salerin
Poeta que considera el portal su segunda casa
Despacio tu carmín cae, inclemente.
Se pintan unos labios en mi boca;
clavel que, como fuego, se desboca
mezclando dos salivas, lentamente.
Se vuelven nuestros rios un torrente
que a un mar de dos pasiones desemboca.
La brasa en dos alientos se sofoca,
se funde, en nuestras lenguas, lava ardiente.
Brillando, las pupilas, encendidas
se enturbian en deseo, derretidas.
Los parpados encierran la mirada.
El éxtasis detiene nuestras vidas,
parados los relojes no hay medidas.
El tiempo ya no importa, ya no es nada.
El alma se sumerge, zambullida
en aguas de placeres desbocados,
nadando con la muerte y con la vida.
Manuel Sal Menéndez.
Se pintan unos labios en mi boca;
clavel que, como fuego, se desboca
mezclando dos salivas, lentamente.
Se vuelven nuestros rios un torrente
que a un mar de dos pasiones desemboca.
La brasa en dos alientos se sofoca,
se funde, en nuestras lenguas, lava ardiente.
Brillando, las pupilas, encendidas
se enturbian en deseo, derretidas.
Los parpados encierran la mirada.
El éxtasis detiene nuestras vidas,
parados los relojes no hay medidas.
El tiempo ya no importa, ya no es nada.
El alma se sumerge, zambullida
en aguas de placeres desbocados,
nadando con la muerte y con la vida.
Manuel Sal Menéndez.