Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
AMOR CON HUMOR, AMOR.
A esas rastas que no ristras,
a esos ojos que no ajos,
a esos brazos que me abrazan,
a ese cuerpo tan serrano...
a esas manos que me amansan
con solo poner el tacto;
me amansan como a los toros
de lidia, que no lidiados.
A esas sierras que yo cubro
con la palma de mis manos,
a esa flor con su maceta,
al jardín que hay en tu llano...
al prado que este llanero
cabalga con/sin caballo;
cabalga pero no a lomos,
sino al lado y llaneando.
A tu vestido de piel,
capaz de desvestir santos,
y a los bordes de tu ombligo
soy adicto e inclinado...
también a tus carnes blancas
y a tus pezones rosados.
Perdona si entre risitas
me he ido envalentonando;
yo soy pecador confeso,
lo sabías de antemano...
y si tengo que excusarme,
después en casa lo hablamos.
A esas rastas que no ristras,
a esos ojos que no ajos,
a esos brazos que me abrazan,
a ese cuerpo tan serrano...
a esas manos que me amansan
con solo poner el tacto;
me amansan como a los toros
de lidia, que no lidiados.
A esas sierras que yo cubro
con la palma de mis manos,
a esa flor con su maceta,
al jardín que hay en tu llano...
al prado que este llanero
cabalga con/sin caballo;
cabalga pero no a lomos,
sino al lado y llaneando.
A tu vestido de piel,
capaz de desvestir santos,
y a los bordes de tu ombligo
soy adicto e inclinado...
también a tus carnes blancas
y a tus pezones rosados.
Perdona si entre risitas
me he ido envalentonando;
yo soy pecador confeso,
lo sabías de antemano...
y si tengo que excusarme,
después en casa lo hablamos.