Eratalia
Con rimas y a lo loco
La escritura del pergamino se había vuelto ininteligible con el paso de los años y nadie era capaz de descifrar su mensaje.
Un día alguien inventó una máquina del tiempo que poco después se convirtió en un electrodoméstico común. Adquirí la mía, saqué el pergamino de la vitrina y la puse en marcha: año 1350, la fecha aproximada en la que lo habían datado.
En segundos la hoja recobró su prístina apariencia y el mensaje apareció nítido ante mis ojos:
Año 3059.
Soy escritor.
He querido experimentar la escritura sobre papel, como los antiguos amanuenses, pero mi máquina del tiempo se ha averiado.
Estoy atrapado en el pasado.
Sólo me compensa el placer de escuchar cómo la pluma rasguea sobre este soporte no electrónico y es mi mano la que traza los signos caligráficos que aprendí durante años.
Creo que aquí seré feliz.