LUZYABSENTA
Poeta que no puede vivir sin el portal
En la imaginación que inspira, tener manos y aún dedos para de forma desnuda y abierta escribir,
queriendo quemar los sueños. Una alegoría para que ellos viajen entre el aire.
QUEMAR EL SUEÑO DE LOS VIENTOS
Un camino apresurado entre la noche,
dejarse deslizar por los tersos tedios,
por las estepas cóncavas de la libertad
cuando las tinieblas duermen espumas
y las alas del silencio rugen desazonadas.
Manos para vaciar el inmortal horizonte,
un murmullo oído de zureos de palomas
que en su ruido dejan gemir los arroyos
de suavidades resignadas por Mercurio.
Me siento entregado al resurgir de la noche
calma de negror en algazara, luces crujidas
que pasan suavemente, entre la oscuridad
y las transparencias desnudas de Venus.
Vibración de caminos gimientes y tristes.
Dedos para escribir el canto de mi corazón
entregado al lloro de una ingenuidad de ramas
que llueven fatigas y se mueren entre gritos
que atraviesan el canto lejano de las tórtolas.
La vida desnuda y en expectación nocturna
habla con las tinieblas melancólicas, sueños
de claridad de llantos continuos y profundos,
gemidos rociados de suspiros en vespertina,
lágrimas de ojos desnudos de pesada mañana.
Escucho, quiero oír a las plantas fatigadas.
Miro entre el vano blanco de la oscuridad
y me siento afligido en la brisa límpida, toda,
ondulada por las colinas de unas rejas de nubes.
Veo el cortejo de los aullidos del destino.
Mando ese eco a mis oídos de praderas,
estrujo la lira de los infortunios, y cruel
aúllo al destino, desprendiendo despedidas.
Quiero quemar el sueño de estos vientos,
ahogarlo en la escarcha de los parpados
y ansioso descuartizarlo entre las arenas
para que los Ángeles lo lleven en manto.
Pero tú,
puerta,
aliento,
clima,
eres ángel.
* * * * * * *
luzyabsenta
queriendo quemar los sueños. Una alegoría para que ellos viajen entre el aire.
QUEMAR EL SUEÑO DE LOS VIENTOS
Un camino apresurado entre la noche,
dejarse deslizar por los tersos tedios,
por las estepas cóncavas de la libertad
cuando las tinieblas duermen espumas
y las alas del silencio rugen desazonadas.
Manos para vaciar el inmortal horizonte,
un murmullo oído de zureos de palomas
que en su ruido dejan gemir los arroyos
de suavidades resignadas por Mercurio.
Me siento entregado al resurgir de la noche
calma de negror en algazara, luces crujidas
que pasan suavemente, entre la oscuridad
y las transparencias desnudas de Venus.
Vibración de caminos gimientes y tristes.
Dedos para escribir el canto de mi corazón
entregado al lloro de una ingenuidad de ramas
que llueven fatigas y se mueren entre gritos
que atraviesan el canto lejano de las tórtolas.
La vida desnuda y en expectación nocturna
habla con las tinieblas melancólicas, sueños
de claridad de llantos continuos y profundos,
gemidos rociados de suspiros en vespertina,
lágrimas de ojos desnudos de pesada mañana.
Escucho, quiero oír a las plantas fatigadas.
Miro entre el vano blanco de la oscuridad
y me siento afligido en la brisa límpida, toda,
ondulada por las colinas de unas rejas de nubes.
Veo el cortejo de los aullidos del destino.
Mando ese eco a mis oídos de praderas,
estrujo la lira de los infortunios, y cruel
aúllo al destino, desprendiendo despedidas.
Quiero quemar el sueño de estos vientos,
ahogarlo en la escarcha de los parpados
y ansioso descuartizarlo entre las arenas
para que los Ángeles lo lleven en manto.
Pero tú,
puerta,
aliento,
clima,
eres ángel.
* * * * * * *
luzyabsenta
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