El destino, hace y deshace, y da la impresión que es según el humor con que se ha levantado esa mañana. A veces se me aparece la imagen de un gato irritado jugando con una madeja de lana... La lana, claro, es una alegoría de la vida de los seres humanos. La tuya, la mía, la de todos.
Mira, por ejemplo, cómo venimos a encontrarnos. Me imagino esta situación: el Señor Destino mirando que alguien tiraba la piedra y escondía la mano y diciéndose: "Veamos qué se puede hacer en situaciones como ésta". Y entonces tejió y destejió, como Penélope y, como suele suceder con ciertas gentes que manejan armas sin saber usarlas, les sale el tiro por la culata.
Y aquí estamos.
Quizás sea en este punto, cuando viene a cuento uno de los aforismos que copiaste: "El destino es un papel en blanco donde uno escribe su propia historia."
Toma tu lapicera y yo la mía. Allí está la hoja en blanco. Varias veces me has dicho que "nunca" vas a escribir como yo. Pues mira, conozco por lo menos a una docena de petulantes que no sabían poner una coma en el lugar indicado (y aún no saben), se la dan de escritores y cuando leés lo que garrapatean, no consigues comprender con sencillez lo que quieren decir, porque ni ellos lo saben. Quizás la peor de las maldiciones de este siglo que pasó, sea, precisamente el ejercicio con impunidad de la intelectualidad estéril. El decir, con palabras enrevesadas y crípticas, lo que se podría decir con absoluta sencillez. Lo que yo leo de tu persona quizás no tenga las florituras estilísticas de esos presuntuosos poetas, pero tiene sentimiento, tiene corazón abierto, tiene caricias tiernas, tiene autenticidad.
Que no escribas como yo, no le hace en la esencia. Y ten en cuenta que yo tampoco soy ni me creo un Elliot. Por otra parte, diecisiete años son muchos, querida mía y el tiempo es un factor importante y decisivo en estos menesteres, aunque sea por los días transcurridos.
Te regalé mi ejemplar de Walt Whitman, ¿recuerdas el comentario que me hiciste cuando empezaste a leer? ¿Recuerdas qué te dije qué tenías que tener en cuenta? Si hoy leemos "Hojas de Hierba", Whitman en muchos poemas resulta hasta latoso. Le importaba un pito la métrica, la metáfora, la síntesis y todas esas cosas que los subnormales de turno (como los llama Stephen King) pretenden con sus escarceos poéticos siguiendo a pie juntillas ideas preconcebidas como si se tratase del Evangelio. Y especialmente aquí, en Internet, donde abundan gracias a la impunidad que da el medio. Me imagino al Tío Walt desternillándose de risa, mirándolos parlotear como cacatúas, en compañía de Elliot, Frost, Yeats, García Lorca, Neruda... todos los grandes, que cuando escribían lo hacían así, con el corazón.
Hay un escritor a quien respeto realmente, aunque la mayoría de los palurdos crea que sólo escribe "historias de terror". Claro que esas "historias de terror" lo hicieron millonario (no te cuento cuántos, calladamente, lo envidian por eso), y en el único libro autobiográfico, generoso para con los lectores y con todos aquellos que aspiran a escribir, en el segundo prólogo escribió ésto:
"Los escritores no tenemos una idea muy clara de lo que hacemos. Cuando es bueno no solemos saber por qué y cuando es malo, "tampoco".
Y en el tercer prólogo admite, con grandeza, una verdad incontrastable: "El corrector, siempre tiene razón (...) Escribir, es humano y corregir, divino".
De modo que si te propones escribir como actitud de vida, vas por el buen camino, porque tienes lo que otros fingen: autenticidad. El resto, si te propones escribir de manera profesional, es mejor dejarlo en manos de un buen corrector, y confiar en que hará lo mejor.
De modo, Lucecita, que pongamos manos a la obra y comencemos a escribir nuestra historia. Ya aparecerá el corrector que enmiende todo aquello que nuestra humanidad nos obstaculice, para llegar a la tan mentada "perfección editorial". Empecemos a escribir hoy esa página en blanco, que no se trata de declamar tanto en un latín que no se conoce, sino de aprovechar el día.
Un beso, Lucecita
PD: Se me viene a la memoria El Quijote: "Ladran, Sancho. Señal que cabalgamos".
Y recuerda el viejo proverbio chino: "Si tratas de corregir a un necio, te odiará. Si, por el contrario, tratas de corregir a un sabio, te amará". Es un viejo dicho del siglo III a.C., de modo que ya ves, para qué sirven los proverbios chinos.