viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se me ocurren mil palomas de tinta
sobre estas cuerdas de guitarra
que son las líneas de mi cuaderno.
Decirte, que se incendian mis pupilas
cuando reluces desvalijada
en el quicio de esta feria.
Que el catorce de febrero
es nuestra Navidad,
porque germinamos el pulso
junto a labios encontrados
y declaraciones incondicionales.
Pero no sé tañer la primavera
engendrando orquídeas exclusivas.
El amor le queda grande a estos versos,
Y me limito a tapizar con ramas viejas
la tierra que tus huellas desmayaron.
Voy a regalarte estas palabras.
Nada pido, que no te llame.
Porque nada existe más allá de tu nombre.
Sólo mi futuro puede mirarte a los ojos
y sobrevivir a los designios de la realidad.
Aguarda en el calor de tu piel
lo que el alma distingue,
y no es capaz la mirada.
Te pertenezco tanto ...
que resido en vías de extinción,
en el casual hábitat surgido
entre tú y tu sombra.
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