Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
Cielo zumo de naranja en la ciudad pegatina:
hoy vuelan estatuas sobre lágrimas,
un reloj que cumple condena
secuestra las horas y pide rescate:
cien ventanas desnudas,
cinco iglesias tristes,
cuatro mendigos sin barba.
Cielo batido de fresa en la ciudad pegatina:
el río quisiera subir al tranvía,
las nubes ser piedra,
las baldosas, playa,
los automóviles, gorriones,
la luna, jornada laboral diurna.
Cielo licor de avellana en la ciudad pegatina:
un eterno suspiro recorre las calles,
crecen besos novatos entre los trenes,
sueños húmedos juegan a ser fuentes,
cuerpos entrelazados visitan estrellas,
un sin techo se enamora de un cajero,
las farolas cuentan chistes verdes,
un murciélago borracho bebe y bebe.
Cielo café con leche en la ciudad pegatina:
niños y niñas discuten con el cole,
un autobús tímido ama a la biblioteca,
le regala frenadas, libros de poemas,
las nubes juegan al póker con el sol
y pierden, tendrán que irse a otro día,
transeúntes con prisa desayunan esquinas,
monedas inquietas cambian y cambian de idea.
Cielo refresco de cola en la ciudad pegatina:
un gato maúlla a un mcdonald’s,
la hamburguesa está dura de oído,
sueña con ser hipo,
la música sabe a kétchup,
muere un poema en una servilleta
atragantado con una patata frita.
Cielo té de canela en la ciudad pegatina:
ojos remolino se tragan la madrugada,
en el metro ha brotado un manantial de cerveza,
sobre los balcones macetas sueñan vuelos,
un gorrión da clases de yoga,
en el parque un libro huérfano
busca lector para su historia.
Cielo gazpacho en la ciudad pegatina:
flores negras se suicidan entre risas,
un cigarrillo quiere ser atleta,
una avenida sin fin termina en algún sitio,
los peces del lago hacen punto de cruz,
una bufanda a los juncos,
un jersey para la luna.
Cielo manzanilla con anís en la ciudad pegatina:
un perro travieso muerde a un poli,
al ayuntamiento se le cae un diente,
una minifalda busca tela marinera,
las aceras quieren ser hierba,
la hierba, árbol,
el árbol, río, ¡que frío!
Cielo vino tinto en la ciudad pegatina:
un cuadro del museo se fuga con una artista,
el cartero del barrio entrega una mentira,
las tabernas escoban sueños de baja estopa,
un asado de cordero pasea bajo la lluvia,
otro hospital enferma de fatiga,
el viento se lleva recuerdos que nadie reclama.
Cielo cerveza sin alcohol en la ciudad pegatina:
el televisor apagado da mejores noticias,
la lotería casi nunca se arrima,
el banco vende dinero
pero no compra música,
un semáforo ligón
le guiña el ojo a una rubia.
Cielo champán en la ciudad pegatina:
la farmacia de la esquina
se ha quedado encinta,
el instituto toma clases de ortografía,
un ascensor en pelotas
se baña en la piscina,
nacen y mueren sueños todos los días.
Cielo agua cristalina en la ciudad pegatina:
nadie quiere perderse el final del poema,
seres, enseres, edificios, máquinas,
calles, ríos, plantas…
todos quedarán dormidos
en estas páginas,
cuando alguien lea estos versos
volverán a la vida.
hoy vuelan estatuas sobre lágrimas,
un reloj que cumple condena
secuestra las horas y pide rescate:
cien ventanas desnudas,
cinco iglesias tristes,
cuatro mendigos sin barba.
Cielo batido de fresa en la ciudad pegatina:
el río quisiera subir al tranvía,
las nubes ser piedra,
las baldosas, playa,
los automóviles, gorriones,
la luna, jornada laboral diurna.
Cielo licor de avellana en la ciudad pegatina:
un eterno suspiro recorre las calles,
crecen besos novatos entre los trenes,
sueños húmedos juegan a ser fuentes,
cuerpos entrelazados visitan estrellas,
un sin techo se enamora de un cajero,
las farolas cuentan chistes verdes,
un murciélago borracho bebe y bebe.
Cielo café con leche en la ciudad pegatina:
niños y niñas discuten con el cole,
un autobús tímido ama a la biblioteca,
le regala frenadas, libros de poemas,
las nubes juegan al póker con el sol
y pierden, tendrán que irse a otro día,
transeúntes con prisa desayunan esquinas,
monedas inquietas cambian y cambian de idea.
Cielo refresco de cola en la ciudad pegatina:
un gato maúlla a un mcdonald’s,
la hamburguesa está dura de oído,
sueña con ser hipo,
la música sabe a kétchup,
muere un poema en una servilleta
atragantado con una patata frita.
Cielo té de canela en la ciudad pegatina:
ojos remolino se tragan la madrugada,
en el metro ha brotado un manantial de cerveza,
sobre los balcones macetas sueñan vuelos,
un gorrión da clases de yoga,
en el parque un libro huérfano
busca lector para su historia.
Cielo gazpacho en la ciudad pegatina:
flores negras se suicidan entre risas,
un cigarrillo quiere ser atleta,
una avenida sin fin termina en algún sitio,
los peces del lago hacen punto de cruz,
una bufanda a los juncos,
un jersey para la luna.
Cielo manzanilla con anís en la ciudad pegatina:
un perro travieso muerde a un poli,
al ayuntamiento se le cae un diente,
una minifalda busca tela marinera,
las aceras quieren ser hierba,
la hierba, árbol,
el árbol, río, ¡que frío!
Cielo vino tinto en la ciudad pegatina:
un cuadro del museo se fuga con una artista,
el cartero del barrio entrega una mentira,
las tabernas escoban sueños de baja estopa,
un asado de cordero pasea bajo la lluvia,
otro hospital enferma de fatiga,
el viento se lleva recuerdos que nadie reclama.
Cielo cerveza sin alcohol en la ciudad pegatina:
el televisor apagado da mejores noticias,
la lotería casi nunca se arrima,
el banco vende dinero
pero no compra música,
un semáforo ligón
le guiña el ojo a una rubia.
Cielo champán en la ciudad pegatina:
la farmacia de la esquina
se ha quedado encinta,
el instituto toma clases de ortografía,
un ascensor en pelotas
se baña en la piscina,
nacen y mueren sueños todos los días.
Cielo agua cristalina en la ciudad pegatina:
nadie quiere perderse el final del poema,
seres, enseres, edificios, máquinas,
calles, ríos, plantas…
todos quedarán dormidos
en estas páginas,
cuando alguien lea estos versos
volverán a la vida.