Marco Antonio Morales O.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo miro en usted
a una mujer inteligente
llena de esperanza y de trabajo;
miro en usted un ser humano
sentimental, razonable y sensitiva;
miro en sus ojos
los deseos
de un universo de luz y colorido.
Yo me presento ante usted
como un ser
de carne y sangre
amigo de lo justo,
la paz y la alegría;
soy un romántico de nuevo estilo
de esos que fabrican sueños
de progreso y humanismo;
romántico en cuanto es tan difícil
mantener principios
en un mundo de aparente muerte
y de nuevo estilo en cuanto
espero frutos de la paciencia,
el trabajo y el tiempo eterno
que cobija a grandes y pequeños.
Quiero que sepa usted
que no quiero ser un macho bravucón
ni un fanfarrón frustrado;
no quiero ser al menos para usted
un guerrero de cualquier tipo
ambicioso de poder y de prestigio
y de masas que digan sí a sus arengas;
no quiero ser para usted
una moda cíclica,
una mentira que se devela,
una farsa de palabras
de qué eres, qué tienes, qué quieres.
Anhelo ser para usted
una presencia o un recuerdo
una caricia tierna o una mano tendida,
una inspiración o un acompañante.
Y le hablo de todas estas cosas
porque tengo años de presentir
que en más de alguna manera
las mujeres temen a los hombres
y yo no quiero ser, al menos para usted
un temor, una angustia
o un mal presentimiento.
Sepa que respeto en usted
a la mitad de la humanidad
alegre y adolorida;
a la raíz, a la cimiente,
a la semilla de voz,
de reflexión y de ternura.
a una mujer inteligente
llena de esperanza y de trabajo;
miro en usted un ser humano
sentimental, razonable y sensitiva;
miro en sus ojos
los deseos
de un universo de luz y colorido.
Yo me presento ante usted
como un ser
de carne y sangre
amigo de lo justo,
la paz y la alegría;
soy un romántico de nuevo estilo
de esos que fabrican sueños
de progreso y humanismo;
romántico en cuanto es tan difícil
mantener principios
en un mundo de aparente muerte
y de nuevo estilo en cuanto
espero frutos de la paciencia,
el trabajo y el tiempo eterno
que cobija a grandes y pequeños.
Quiero que sepa usted
que no quiero ser un macho bravucón
ni un fanfarrón frustrado;
no quiero ser al menos para usted
un guerrero de cualquier tipo
ambicioso de poder y de prestigio
y de masas que digan sí a sus arengas;
no quiero ser para usted
una moda cíclica,
una mentira que se devela,
una farsa de palabras
de qué eres, qué tienes, qué quieres.
Anhelo ser para usted
una presencia o un recuerdo
una caricia tierna o una mano tendida,
una inspiración o un acompañante.
Y le hablo de todas estas cosas
porque tengo años de presentir
que en más de alguna manera
las mujeres temen a los hombres
y yo no quiero ser, al menos para usted
un temor, una angustia
o un mal presentimiento.
Sepa que respeto en usted
a la mitad de la humanidad
alegre y adolorida;
a la raíz, a la cimiente,
a la semilla de voz,
de reflexión y de ternura.
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