spring
Sonriendo...
Me ha asaltado la curiosidad de cómo besar en poesía,
imagine seria,
la comunión en versos
de todo lo que apresado ha estado,
estampa que airosa cabalga
cuesta arriba las serranías
buscando aromadas margaritas y azucenas.
Besar en un poema sería, no querer volver de él,
encontrarse con el otro ser
coleccionando nubes en azul y rosa,
cantar con una lira frente a la luna
mientras titila la noche y su hermosura.
Ha de ser la ambrosía del aliento,
embelesándose en la naturaleza y su espesura,
tejer la luz del sol sobre la piel del prado,
irse a nado en las bravías aguas de la mar
disuelta en sus espumas
acariciada por las brumas
¡y las olas alcanzar!
o flotar con los ojos durmientes
en la serenidad de una playa al amanecer.
Tertuliar con la memoria acariciando sus secretos,
y confesarse con el sentimiento prescrito.
Unos labios poetas
en la gestación de versos mariposas
anuncian un ¡TE AMO! de halo nacarado,
y en el vaivén del viento
se mecen en la hoja de un árbol,
¡aquel árbol!
el del ensueño donde duerme el otro,
el amado, el deseado, el que no olvidamos,
el que tenemos al lado,
al que le dedicamos un pensamiento
en el intangible firmamento,
con la mirada perdida en una melodía
imagine seria,
la comunión en versos
de todo lo que apresado ha estado,
estampa que airosa cabalga
cuesta arriba las serranías
buscando aromadas margaritas y azucenas.
Besar en un poema sería, no querer volver de él,
encontrarse con el otro ser
coleccionando nubes en azul y rosa,
cantar con una lira frente a la luna
mientras titila la noche y su hermosura.
Ha de ser la ambrosía del aliento,
embelesándose en la naturaleza y su espesura,
tejer la luz del sol sobre la piel del prado,
irse a nado en las bravías aguas de la mar
disuelta en sus espumas
acariciada por las brumas
¡y las olas alcanzar!
o flotar con los ojos durmientes
en la serenidad de una playa al amanecer.
Tertuliar con la memoria acariciando sus secretos,
y confesarse con el sentimiento prescrito.
Unos labios poetas
en la gestación de versos mariposas
anuncian un ¡TE AMO! de halo nacarado,
y en el vaivén del viento
se mecen en la hoja de un árbol,
¡aquel árbol!
el del ensueño donde duerme el otro,
el amado, el deseado, el que no olvidamos,
el que tenemos al lado,
al que le dedicamos un pensamiento
en el intangible firmamento,
con la mirada perdida en una melodía