Vienes con el silencio de la noche
Solo contemplo el níveo rosal
que viene y va con su incansable danza,
luego, busco el latido de su pecho,
su olor a aurora y sal
a muérdago en otoño, a caracola
desnuda de relojes.
Contemplo entonces
las partituras del celeste oasis,
el oboe del viento
y el párpado vibrante de la tarde
adornado con lilas y violetas,
con trigales maduros
cómplices de la lluvia
que forman arcoíris.
Allí, la paz crepuscular te busca
—herido apenas por el sol de ocaso—
vienes con el silencio de la noche
y en breve son tus brazos
cobijo de mis pieles.
Ligia Calderón Romero
Manzanillo, Limón
Diciembre 26, 2014