no es sinceridad, es otra cosa bien distinta.
Has dejado mucho vacío desde que te fuiste porque tú llenabas muchas cosas, y tienes que estar orgullosa de eso. No te puedes ni imaginar cuánta gente te lloró, y como dice mi ídolo, bueno... uno de ellos, -ahora tengo otro que escribe como los ángeles, el príncipe pedante de las letras-, que me parece que lo he nombrado cuatro veces en el último mes, el Sr. Márquez, tenemos que llevar una vida de forma que nos vayamos con una sonrisa en la cara mientras los demás lloran a nuestro alrededor. No es así, concretamente, pero ahora no la recuerdo con exactitud.
Cuánta gente me encontré que dijo que eras especial, trabajadora, única, madre y padre, de tres huérfanos que has dejado, y me has pasado la batuta. A mí algunas veces me cuesta mucho, ¡vaya papelón me dejaste!, el papel de mi vida que tengo que interpretar algunas veces. Todo son halagos para ti, y, bueno, de tu belleza no hablamos, porque eso llevan diciéndomelo toda la vida. Y algunas veces acomplejas, mamá. Toda la vida escuchando "tu madre es más guapa que tú", y yo me alegro, que otras cosas tendré tuyas.
Una de las cosas que más me gusta y que dicen de ti es que siempre andabas a lo tuyo, a tus cosas, y en este país, en el que somos cotillas por naturaleza, el hecho de que tú no lo fueses me encantaba; y otras muchas cosas. Por supuesto, que eras muy artista y últimamente empezabas a disfrutar de la vida, a pintar, lo que te encantaba, y un montón de cosas que estabas aprendiendo a hacer, porque antes no pudiste, porque tenías que sacarnos adelante. Tus cursos y lo que te gustaba, hala... ¡se acabó!, ¡qué vida más perra tuvimos joe!, y ahora, cuando estabas bien…, y encima tendré que creer en Dios, pues no quiero, que se entere Dios, que no creo en Él.
Iba a decir algo, hablando de un señor que no ayudó a criarnos, pero no lo digo; no tiene cabida en mi vida y menos en una carta de amor para ti, sólo para ti. Sólo le voy a decir una cosita a ese “caballero”: Qué buenos mozos salimos sin ti ni tu ayuda. Siempre estaré orgullosa de mi madre, de ti nunca.
Dicen que cuando alguien se va, pasan cosas buenas, pues a mí sí me han pasado cosas, mamá, he conseguido una de las cosas que querías, estoy más cerca pero más lejos.
Tus princesitas están guapísimas (tu príncipe de 23 te echa de menos, no me lo dice pero lo sé), mi enana al principio no quería nombrarte, pero ahora cada vez lo hace más a menudo; está muy graciosa, es esa edad, ¡qué bien te lo pasarías con ella!
¡Ay mamá!, todavía no me lo creo. No asimilo que en el contacto de mi teléfono, donde pone abuela, nunca estés al otro lado cuando marco ese número. Me gustaría contarte tantas cosas, tantas veces necesito llamarte, para decir lo que sólo se puede decir a una madre y ahora no tengo a quién decírselas. Algunas veces lo reconozco, son tonterías, pero muchas tonterías juntas pueden ser tan importantes como algo verdaderamente trascendental. Y otras muchas veces debí marcar ese número y no lo hice, también te pido perdón por eso.
Y ahora como quiero dejar de llorar; me estoy imaginando tu cumpleaños, no te enfades. ¡Dios, qué mal llevabas cumplir años!, ¡qué enfados!, ¿te acuerdas cuando te llamé desde Madrid, para felicitarte? Menuda la que me liaste, y te dije: “nunca más te felicito, es la última vez”, para algunas cosas eras única, y ahora aquí estoy felicitándote otra vez, de forma bien distinta. Cómo me gustaría poder decirte, dándote un beso, "mamá, felicidades en tu sesenta y siete cumpleaños", pero no puedo.
Me pierdo, pues sí, mi cabeza surralista..., no te imaginas lo que se me viene a ella, ¡cómo me gustaría que fuera así!, Celia Cruz, Lola Flores y Rocío Jurado, cantándote el cumpleaños feliz, ¡no me negarás que eso no es la leche! Asssssssúccca...
Ojalá, ojalá sea como dicen los creyentes y estés en otra vida mejor que la que aquí tuviste.
Bueno, mami, no puedo dejar de pronunciar esa palabra, mamá, es de las bonitas que he oído en mi vida, es lo que conlleva; tengo que ir despidiéndome porque me arranco y no paro, igual en otra ocasión vuelvo a escribirte.
Me olvidaba decirte que no sé qué viste en el túnel, pero yo creo que fue lo más maravilloso que pudiste ver en tu vida, porque esa sonrisa que te llevaste jamás la vi en la cara de nadie. Te fuiste feliz, al menos; ojalá hubieras visto a tu hermano del alma y a la abuela en ese pasillo.
Bueno, te dejo hasta otro día. Este año la estrella de mi árbol serás tú, pondré una foto en lo más alto.
TE QUIERO, MAMÁ.
Antonia Mauro del Blanco
Última edición: