A mi madre
Ven, pongamos en orden todo lo que me diste,
he guardado tus miedos, tus renuncias, tus penas,
y ese gran desamparo que calaba tus huesos,
tu vuelo de paloma, tus ojos de gacela.
Aún custodian tus sueños las azules llanuras
y en mi espíritu vive tu fuerza de tigresa.
Secretas rebeldías en tu serena calma
dejaron en mi vida una profunda huella.
Celebraremos juntas la bondad del desorden
que convoca a mis musas todas las primaveras
¡Por mirar los celajes,! ¡Por andar en las nubes!
quiero recuperar mi perdida inocencia.
Y ahora que ya eres brisa firmemos un acuerdo
devolvamos al orden las alas de un poema.
Última edición: